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In memoriam Roberto Rodríguez Gómez · columnista de Campus desde su fundación
1 de septiembre de 2026
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México: ¿potencia científica y de innovación?

Hace dos años, Claudia Sheinbaum prometió hacer de México una potencia científica y de la innovación. Hoy, algunos proyectos de tecnología avanzan y ciertos indicadores muestran mejoras, pero el país aún está lejos de alcanzar esa meta. El gasto en investigación y desarrollo sigue siendo reducido y la participación de la industria es baja. Entre proyectos emblemáticos y cifras favorables, persiste una pregunta: ¿son suficientes estos avances para convertir a México en una potencia científica?
Ni con los avances mencionados por la presidenta Sheinbaum podría llegarse a la meta de hacer de México una potencia científica y de innovación.

Hace dos años, Claudia Sheinbaum prometió hacer de México una potencia científica y de la innovación. Hoy, algunos proyectos de tecnología avanzan y ciertos indicadores muestran mejoras, pero el país aún está lejos de alcanzar esa meta. El gasto en investigación y desarrollo sigue siendo reducido y la participación de la industria es baja. Entre proyectos emblemáticos y cifras favorables, persiste una pregunta: ¿son suficientes estos avances para convertir a México en una potencia científica?

Ni con los avances mencionados por la presidenta Sheinbaum podría llegarse a la meta de hacer de México una potencia científica y de innovación.

A diferencia de lo que ocurre en el campo educativo, el compromiso de la presidenta Claudia Sheinbaum con el sector científico y tecnológico no parece estar al alcance durante su periodo de gobierno y tal vez ni siquiera en el mediano plazo.

El 1 de octubre de 2024, en el Zócalo capitalino, la presidenta leyó sus 100 compromisos y el número 33 prometía: “Haremos de México una potencia científica y de la innovación. Para ello, apoyaremos las ciencias básicas, naturales y las humanidades” (01.10.2024). No era un discurso improvisado, ni una promesa de campaña, sino un compromiso que forma parte del inventario de acciones de gobierno a la espera del corte de caja.

En aquel entonces, Sheinbaum añadió que ya estaban en marcha los trabajos para fabricar el auto eléctrico Olinia, un automóvil pequeño, de acceso popular, “100 por ciento diseñado por jóvenes mexicanos y mexicanas, y ensamblado totalmente en nuestro país”.

Además, la presidenta sumó otros proyectos: el Programa Espacial Mexicano; el desarrollo de semiconductores; la producción de litio con tecnología propia; la instauración de una fábrica de software público y un centro de ciberseguridad.

El conjunto de proyectos estaba centrado más bien sobre el desarrollo tecnológico –no en el desarrollo científico–, pero sonaba bien y parecía prometedor. Sobre todo, después del catastrófico periodo del gobierno anterior, que no solamente retrocedió en casi todos los indicadores de desempeño, sino que también provocó un desastre en las relaciones entre autoridad y comunidad, lo mismo que en la cooperación público-privada.

Dos años después, ¿qué ha ocurrido con las intenciones? La misma presidenta, en su mensaje con motivo del segundo informe de gobierno, sintetiza logros de una veintena de proyectos de “innovación soberana” (01.09.2026). Por ejemplo, puntualizó que el vehículo eléctrico Olinia ya ingresó a la fase de producción.

Tal vez las etapas previas de Olinia no han sido fáciles, incluso con la cooperación del sector privado que en este periodo ya fue reincorporado. Pero lo cierto es que falta lo más complicado: trasladar el diseño a una industria automotriz altamente competitiva, con un modelo que sea económicamente viable, y asegurar su producción nacional.

Uno de los problemas es que no todos los componentes se fabrican en el país, así que la cadena de suministro será el mayor obstáculo, y lo reconoce la industria nacional de autopartes (Expansión 05.09.2026).

También reportó la presidenta que los otros proyectos siguen avanzando; se refería al diseño de semiconductores, los satélites de observación, el Sistema Metaocéanico de Monitoreo Climático y Protección Civil, la producción de un dron o los de tecnología informática. Cada proyecto tiene sus matices, pero aceptemos que todavía estamos en el primer tercio del periodo de gobierno y es relativamente pronto para mostrar resultados contundentes.

¿Y sobre México como potencia científica? La presidenta indicó: “hemos incrementado en 193 por ciento los apoyos a proyectos de investigación científica, en 70 por ciento las becas al extranjero y en 23 por ciento las estancias posdoctorales”.

La comparación es favorable con el periodo anterior: los proyectos de investigación respaldados con fondos gubernamentales en el último año de la gestión anterior sumaron 602 y en este año pasaron a poco más de 2 mil. Sin embargo, a precios corrientes, el monto de recursos para proyectos prácticamente es el mismo: en el 2024 fue de 28 mil 259 millones de pesos y en este año es de 28 mil 701 millones de pesos (Anexos estadísticos del Segundo Informe de Gobierno). Si consideramos el efecto de la inflación, hoy son menos recursos.

Una comparación similar se puede hacer en el caso de las becas al extranjero. La presidenta indicó que crecieron en 70 por ciento, pero en realidad aumentaron todavía más. El último año del sexenio anterior, el gobierno federal otorgó 750 becas nuevas para estudios de posgrado en el extranjero y en el primer año de este periodo otorgó mil 672, o sea, más que duplicó la cifra.

Lo notable es que no destacó la cifra de miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNII), uno de los indicadores que experimentó un crecimiento notable en el sexenio anterior y continúa aumentando en el actual. En 2018 sumaban 28 mil 633 integrantes y en 2024 llegaron a 43 mil 923; este año la cifra llega a casi 48 mil.

Sin embargo, ni los proyectos en marcha ni los indicadores permiten anticipar que México podría ser una potencia científica y de innovación. Los proyectos podrán ser emblemáticos en los medios, pero no van a remolcar ni a proyectar un sector que representa un gasto en investigación científica y desarrollo experimental (Gide) de 0.26 por ciento respecto al PIB, y una participación relativa de la industria de apenas 13 por ciento. Considérese solamente que ese mismo indicador alcanza un promedio de 0.60 por ciento en los países de América Latina.

Pie de página: Voy a extrañar, vamos a extrañar, y mucho, a Roberto Rodríguez, el brillante y muy apreciado vecino de estas páginas de Campus. Un académico de alto nivel que siempre tenía algo novedoso que decir, pero, sobre todo, un amigo muy querido y entrañable. Una lágrima por su partida.

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES | canalesa@unam.mx | Web |  + posts

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