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“La envidia de mi buena suerte”: los Tratados de Córdoba

“¡Americanos! bajo cuyo nombre comprendo no sólo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo fueron dominadas por otras; y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia, no se emanciparon” es la proclama del Plan de Iguala, espíritu de los Tratados de Córdoba, los cuales se signaron un día como hoy, pero de 1821.

Habiendo rechazado la causa de Independencia, sería Agustín de Iturbide quien la concretara diez años después

Iturbide nació en Valladolid, en ese entonces el nombre de Morelia.

“¡Americanos! bajo cuyo nombre comprendo no sólo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo fueron dominadas por otras; y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia, no se emanciparon” es la proclama del Plan de Iguala, espíritu de los Tratados de Córdoba, los cuales se signaron un día como hoy, pero de 1821.

Impulsados por Iturbide, es justo reconocer que fue un güero el que nos independizó. Es conocido que, cuando llegó Jun de O`Donojú, el último representante del Rey de España, el humor independentista abrazaba a toda la nación, y más aún; lo que pocos reconocen, los antiguos adversarios de la patria, sellaban la emancipación de México.

Como sabemos, los Tratados de Córdoba fueron posibles gracias al Plan de iguala y al mítico (no sabemos si es verdad o mito) “abrazo de Acatempan”, el cual, cuenta la leyenda, promovió Iturbide. Y si hay un personaje en nuestra historia a quien se le ha regateado su aportación a la patria es justamente a Agustín de Iturbide, rubio, rollizo, ojiclaro, novohispano, criollito, pues, pero ¡monárquico!

“No puedo explicar la satisfacción que experimento, al encontrarme con un patriota que va sostenido la noble causa de la independencia, y ha sobrevivido él solo a tantos desastres, manteniendo vivo el fuego sagrado de la libertad. Recibid este justo homenaje a vuestro valor y a vuestras virtudes”, se cuenta que le dijo Iturbide a Guerrero en Acatempan. Profundamente conmovido, Guerrero contestó: “Yo, señor, felicito a mi patria, porque recobra en este día un hijo, cuyo valor y conocimientos le han sido tan funestos.”

Pero ¿qué dice nuestra Acta de Independencia?, primero, ¿qué dicen los Tratados de Córdoba? El segundo y tercer artículo, vale recordarlo en su onomástico, a la letra expresan:

2º. El gobierno del Imperio será monárquico constitucional moderado.

3º. Será llamado a reinar en el Imperio mexicano (previo juramento que designa el artículo del plan), en primer lugar, el señor don Fernando VII…

Mientras que nuestra Acta de Independencia de septiembre de 1821, expresa:

“…por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación Soberana, e independiente de la antigua España… va a constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y tratado de Córdoba estableció, sabiamente, el primer jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías”; es decir, Agustín de Iturbide.

Ahora bien, recordemos que, para 1820, ya solo quedaba como resistencia Independentista, el grupo liderado por Vicente Guerrero, “parecía haberse extinguido en los espíritus el gran pensamiento de la independencia, y que el pueblo abyecto aceptaba resignado, todavía por muchos siglos, el pesado yugo de la dominación extranjera”, relata José Olmedo y Lama, en el tomo IV de los Hombres Ilustres Mexicanos.

Las vueltas que da la Historia, al inicio de la gesta independentista, Hidalgo invitó a Iturbide a sumarse al movimiento; Iturbide lo rechazó y según su cálculo, los insurgentes estaban destinados a la derrota; diez años después, los hechos le daban la razón y ¡oh, vuelta del destino!, Iturbide tomó la causa en sus manos y la concretó.

El territorio: Veracruz, en Veracruz se firmaron los tratados a los que hoy nos referimos, y Veracruz fue también el primer ayuntamiento fundado por Cortés en tierras mexicanas. Apuradamente sintético, ese es el ciclo de nuestra Historia Nacional.

Iturbide el arribista, el victorioso
“Cuando los diversos intereses de un pueblo llegan a conciliarse, puede decirse que no hay hombres necesarios, y basta uno que tenga ciertas cualidades eminentes, para que acaudillando una empresa que parecía de imposible realización, la lleve a cabo con gloria”, narra José Olmedo y Lama en una magnífica pequeña biografía de nuestro personaje de hoy.

No olvidamos, una de las cosas que se le recrimina a Iturbide, fue la violencia innecesaria con la que actuó, sobre todo después de conseguir el triunfo en sus campañas “como de costumbre, los realistas mancharon su victoria con numerosas y sangrientas ejecuciones”, señala Olmedo y Lama.

Nuevamente, la historia cíclica, todo se repite. Los insurgentes, perdonaron la vida de cientos de españoles, el episodio donde Nicolás Bravo perdona la vida de 300 españoles, luego de recibir la noticia del asesinato de su padre a manos de los realistas, es por demás sublime y es parte de la rueca del tiempo.

300 años atrás, las matanzas en Cholula y en el Templo Mayor, marcaron el signo de los españoles conquistadores; mientras que los nativos, en especial los mexicas, los hospedaron, los alimentaron y les mostraron su generosidad y afecto tal como lo hizo Moctezuma.

Pero bueno, Michoacán, volveremos a este territorio en próximas entregas de cara a la conmemoración de nuestra fiesta nacional. De Michoacán salieron tres relevantes héroes para la causa independentista: Morelos, generalísimo amigo de la victoria; López Rayón (primer legislador de la América Septentrional) e Iturbide, consumador de la causa.

Iturbide nació en Morelia. Morelia debe ese nombre a Morelos, su enemigo. En realidad Iturbide nació en Valladolid, como se llamaba en ese entonces. Si nos robaron hasta el nombre, hace poco se preguntaba (se mofaba) el expresidente Aznar por el origen de nuestros nombres “muy mexicanos” (Andrés Manuel López, decía “muy mexicano” y se burlaba), pero si hasta eso se llevaron, nuestros nombres, nuestras palabras que, son llaves del alma.

Afortunadamente, en este momento de la Historia, más a lo Bravo que a lo Iturbide, se impulsa el perdón, la fraternidad, el amor, la reconciliación y la regeneración nacional. Como expresamos desde el principio, Independencia como tal, no se proponía, se llamaba al rey Fernando a gobernar. Hasta hace unas horas con el debate de los Libros de Texto Gratuitos, como con Iberdrola y un cuantioso etcétera, nos descubre hasta que punto las empresas españolas se habían seguido beneficiando de nuestro erario nacional. Así que, vamos cerrando esta entrega.

Americanos vs americanistas
Iturbide en sus memorias escritas durante su exilio en Europa, nos cuenta: “destruí aquellos asilos en que se refugiaba la discordia. No tuve otros contrarios que los que lo eran de la causa que defendía, ni más rivales que los que en lo sucesivo me atrajo la envidia por mi buena suerte”.

Iturbide fue lo que llamamos en el mexicano de ahora: “arribista”, “oportunista” en la radio se escucha: “come cuando hay”. El tema es que, para arribar al Imperio Mexicano, como señala Olmedo y Lama: “basta uno que tenga ciertas cualidades eminentes”, los Tratados de Córdoba son una pieza de política internacional ejemplar, “una obra maestra… conciliaba todos los intereses dominantes, dándoles amplia satisfacción. Uno de los errores del ilustre Hidalgo, había sido pretender levantar la población indígena contra la europea, estableciendo una odiosa distinción de razas”.

Iturbide en la batalla fue sangriento. Luchó contra la Independencia, la conocía desde sus vísceras. Con su fama y sus victorias empezó a hacer negocios, lo acusaron de monopolio, lo querían separar de la milicia realista, lo juzgaron, lo exoneraron y él renunció.

Para 1820, el clero mexicano, profundamente alarmado con las reformas religiosas decretadas por las cortes, prefería la Independencia a seguir la nueva constitución española. En una carta del Rey Fernando desde Madrid, le expresa a su virrey Apodaca, la intención de que la Nueva España sea independiente e Iturbide fue el protagonista artífice de estos deseos.

Sea pues, este torpe tributo como dice José Olmedo “de amor y de respeto al hombre a quien debe el grandioso servicio de haber inscrito su nombre en el catálogo de los pueblos libres”, y a la memoria de Córdoba, y su fundacional acuerdo, en el que México encuentra, en el tiempo, su acento y su asiento.

Héctor Martínez Rojas
Periodista especializado en educación superior | Web |  + posts
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