“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad”.
Jhon Donne
El 15 de julio de 1867, Juárez restauró la República. Durante cuatro años vivió acosado por sombras, sobresaltos y casi todo en contra; aun así, logró devolver la grandeza de la patria a sus hijos e hijas: a su pueblo. México y su legítimo gobierno volvían a su centro.
“El Gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en Ciudad de México, de la que salió hace cuatro años”. Publicó Juárez, aquel mismo 15 de julio, en un mensaje dirigido a los mexicanos. Dos días después, ya establecido nuevamente en Palacio Nacional, publicó un manifiesto. El archiduque había sido fusilado y la locura de su esposa, la emperatriz Carlota, empezaría a trazar su trayecto de periplo imperfecto.
Reforma
Es curioso, pero una de las vialidades más insignes de la Ciudad de México data de aquella época. Maximiliano decidió vivir en el Castillo de Chapultepec; para la movilidad de aquel tiempo, se encontraba distanciado del núcleo político y religioso del país (el Zócalo) por lo que mandó edificar Paseo de la Reforma. Una vialidad que conectara al Castillo con el Palacio. A esa vía, en primera instancia, se le llamó Paseo de la Emperatriz: era su Taj Mahal.
La República en la Catedral
Bien, ese manifiesto juarista empieza diciendo:
“Caiga el pueblo mexicano de rodillas ante Dios, que se ha dignado coronar nuestras armas con triunfo. Gracias a su divina voluntad, nos ha sido concedido recuperar el tesoro inestimable de nuestra independencia. Ha afligido al extranjero que nos oprimía y ultrajaba, lleno de soberbia. Ha afirmado en su santo lugar a éste, su pueblo”.
En aquel entonces, pasando el meridiano del siglo XIX, era la guerra. Ahora, en nuestro primer cuarto del siglo XXI, gozamos de una paz tensa. Al parecer, el intervencionismo no pasa de moda. México tampoco.
En la Catedral de la Ciudad de México se esculpe un águila republicana. Las monarquías, como la de Inglaterra, sobreviven gracias a la teocracia. Ellos tienen a su realeza; nosotros seguimos teniendo esa águila en la Catedral que se yergue sobre aquello que una vez fue Tenochtitlan.
Lo más sensible: la vida
Desde junio del año pasado, cuando entró el presidente Trump a su segundo mandato, lo advertimos, no porque hiciéramos ejercicios premonitorios, sino porque los primados negativos de la propaganda yankee, vía Hollywood, siempre lo advierten.
En aquel momento, de forma escueta, reseñábamos Capitán América: Un nuevo mundo (2025), y decíamos que parecía “develar parte de la agenda política de la presidencia de Donald Trump. Curiosamente, las primeras escenas se desarrollan en México, lo cual coincide con la declaratoria de ‘terroristas’ a los grupos criminales de nuestra República”.
El mundo en blanco y negro. Buenos contra malos. El guion ya estaba escrito, sólo que la intervención no fue en Oaxaca —como cuenta la película—, sino en Sinaloa. Recientemente, se ha hecho público también el fallecimientode casi dos decenas de connacionales a manos del ICE. Y como dijera nuestro bardo inglés predilecto: “Ninguna persona es una isla”, “Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo”.
Ante estos hechos que han derivado en la muerte de 17 compatriotas, el gobierno mexicano impulsará denuncias ante las fiscalías locales en los Estados Unidos; es decir, buscará vías adicionales a la diplomática.
Canek
El Capitán América lo advirtió. Hablando de capitanes, el 14 de julio de 1971 recordamos a un escritor imprescindible en nuestro país: Ermilo Abreu Gómez, autor de Canek. Historia y leyenda de un héroe maya .
“—Es inútil, capitán —añadió Canek—, le va a faltar cordel para atar las manos de todo el pueblo. Canek sonrió. La sangre escurría de sus manos como una llama dócil.”
Canek fue publicada en 1940, pero nos cuenta de una rebelión durante el virreinato en 1761. En fin, hoy, esta paz tensa la aprovechan, como en su momento la aprovecharon los conservadores, para beneficiar a sus intereses. Son como “Los cangrejos” de los que escribió satíricamente Guillermo Prieto, en plena Reforma:
“Cangrejos, al combate,
Cangrejos, a compás;
Un paso pa’ delante,
Doscientos para atrás”.
El mundo se encuentra en un momento liminal. Michoacán, por ejemplo, en este momento es un estado binacional: la mitad de su población reside en la Unión Americana. Nuestra relación con Estados Unidos es ineludible, no por ello queda en prenda la soberanía nacional.
Vasconcelos vs Toledano
Decía Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: si le quitamos el presupuesto a la cultura, ¿para qué jodidamente peleamos? Los Siete Sabios. No se podía quedar fuera Toledano. Es justicia nacional. Nació un día como hoy, pero de 1894.
De ascendencia italiana, pero más mexicano que Quiñones por el hecho de que nació aquí. Aunque, ya saben, como dijera Chavela Vargas respecto al tema. Toledano es padre del sindicalismo mexicano y de la unión obrera, hijo del Ateneo. Por contraste, otro de esos siete sabios fue Gómez Morín, fundador del Banco de México. Toda una generación.
Aunque el Ateneo lo fundó Caso, la historia se esfuerza en subrayar a Vasconcelos. El primero derrumbó el positivismo porfirista. El segundo llevó esas ideas a la acción. De cierta forma, se distanciaron por Toledano.
Coincide más de uno en que Lombardo Toledano fue el alumno predilecto de Antonio Caso. La historia anterior ya la hemos contado. La primera reforma educativa después de la Constitución de 1917 la realizó Vasconcelos. La segunda, la de la educación socialista, cargaba el espíritu de Toledano y fue sostenida por el exsecretario Narciso Bassols.
En fin, todo por el diálogo. Aquel 15 de julio de 1867, el presidente Juárez proclamó esta sentencia, a veces atribuible a Kant: “Que el pueblo y el Gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Y esa, la paz, sigue siendo nuestra pelea. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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