El Gobierno de México ha abierto un diálogo sobre el uso y abuso de las redes sociales, así como sobre los alcances e impactos de la Inteligencia Artificial (IA). La tribuna pública que, desde la administración pasada, se ha impulsado a través de la conferencia mañanera se está usando para este propósito.
El pasado 3 de agosto fue el tercer lunes consecutivo en que se abordó este tema, encomendado a la Secretaría de Educación Pública (SEP) por la presidenta Sheinbaum Pardo; de este modo, funcionarios y académicos exponen distintas perspectivas.
“Las plataformas, si bien permiten comunicarnos, aprender, compartir información y mantenernos conectados, también incorporan mecanismos para atraer nuestra atención y prolongar el tiempo que permanecemos en ellas, [para propiciar] el ‘scroll infinito’”, dijo el pasado lunes Mario Delgado Carrillo, encargado de las políticas educativas del país.
Este diálogo llega de manera más que oportuna. En el mundo se empieza a regular el uso de estas plataformas debido a un abuso que está generando problemas de salud pública entre niñas, niños y adolescentes (NNA). A nivel internacional, dos han sido las medidas comunes: 1) permitir el uso del celular a partir de los 6 años de edad y 2) permitir crear un perfil en alguna de estas cuentas hasta los 16 años cumplidos.
Sobre la primera medida, conviene recordar el trabajo del Premio Nobel de Economía James Heckman, quien ha demostrado —a través de la educación inicial— que los primeros cinco años de vida son decisivos para el desarrollo integral de cualquier persona. Lo que se recibe en esa etapa marca de manera profunda el rumbo posterior y acompaña nuestro andar a lo largo de la vida.
Ahora bien, durante la conferencia mañanera del pasado lunes fueron invitados dos expertos en el tema: Arturo Béjar y Jonathan Haidt; el primero, ingeniero mexicano y exdirectivo de Facebook, experto en seguridad digital, y el segundo, psicólogo social, autor de La generación ansiosa.
Ambos, coinciden en algo fundamental: los algoritmos no son neutrales; más aún, deliberadamente buscan la adicción de sus usuarios, pues hay una ecuación muy sencilla: a mayor atención, más rentabilidad de la plataforma. Nuestra atención al interior de estas plataformas se traduce en ganancias para ellos.
El canto digital de las sirenas
En la Odisea —no hace falta recordar que recientemente se estrenó una versión audiovisual dirigida por Christopher Nolan— se plantea el peligro seductor del canto de las sirenas; su canto nos hechiza a partir de nuestras más profundas aspiraciones y deseos. Algo muy similar sucede con las redes sociales.
En las redes sociales, el “canto” son las notificaciones, los algoritmos y los contenidos diseñados para captar la atención: ofrecen la ilusión de conexión, información infinita y gratificación inmediata, pero muchas veces terminan atrapando al usuario en un ciclo de consumo que lo aleja de sus objetivos reales.
A lo anterior, Arturo Béjar lo denominó “el bombardeo del algoritmo”: una sugerencia tras otra basada en la observación quirúrgica y en tiempo real de nuestro comportamiento en pantalla, a través del uso de IA: un reel tras otro, meme tras meme, ad infinitum.
Lo anterior no constituye una novedad en sí mismo; sin embargo, debe reconocerse como un impulso más depurado y sofisticado por parte de las grandes compañías de comunicación. Para ejemplificarlo, basta recordar un episodio de Los Simpson.
De Homero a Homero
“Es la televisión, un programa bueno tras otro y cada vez más fresco y más brillante que el otro; si cometieran un solo error, que nos dieran treinta minutos para nosotros, pero no lo hacen: ¡no me dejan vivir!”, se queja amargamente Homero Simpson en un diálogo lleno de ironía y sarcasmo.
El capítulo referido es de finales del siglo pasado. Las principales redes sociales se “democratizaron” entre 2006 y 2012; TikTok llegó a tambor batiente en 2018. Desde entonces ha pasado el suficiente tiempo como para detectar las consecuencias adversas de estas nuevas herramientas. Entre ellas, la creciente pérdida de atención de NNA.
Si a esta pérdida de atención añadimos el creciente uso de la IA en las trayectorias académicas —con la que delegamos y, en cierto modo, hipotecamos nuestra capacidad cognitiva y la formación de un criterio propio—, quedamos suspendidos en un vacío creado deliberadamente para disminuir a la sociedad: “nerfear”, como dicen hoy las juventudes que habitan la atmósfera de los videojuegos.
Bien, cada lunes, desde Palacio Nacional, por instrucciones presidenciales, la SEP abonará a este diálogo necesario. Los tiempos lo requieren. En su momento se tendrá que legislar; debemos estar atentos.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas