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De elegir una carrera a construir un futuro

Durante años, la orientación vocacional se resumió en una pregunta: “¿qué quieres estudiar?”. Pero en un mundo marcado por la inteligencia artificial, la transformación tecnológica y nuevas profesiones, elegir una carrera requiere mirar más allá. Los estudiantes necesitan conocer sus intereses, pero también las habilidades que demandará su trayectoria y cómo desarrollarlas. La orientación vocacional puede convertirse así en una herramienta para construir proyectos profesionales flexibles, informados y capaces de adaptarse al cambio
Los egresados deben ser capaces de afrontar cambios inesperados en el futuro.

Durante décadas, la orientación vocacional partió de una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué quieres estudiar? Hoy, esa pregunta ya no es suficiente.

Un joven que está por elegir una carrera ahora debe pensar en sus intereses, en las materias que disfruta y también necesita entender qué habilidades requerirá la profesión que le interesa, cómo está cambiando ese campo y qué competencias le permitirán adaptarse a un mercado laboral que probablemente será distinto cuando termine su formación.

La transformación tecnológica, la inteligencia artificial y la aparición de nuevas profesiones están modificando la manera en que estudiamos y trabajamos. Frente a este escenario, la orientación vocacional debe contribuir a construir un proyecto profesional flexible, informado y sostenible en el tiempo.

Los propios estudiantes parecen reconocer esta conexión entre educación y futuro laboral. El 54 por ciento de los jóvenes de nivel medio superior señala que conseguir un trabajo en el futuro es una de las principales razones para aprender. Al mismo tiempo, 28 por ciento afirma que le gustaría contar con más opciones vocacionales durante su formación.¹ Estos datos muestran que existe interés por conectar lo que se aprende en el aula con las oportunidades que existen fuera de ella, pero también una necesidad de mayor acompañamiento para hacerlo.

El reto es que hoy resulta cada vez más difícil anticipar cómo será el mercado laboral dentro de cinco o diez años.

Algunas profesiones están incorporando nuevas herramientas y responsabilidades; otras están transformándose con la automatización y la inteligencia artificial, mientras que surgen ocupaciones que hace algunos años ni siquiera formaban parte de las conversaciones sobre empleabilidad.

Por eso, orientar a un estudiante implica ayudarlo a preguntarse: ¿qué habilidades necesitaré para ejercerla?, ¿qué conocimientos están cambiando?, ¿qué competencias debo comenzar a desarrollar desde ahora?

En este proceso, las herramientas tecnológicas pueden ser aliadas importantes. Hoy existen evaluaciones capaces de identificar intereses, motivaciones, fortalezas y habilidades, y relacionar estos elementos con diferentes ocupaciones y rutas formativas.

La inteligencia artificial también puede ampliar las posibilidades de exploración. Puede ayudar a identificar patrones, comparar perfiles y acercar a los estudiantes a profesiones que quizá no habían considerado. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre recibir una recomendación y tomar una decisión.

Una herramienta puede ofrecer información valiosa sobre intereses, fortalezas y áreas de desarrollo, mientras que la orientación profesional ayuda a interpretar esos hallazgos y convertirlos en decisiones informadas. Más que determinar el futuro de un estudiante, estas herramientas amplían las posibilidades que puede explorar y ayudan a construir un proyecto profesional con mayor claridad.

Las habilidades también deben formar parte de la elección
Si la orientación vocacional debe evolucionar, también debemos cambiar la forma en que hablamos de las competencias que acompañan una carrera.

El inglés es un buen ejemplo.

Su importancia ya no se limita a quienes planean estudiar idiomas, trabajar en turismo o desarrollar una carrera en otro país. Para muchos profesionales, el idioma es una herramienta para acceder a investigaciones, contenidos especializados, plataformas tecnológicas, programas académicos, comunidades profesionales y oportunidades en empresas que participan en mercados internacionales.

Pero esto no significa que todos los estudiantes necesiten el mismo nivel de inglés ni que el idioma deba convertirse en una obligación descontextualizada.

Significa que la orientación vocacional debe ayudar a identificar qué nivel de competencia requiere cada trayectoria profesional y qué tan cerca o lejos está el estudiante de alcanzarlo.

Esa conversación debería comenzar antes de llegar a la universidad.

Haber cursado inglés durante varios años no necesariamente significa dominarlo. Por eso, más que acumular horas de clase, es importante que los estudiantes puedan conocer sus capacidades reales, identificar áreas de oportunidad y establecer metas que tengan sentido dentro de su proyecto profesional.

Las certificaciones pueden contribuir a ese proceso porque ofrecen una referencia objetiva del nivel alcanzado y permiten demostrar determinadas competencias ante instituciones educativas y empleadores. Sin embargo, su mayor valor aparece cuando forman parte de una trayectoria de aprendizaje y no cuando se convierten en un requisito de último momento.

Cuando un estudiante entiende para qué necesita una habilidad, el aprendizaje deja de ser una materia aislada y adquiere un propósito.

El verdadero reto es preparar a los jóvenes para seguir siendo capaces de aprender cuando ese trabajo, las herramientas que utiliza y las oportunidades que ofrece hayan cambiado.

Por eso, la pregunta que deberíamos hacerle a un joven no es únicamente: ¿Qué quieres estudiar? También deberíamos preguntarle: ¿Qué necesitas aprender hoy para tener más posibilidades de construir el futuro que imaginas?

Ahí es donde la orientación vocacional se convierte en una herramienta para ampliar oportunidades.

Referencias:
• Pearson (2025). Informe Educativo de Pearson 2025: Aprendizaje para el futuro, pp. 8 y 46. Investigación realizada en Inglaterra con la participación de mil estudiantes de secundaria, como parte de una consulta a más de 14 mil integrantes de la comunidad educativa.

Iris Martínez
Directora de English Language Learning at Pearson México | + posts

Directora de English Language Learning de Pearson México.

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