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Roberto Rodríguez: ausencia y recuerdos

A 24 años de navegar, Campus despide a uno de sus tripulantes más destacados: Roberto, académico, investigador, editor y columnista cuya voz se convirtió en referente para comprender la educación superior mexicana. Durante más de dos décadas compartió esta página con análisis sobre las universidades y las políticas educativas. Su amplia trayectoria en la UNAM, la Anuies y otras instituciones deja un legado de conocimiento, reflexión y amistad entre colegas
En las páginas de Campus, Rodríguez frecuentemente tocaba temas a los que otros investigadores no concedían atención.

Justo al cumplir 24 años de navegar, la nave de Campus pierde al más conspicuo de sus tripulantes. “Una voz indispensable para comprender la educación superior mexicana”, como lo definió Salvador Medina; o, en su faceta pedagógica, “un personaje que siempre hablaba con certeza, con conocimiento de causa y con paciencia para explicar cada detalle”, como lo describe Carlos Reyes.

Su fallecimiento avivó la memoria para recordar cuándo lo conocí. Era 1995, en las recién estrenadas oficinas de la Anuies. Allí, un atildado y casi elegante joven (frisaba los treinta) hablaba en nombre del Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU/UNAM) para coeditar un libro (La Universidad, hoy y mañana: perspectivas latinoamericanas, una obra colectiva coordinada por Juan Eduardo Esquivel) en el cual se contenían cuatro ensayos. Uno de ellos del propio Roberto, titulado: ¿A dónde va la Universidad Latinoamericana?”. Allí analizaba los desafíos estructurales y la crisis del modelo tradicional de educación superior frente a la globalización y las políticas de modernización en la región. Para entonces, en esa obra, ya alternaba con “gente grande”, entre otros: Carlos Muñoz Izquierdo y Abelardo Villegas. La coedición llegó a buen término y, con ello, dio inicio una fructífera relación de colegas, transformada con el tiempo en amistad.

Como director de la Revista de la Educación Superior (Anuies), recibí y se publicaron algunos artículos de Roberto. Luego, cuando él ocupó el mismo cargo (2002-2013), la situación se invirtió. En ese lapso, ambos nos integramos al equipo que redactó dos propuestas de la Anuies, en sendos sexenios, para el Programa Sectorial de Educación (Consolidación y avance de la educación superior en México. Elementos de diagnóstico y propuestas, en 2006; e Inclusión con responsabilidad social. Elementos de diagnóstico y propuestas para una nueva generación de políticas de educación superior, en 2012). Esto supuso un trabajo de varias semanas y alrededor de dos docenas de reuniones, tiempo suficiente para conocerse bien. Después vino el gran libro: La SEP en el desarrollo de la Educación Superior (410 pp., FCE), en que, con la calidad de coordinadores y autores al alimón, tuvimos que “corretear” a una docena de autores, algunos dificilitos, para poder terminar en tiempo. En fin, el oficio de editor que Roberto practicó de manera permanente.

Compartimos como vecinos la página cuatro de Campus por un poco más de dos décadas. Allí, y no obstante su habito “procrastinador” (‘denunciado’ por Marión Lloyd), nunca falló a la cita de cada semana, más de mil en total. Sus textos, seguidos por especialistas y profanos, siempre al día, inquiriendo con frecuencia por aquellos asuntos a los que otros autores concedían poca atención. Díganlo o no sus últimos artículos: una serie de tres sobre “el Sistema de Educación Superior de las Fuerzas Armadas”; otra, de dos textos sobre la Universidad Nicolaíta y el proceso de transformación y próxima designación de rector en dicha institución.

Roberto fue un académico en el más amplio sentido del término. Generó conocimiento a través de sus actividades de investigación, difundiéndolo además en la labor docente. Pero, la torre de marfil nunca fue un aposento para el desarrollo de sus trabajos. Alternó todo esto con labores de dirección y asesoría. En las primeras destacan las posiciones ejecutivas en las direcciones de Evaluación Institucional y Desarrollo Institucional de la UNAM. Entre las segundas actividades, fue asesor en la SEP, en la actual Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (antiguo Conacyt) y la Anuies.

Además, desde seis años atrás dirigía el Programa Universitario de Estudios de Educación Superior en la UNAM (Puees), un grupo de investigadores provenientes de varias dependencias de la UNAM que funciona como seminario y/o think tank en los asuntos que atañen al Sistema Educativo Nacional y, en especial, al Subsistema de Educación Superior. Todavía, a partir del 27 de julio pasado, formó parte de la Comisión Técnica que abordó el conflicto suscitado por el examen de ingreso a licenciatura en la UNAM, y que ofreció como principal recomendación aplicar el llamado “examen de control”.

Como lo reconocen y lamentan los amigos y colegas, Roberto deja un vacío inmenso. Pero, al mismo tiempo, Marion Lloyd destaca: Sin duda, el legado de Roberto perdurará a través de sus cientos de columnas, artículos, capítulos y libros, muchos de ellos referentes en el campo de la Educación Superior.

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