Las Pulsiones de José Woldenberg

Libertad, igualdad y un amor perenne a la UNAM son valores que acompañan al académico y político en su conducta pública y en sus textos

testimonios sobre Woldenberg.

Pepe, como le llaman casi todos sus amigos, forma parte de una especie en extinción: los necaxistas. A partir de ahí ha desarrollado tantas facetas en su vida que podría decirse, con justeza, que “nada humano le es ajeno”. Así lo percibí siempre, pero ahora lo constato al leer el testimonio de 45 autores en el libro que, coordinado por tres de ellos (Ricardo Becerra, Ciro Murayama y Raúl Trejo Delarbre), recién ha aparecido en librerías con el sello de Cal y Arena. El objetivo de la publicación es celebrar el arribo de Pepe a la séptima década de vida. Y dije “lo constato” porque, desde que lo empecé a tratar (allá por 1989, en los idus de una de las tantas mesas redondas preparatorias del Congreso Universitario que fue el colofón del conflicto de 1986, detonado por el Consejo Universitario Estudiantil, durante el rectorado de Jorge Carpizo) ya mostraba ese genio y figura que siempre le ha caracterizado.

Pepe es un ser de pulsiones como frecuentemente lo menciona en sus textos. Con virtudes y defectos en su vida personal, como lo hace saber Fernando Arruti en uno de los capítulos del libro. Sin embargo, en su vida pública difícilmente se encontrará alguno de los segundos. En cambio, lo perenne de las primeras, las virtudes, tienen un reflejo constante en toda su trayectoria de vida. Libertad e igualdad son valores que están en el sustrato de su conducta pública y en sus textos. Con la parquedad del caso, aquí se apuntan algunas de ellas.

El universitario que hizo de la UNAM, posiblemente, su más grande amor institucional, como se afirma en varios de los textos reunidos. Estudiante desde preparatoria hasta el doctorado en esa institución; más tarde profesor e investigador, así como fundador del sindicato (SPAUNAM), causa que lo llevó, en 1977, a padecer dos semanas de cárcel en la Academia de Policía de Balbuena. Todo esto último lo motivó para elaborar, a lo largo 57 semanas en sendos artículos, la historia del sindicalismo en la Máxima Casa de Estudios, mismos que transformados en libro (Historia documental de STAUNAM, 840 pp.) se constituyó en uno de los estudios más completos en torno a una organización de esa naturaleza. Fue también un representante estratégico en aquél Congreso Universitario, generando a partir de esa experiencia un muy documentado y lúcido texto: (Revuelta y Congreso en la UNAM).

Su militancia política y sindical siempre estuvo teñida con una marca de izquierda democrática. La primera, que va desde el Movimiento de Acción Popular (MAP), pasando por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y el Partido Mexicano Socialista (PMS), hasta llegar al Partido de la Revolución Democrática (PRD), del cual salió en 1991. La segunda, la sindical, su interacción con los sindicatos de los años setenta: tanto con la Tendencia Democrática del SUTERM, de Rafael Galván, como con los sindicatos universitarios de esa misma década (SPAUNAM, STEUNAM y STUNAM), hasta la fundación del Sindicato Único de Trabajadores Universitarios (SUNTU), en 1979.

La reforma política-electoral, diseñada por Jesús Reyes Heroles en 1977, alentó poderosamente la pulsión democrática de Pepe. Sus artículos periodísticos y ensayos de ese tiempo reflejaron siempre un punto de vista que veía en aquella una oportunidad para el cambio gradual en la estructura política de México. Pero también, tales textos y sus múltiples comparecencias en toda clase de foros en aquellos años propiciaron que en el propio Congreso de la Unión sus posicionamientos fuesen elogiados por el mismo secretario de gobernación de la época (Manuel Barttlet), durante el gobierno del presidente De la Madrid. Todo eso fue el preámbulo para que en 1994 se convirtiese en autoridad electoral dentro de aquel IFE presidido aún por el secretario de Gobernación, para luego ocupar, en 1996, la presidencia de un nuevo IFE totalmente ciudadanizado. Ese órgano del Estado mexicano condujo eficaz y eficientemente las elecciones presidenciales de 1994 y 2000, así como las intermedias federales (para diputados y senadores) desde aquella primera fecha hasta 2003.

De todo lo anterior, y bajo su premisa de escribir para “evitar que las cosas caigan en el olvido”, Pepe realizó cientos de productos (libros, artículos y editoriales, ensayos, documentales y videos). Pero, aún más, como lo reflejan algunos de los capítulos del libro (los del biólogo Hernández y José Rodríguez López), algunos de estos textos se refieren al futbol, al cine o al beisbol, así como otros que se internan en su esfera personal y que, combinando la realidad con la ficción, le han permitido dar a luz una que otra novela. Toda una gama de inquietudes que finalmente encuentran justificación en el título de su blog que, desde hace años, mantiene en la Revista Nexos: “De chile, dulce y manteca”

Muchos de los “45 testimonios” coinciden en ciertos temas y tareas desarrollados en su trayectoria vital. Pero no son repeticiones: se constituyen en distintas perspectivas de un mismo hecho u objeto de estudio. Son, así, enriquecedoras. Se corresponden con lo que F. Arruti llama “estampas de una época”. Para lectores y lectoras jóvenes y hasta cuarentones, el libro es una oportunidad para asomarse tanto a ese México del último tercio del siglo XX, hasta las dos décadas recorridas del presente. En ese sentido, y con Pirandello en mente, el libro también podría titularse: “45 autores en busca de un personaje”.

Comentarios:
Varios de los autores de los testimonios elogian la memoria de Pepe. Pero, sobre todo, que esa memoria plasmada en textos nos haya dado, y esté dando, ese fresco de una época. Según lo apunta R. Trejo, Pepe “despliega… su inquietud para rescatar hechos. En ellos, la memoria es sustento del análisis”.

México vive ahora, como en el último medio siglo, un momento frágil para su democracia. Una muestra más de que el progreso no es una vía permanente y lineal; que la involución y el retroceso son realidades que pueden estar siempre a la vuelta de la esquina. El Estado de Derecho, en algunos ámbitos de la vida constitucional del país, corre el riesgo de tornarse en entelequia o en una quimera. Pareciera que la lucha debe ser permanente en esos espacios y que las visiones polarizantes se constituyen en un obstáculo para ese propósito. De ahí que sea necesario en las democracias, como apunta Pepe: “…puntalarlas, reforzarlas, tanto en la esfera política como en las dimensiones sociales y económicas”.

Con la misma actitud de casi medio siglo atrás, cuando su actuar le costó la cárcel, y como dice su hija Laura al evocarlo: “es un apasionado del fútbol y, de hecho, no sé qué le ha traído más desilusiones en la vida: si el Necaxa o la democracia”.

Sobre la firma
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com | Web

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