Conmemoramos el aniversario luctuoso de tres protagonistas de las tres transformaciones de la vida pública de México
Las personas, los pueblos y las naciones se reinventan. En torno a esta entrega conmemoramos el aniversario luctuoso de tres primeros actores de las tres transformaciones de la vida pública de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución.
En el orden de su aniversario, podemos apuntar que el 17 de julio de 1928 murió asesinado en un restaurante en la Ciudad de México, el expresidente Álvaro Obregón, bragado caudillo revolucionario; el único que pudo derrotar a Francisco Villa.
Un día como hoy, pero de 1872 murió el oaxaqueño zapoteco, Benito Juárez García; gestor de la Reforma, expresidente itinerante que, defendió al país de la invasión francesa y separó a la Iglesia del Estado.
El 19 de julio, pero de 1824, murió fusilado el primer emperador de México, Agustín de Iturbide, quien cuando parecía que la causa independentista estaba perdida, desde el bando contrario, desde la trinchera de los realistas, le dio soberanía a nuestra nación.
Primera emancipación
Ahora, en el orden cronológico de las trasformaciones de la nación. Hemos escrito sobre Iturbide en
“La envidia de mi buena suerte”: los Tratados de Córdoba. Para nosotros Iturbide es el ajedrecista de la Independencia.
Recordamos como el insurgente Vicente Guerrero, estaba aislado, él lideraba el último reducto del movimiento; frente a una resistencia realista (el lado de Iturbide) que había matado, encarcelado o cooptado bajo indultos a los principales patriotas, a los gestores de la lucha armada.
Mientras los realistas no sólo ganaban, sino avasallaban; los insurgentes perdonaban vidas. Gestos como estos, vislumbraban dónde había corazón libertario y donde sangre, odio e intereses.
En el mítico “abrazo de Acatempan”, Iturbide decide darle una vuelta de turca a la Historia, y de ser un exitoso general realista; forma el ejército trigarante que une a los Montesco con los Capuleto.
Alinea a los realistas al furor mancillado de los insurgentes. Iturbide es puntual: “¡Americanos! bajo cuyo nombre comprendo no sólo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen”.
El logro concretado por el realista rubio y rollizo, a grandes rasgos, es el siguiente: herdó en gloria y pagó como factura, como costo: la religión única, a (D)iós cosmovisión mesoamericana, Tolteca.
Alto al clero
Tenía que emerger de los abusos un indio, superar las bejaciones y el clasismo para impulsar, la nación secular que hoy podemos ser.
“Leer, escribir y aprender de memoria el Catecismo del Padre Ripalda era lo que entonces formaba el ramo de instrucción primaria”, decía Juárez, instrucción, por cierto, a la cual para acceder a ella tuvo que escapar de su casa, bajo el pre-texto de perseguir un cordero que se le había escapado.
Cuando Benito Juárez llegó a ser gobernador de su estado, el conservadurismo -como acostumbra mencionar el presidente Andrés Manuel López Obrador- había clausurado el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, el gobernador Juárez, lo reinstaló y en la sesión de apertura, dijo:
“La instrucción pública es el fundamento de la felicidad social, el principio en que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”, por esa bendita y benemérita razón se abrió nuevamente el Instituto antecedente de la UABJO.
México se encuentra a sí mismo
Después hubo una Revolución y ¿qué creen? Su máximo caudillo, el que perdió un brazo en el campo de batalla, apostó por la educación. Fue el primer general que, desde la Presidencia, dedicó más presupuesto, más dinero público a la educación que a las armas; aquellas que Zaragoza dijo que se habían vestido de gloria un cinco de mayo en Puebla.
Con el apoyo del presidente Obregón, bajo el paraguas del trabajo de Vasconcelos, México, se reinventaba una vez más.
“Fruto maduro de la Revolución”: desde la creación de la cultura y la búsqueda de la identidad; se impulsó la educación nacional hasta forjar lo auténtico. Ese fue el saldo de la mancuerna que hicieron Vasconcelos y Obregón.
Esa fue la semilla de esperanza que se sembró en un campo de guerra, de ahí nació nuestra historia inmediata que aún refulge, no sólo Vasconcelos; Caso, Reyes, Torri: Usigli… padres de Paz. Bodet y los Libros de Texto Gratuitos.
“Empecé con el padrenuestro y terminé con el padrenuestro”, decía a la prensa el Vasconcelos anciano, frustrado porque la Revolución aún no había llegado al sistema electoral, pero desde donde pudo, iluminó a jóvenes como Octavio Paz; desde antes, en el “Ateneo” sus comparsas, mancebos luminosos que supieron derribar las estructuras de los Díaz del positivismo importado a ciegas.
La Educación Pública, pues, es la joya de la corona, el talismán del Tlatoani, la meta del estadista, “el centro de la transformación”, como dice la presidenta electa, la Dra. Claudia Sheinbaum.
Este es el esbozo, del sueño del México libertario, un México auténtico, nunca absoluto y siempre, al tiempo, dispuesto, abierto.
Colofón
En el Patio del trabajo de la SEP, están representadas en oro, las cuatro culturas que han influido en México, los cuarto rumbos como los de su X meridiana. Ahí está Quetzalcóatl, quién en épocas mesoamericanas era la representación divina tutelar, su principal centro ceremonial estaba en Cholula, Puebla; era lo que es hoy el Tepeyac con nuestra Virgen Morena.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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