Conversamos con el fundador de esta importante casa editorial que, desde su concepción, ha priorizado al autor y su obra
Laberinto Ediciones, creada y dirigida por Esteban Ascencio, sociólogo por la UNAM, pero seducido por las letras y la labor editorial, cumplió este año dos décadas de existencia, y, por ello, durante la 37 Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), recibió un merecido reconocimiento el pasado mes de agosto. Con este motivo de este vigésimo aniversario y de este reconocimiento conversamos con el amigo y el editor.
¿Cómo surgió la idea de crear Laberinto Ediciones?
En 2000, durante una estancia de casi un año en Sudamérica, estaba un día en Buenos Aires, en casa del poeta porteño Horacio Salas, quien fuera director de la Biblioteca Nacional de Argentina, y me preguntó: “Esteban, ¿dónde vas a publicar nuestras conversaciones?” (que puntualmente registraba en mi pequeña grabadora Sony). Respondí sin titubeos, aunque sin saber a dónde me llevaría tal respuesta: “cuando llegue a México crearé una editorial”. Con una sonrisa, entre interrogante y enérgica, Horacio me animó: “¡Hazla, Esteban, hazla!”. Prometió ayudarme con otros de sus libros, siendo éstos El tango y Borges: una biografía. Por ello y por nuestra amistad, que duró veinte años, hasta su fallecimiento en octubre del 2020, considero a Horacio Salas el padre fundador de Laberinto Ediciones. Fue él quien me alentó a su creación. Los títulos Poesía y tango: fragmentos de una vida. Encuentros con el poeta Horacio Salas (fruto de nuestras conversaciones) y Dar de nuevo, de él, aparecieron en septiembre de 2003, pero permanecieron en bodega hasta enero de 2004, en que se comercializaron. Fue así como surgió la empresa Laberinto Ediciones dedicada al libro.
¿Cómo sobrevive Laberinto Ediciones en medio de tanta competencia?
Laberinto Ediciones suscribe, sin adjetivos, el sustantivo “Editorial”. Publica y comercializa libros como cualquier otra casa editora. Quizá la diferencia que tenemos con otras editoriales, y que tal vez nos distingue, es que Laberinto Ediciones, prioriza, por encima de la ganancia, al autor y su obra. Desde su nacimiento, buscó, como prioridad, la comercialización eficaz de sus títulos con presencia en todas o casi todas las cadenas de librerías en el país. Esto ha hecho que, con los años, nuestros libros estén cada vez más en el gusto de los lectores, lo que nos impulsa a continuar reeditando y publicando nuevos títulos. Poco o nada miramos a las empresas transnacionales. ¿Para qué? Hemos visto un poco de cuanto editan; pero, para nosotros, el trabajo es lo que nos mantiene en pie y caminando. El trabajo diario es el factor de mayor sustancia para el desarrollo y crecimiento de Laberinto. A juzgar por las dos décadas que hemos cumplido, vemos en las librerías socios comerciales indispensables, aunque hay que decir que no todas corresponden al noble requisito del pago puntual que, para nosotros, es de suma importancia para seguir publicando.
¿Cuál es tu ética como editor?
Priorizo el compromiso del autor con su trabajo. El autor sigue de cerca el desempeño editorial que Laberinto Ediciones realiza con el texto que deposita en nuestras manos. Confía en nosotros y nosotros confiamos en él. Es fundamental que el autor tenga conciencia de lo que ha realizado, que lo valore. Aunque mencione, en tercer lugar, la lectura del escrito que llega a Laberinto Ediciones, su importancia no es menor: por el contrario, es la lectura la que nos orienta en un primer lapso, para enterarnos si el manuscrito o la obra literaria corresponde con el perfil de la editorial y tiene la calidad necesaria para merecer la publicación.
¿Qué significa cumplir veinte años de trabajo editorial?
Placer y descontento. Estas palabras me han dado y me siguen dando experiencia. De ellas he aprendido, por un lado, el contento de emocionarme cuando leo cada libro que lleva el sello de Laberinto Ediciones. Saber que algunos de nuestros títulos han llegado a otras latitudes del planeta no deja de mantenerme satisfecho. Me impulsa a seguir. Los amigos, como nombro a los libros, han venido o los he buscado en otras regiones del continente. Hasta ahora contamos con autores de Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Nicaragua, Venezuela y, por supuesto, México. Para mí, la dualidad placer/descontento es la síntesis del oficio que nunca imaginé tener y que realizo convencido con la elevada estima del deber. Ser editor en los albores de mis sesenta, lo comparo con la plenitud. Para mí, no sé si hay algo más adelante, pero, hasta la fecha, prácticamente todo cuanto me han dado los libros que conforman el catálogo de Laberinto Ediciones, ha sido felicidad.
¿Cuáles son tus satisfacciones y cuáles son tus frustraciones como editor en México?
Un moderado recuento lo inicio nombrando la creación de algunas de nuestras colecciones que el oficio me ha llevado a imaginar mediante el trabajo diario: las colecciones Poetas, Poetas latinoamericanos, Poesía de largo aliento y, las más recientes, Mujeres de tinta, Íntimos y Ópera prima. La satisfacción de ofertar poesía contra todo pronóstico ha hecho de Laberinto Ediciones una editorial buscada y querida por ciertos lectores. Pero Laberinto se ocupa también de otros géneros: ensayo, cuento, crónica, novela, teatro, fotografía, filosofía, arte y testimonio, en los cuales destacan autores como Carlos Germán Belli, Ernesto Sabato, Gonzalo Rojas, Vicente Huidobro, Jorge Boccanera, José Vicente Anaya, Adela Fernández, Felipe Garrido, Beatriz Pérez Pereda, Agustín Monsreal, Bruno Estañol, Elena Poniatowska, etcétera. El mayor escollo, que es el económico, no ha dejado de seguirme, me acompaña desde que inició todo esto. Nos toleramos y ahí la vamos pasando. Permanece conmigo, y no sé si por desgracia, pero no contar con los recursos económicos suficientes para editar todo aquello que me gusta, me resulta una provocación y, por eso mismo, “mi terquedad me fascina y crece”.
¿Qué representa el reconocimiento que acabas de obtener como editor en la Feria Universitaria del Libro (FUL 37), en Pachuca, Hidalgo?
Deber y responsabilidad. Deber que abrevio diciendo: no he tenido, en los últimos veinte años, mayor pasión que la entrega de mi amistad al libro. Y la responsabilidad la advierto desde la lectura de los textos que llegan a Laberinto Ediciones y que en equilibrio con el diseño nos llevan casi por encima de todo a continuar superándonos en cada artefacto bibliográfico que entregamos a los lectores. Crecemos y vemos robustecer nuestro catálogo. El reconocimiento otorgado durante la Feria Universitaria del libro (FUL 37), de manos del rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Octavio Castillo Acosta, y del presidente de la feria, Marco Antonio Alfaro Morales, aún no sé si lo merecemos o no, pero llega en un momento muy importante para la editorial. En todo caso, la gratitud y, como siempre, la responsabilidad, nos animan; además del gusto, por supuesto. Nos gusta, nos encanta hacer libros. Si a un editor no le apasiona hacer libros, más vale que se dedique a cualquier otra cosa.

Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).
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