SEP, fruto de la Revolución madura

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA | + posts

La Revolución Mexicana trajo consigo cambios ineludibles para el país, decíamos como en un debate en Televisión Española Octavio Paz y Mario Vargas Llosa diferían sobre lo que este movimiento social engendró. El escritor peruano sostenía que el fruto más evidente de la revolución fueron los 70 años de gobierno del PRI, mientras que, el poeta mexicano veía la educación pública como fruto de la Revolución.

Pocas personas saben que el lema “sufragio efectivo y no reelección” es obra de Vasconcelos, maderista comprometido, pero también pocas personas saben que la exigencia por el “sufragio efectivo” es más antigua que el propio Porfirio Díaz quien espetaba este reclamo por el sufragio efectivo nada más y nada menos que a Benito Juárez, quien se amarró a la silla presidencial hasta su muerte.

Pero hablemos de educación, propiamente de la creación de la SEP. Según Vasconcelos el porfirismo había construido escuelas horribles, por ello el edificio sede del ministerio que creó debía ostentar una diferencia notable para llegar a ser “sólido y claro como la conciencia de la revolución madura”, según su creador que, como hemos dicho para instituir la instrucción pública federal tuvo que saltarse y reformar las leyes carrancistas promulgadas en la Constitución de 1917.  

La Revolución ya no quiere, como en sus días de extravío, cerrar las escuelas y perseguir a los sabios, decía Vasconcelos al asumir la Rectoría de la Universidad Nacional, recordemos que el carrancismo expulsó a don Ezequiel Chávez, maestro indispensable en el devenir de la educación nacional.

“La Revolución -aseguraba Vasconcelos- anda ahora en busca de los sabios. Mas tengamos también presente que el pueblo sólo estima a los sabios de verdad, no a los egoístas que usan la inteligencia para alcanzar predominio injusto, sino a los que saben sacrificar algo en beneficio de sus semejantes. Las revoluciones contemporáneas quieren a los sabios y quieren a los artistas, pero a condición de que el saber y el arte sirvan para mejorar la condición de los hombres”.

En el más noble de los sentidos este es el espíritu de la revolución madura. Pero no sólo de entelequias abrevó este sueño nacional. “En la colonia de la Bolsa (la actual colonia Guerrero en la Ciudad de México), en la época la más abandonada y miserable, teníamos funcionando una escuela que era un ensayo para redimir al hampa misma, la parte más pobre y deshonesta de una gran ciudad”, las misiones culturales, las brigadas de saneamiento, los desayunos escolares son actos que impulsó Vasconcelos para hacer madurar la Revolución.

“Un manjar que el pueblo no puede digerir”

En su afán por reunir y difundir los tesoros de las imprentas del mundo, como parte de su plan educativo, Vasconcelos tuvo varios detractores. Cuando imprimió los famosos libros verdes, clásicos del pensamiento de la humanidad, varios lo consideraron un acto absurdo dado el analfabetismo que vivía en aquel entonces el país. El 8 de febrero de 1921, en el pleno de la Cámara, el diputado por Chiapas Luis Espinosa López, reclamaba a Vasconcelos: “¿Qué tienen que ver los clásicos con nuestro medio ambiente cultural? Es un manjar que el pueblo no puede digerir, que no puede servirle para nada”.

Con recursos limitados, artículos de prensa en su contra, y el carrancismo enquistado en la administración, fue toda una epopeya imprimir estos libros. En palabras de este revolucionario encontradas en su autobiografía “El desastre”, leemos: “Me di, pues, el gusto de romper otra reglamentación carrancista y comencé a construir talleres en uno de los patios de la vieja casa en que se hallaba entonces la Universidad, en Santa Teresa. Al mismo tiempo, hicimos venir de los Estados Unidos prensas y maquinaria de cosido, encuadernación. Y con sorpresa aparecieron por toda la República los primeros ejemplares, en pasta verde, de Homero, Esquilo, Eurípides, Platón, Dante, Goethe, etc.”

Hoy en día “La Ilíada” es lectura obligada en la educación básica cubana, quizá porque la isla caribeña se asume como el Héctor de Troya que enfrenta al Aquiles del imperialismo, en fin, contando el año que Vasconcelos fue rector de la Universidad, desde donde emprendió el gran proyecto de la educación pública; cinco años duró Vasconcelos al frente del proyecto de la SEP, pero fue tal el ímpetu, el orden y la visión de su labor que ésta ya no se pudo detener y perdura hasta nuestros días. La Revolución, a través de la tarea educativa, liberaba a los hijos de México de la oscuridad de la ergástula. 

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