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In memoriam Roberto Rodríguez Gómez · columnista de Campus desde su fundación
1 de septiembre de 2026
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Cuando llegué, las cosas ya estaban así

El 12 de agosto de 1981, el cursor de la primera computadora personal de IBM comenzó a parpadear sobre un mundo que todavía vivía entre el neón, los casetes, la Guerra Fría y la literatura. Cuatro décadas después, aquel destello se convirtió en la vida digital que habitamos: una historia de avances, desigualdades, distracciones, inteligencia artificial y nuevas formas de relacionarnos con el conocimiento. Entre recuerdos personales y referencias culturales, esta reflexión recorre el camino de la humanidad hacia la era del bit
1981 fue escenario de momentos históricos en todos los rubros.

Nos acercábamos al profético 1984 de Orwell. Era miércoles. Las luces de las marquesinas y el neón de los cines se integraban al paisaje urbano; sobre la boca de la noche parpadeaba verde el cursor de la primera computadora personal que IBM llevaría al gran público. Era 12 de agosto de 1981. 

Era posible fumar cigarrillos en cualquier espacio público cerrado. Desde hacía décadas, la ciudad extendía su rugido, como si Rudra aún continuara dando luz a la creación. Star Wars había sido un éxito en los cines y Blade Runner estaba en camino. MTV acababa de nacer; el rock nacional y anglosajón campeaba en la jauja.

El cursor seguía titilando como lucero, como si aguardara el promisorio crisol de una constelación madura;  Ronald Reagan y Leonid Brézhnev eran la faz visible de la “Guerra Fría”. Los telediarios se habían hecho tan habituales como calentar comida congelada en el horno de microondas. La posmodernidad abría sus puertas.

Borges decía que, de todos los inventos creados por el hombre, el libro era el mejor, pues resguarda la memoria. Lamentablemente o afortunadamente, eso nunca se sabe, Borges no alcanzó a experimentar el despliegue informático que emergió aquel miércoles de agosto.

El “boom latinoamericano” había llegado a su clímax y la literatura reclamaba nuevas voces. En México, Octavio Paz lideraba a la intelectualidad de la patria y, solo unos días después de aquel 12 de agosto, el presidente López Portillo, ante la inminente crisis económica, diría que iba a defender al peso como un perro.   

Algunas de las características de la modernidad no cambiaban, se exacerbaban. José Emilio Pacheco editó ese año “Las batallas en el desierto”; él afirmaba, no en esa obra, sino en sus estudios sobre el modernismo, que uno de los signos visibles de la modernidad era el bolillo; se había pasado de la hogaza de pan para compartir a la pieza individual del bolillo.

En la música, con la posmodernidad pasó lo mismo: el Walkman aparentaba la liberación del individuo, el casete desplazaba a los vinilos; la música se hacía portátil.  El cursor seguía parpadeando sobre la noche de neón a la espera de la inspiración tremebunda del código. 

Desde hace siglos, los azares de la humanidad han sido más relevantes que cualquier movimiento estelar. El miércoles de aquel agosto, los movimientos y los azares empezaron su camino rumbo al cómputo; la memoria colectiva hizo su travesía hacia el bit.

Aquella noche es como si fuera esta noche. Mis padres se acababan de conocer. La ciudad refulgía. Decir que ahora todos tenemos una computadora en casa aún sería presentar indiferencia ante la desigualdad que nos alcanza como decil que se apuntala con un dígito.

Afuera, las sirenas cantan. Reporteros y policías no duermen. El crimen se cuelga del silencio y de la noche. El cursor titila esperando la buena nueva, parpadea en ninguna parte. “Es un ir hacia el ir”. Parpadea como la vida, como si fuera la muerte o el destino que siempre llega a sí mismo. Oportunidad cuántica. Edificio con espectáculo de luz.

Desde entonces, como dijera Neruda, ya no somos los mismos. Las sociedades digitales dependen de un “like”. La IA parece haber puesto en crisis a las universidades, como las redes sociales a la atención de las infancias para acceder a los aprendizajes.

Nuevamente se tocó el tema en la conferencia mañanera de la presidenta. Una notificación puede distraer la concentración de un alumno hasta por 20 minutos y, en promedio, recibe una notificación cada 4 minutos. En el aula, el profesor, la maestra, es como si viviera en búsqueda de la atención perdida.

No todo ha sido decadencia; ha habido beneficios en todos los ámbitos, de la agricultura a la gobernanza, de la creación del conocimiento al acceso a la información; como demostró el experimento de Sugata Mitra, se ha facilitado la formación autodidacta. Como siempre, no son las herramientas, sino lo que hacemos con ellas.

El espionaje y la guerra también se han servido de ese desarrollo tecnológico, como el dron ruso que atacó al vendedor de frutas en Jersón, Ucrania. Un safari humano que deja el cursor en la boca de la noche que tiembla.  

Colofón
El 13 de agosto es una fecha mítica para mi hermano, que tuvo a bien nacer ese día, aunque a su alrededor todo fuera  un caos; siempre me decía: “Cuando llegué, las cosas ya estaban así”. A veces yo entendía  o pensaba que entendía para justificar; en fin, imaginaba, veía o admiraba ese caos y consideraba sin ningún remedio 1521; podría decir que empezaba a transfigurar los días en tótem, la última frontera: el día de la última resistencia de Cuauhtémoc en México-Tenochtitlán; me preguntaba: ¿no son los hombres y las ciudades quienes hacen míticas las fechas? Más que presumir, se lucen; aun sucumbiendo, son adorables, son el cursor que emerge cuando deja de no estar para dar testimonio y hacerse relato vivo de la habitación en la que se encarna nuestra presencia, fiesta de fuego nuevo y vivo; realmente es cierto, pondero el tiempo y los nombres, de inmediato aparece Troya; Ítaca como ejemplo, aún hoy día en el cine está un canto de Homero, ¿qué le diría Héctor después de muerto a Alejandro que este obtuvo la gloria de eliminar al mítico Aquiles? Demasiadas son las esferas para que no sea todo gozo; con un paso atraviesas el tiempo, considéralo, de verdad: todo es igual, pero nada es lo mismo; en fin, el cursor salta como  cuando entrena Goku.

Héctor Martínez Rojas
Periodista especializado en educación superior | Web |  + posts
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