En la que posiblemente será la última sesión del Consejo Universitario en calidad de rector, Enrique Graue Wiechers expresó destacó los logros obtenidos por la UNAM en su administración y expresó una alerta ante los peligros que podría enfrentar la institución
El pasado viernes, el Dr. Graue presidió la que muy probablemente sea la última sesión del Consejo Universitario en su calidad de rector. El séptimo médico que desde 1946 ocupa la posición de jefe nato de la institución (como lo define la Ley Orgánica de la UNAM), quien está a punto de concluir una gestión iniciada ocho años atrás. Su despedida se da con el mismo estilo personal con que se condujo siempre, de modo discreto, rayando a veces en la modestia. Una forma de ser que se resume en la frase expresada a René Delgado al inicio de su segundo periodo: “no soy un hombre de protagonismos”.
Congruente con ello, sus palabras de adiós pueden resumirse en dos apartados: logros obtenidos durante su gestión y una alerta a la comunidad Puma por los peligros que pueda enfrentar en las próximas semanas, de cara al proceso de designación que se avecina.
Por lo que toca a lo primero, logros, el rector destacó lo obtenido en ocho años:
• Creación de seis nuevas escuelas, un nuevo centro de investigación y la transformación de dos de estos últimos a la categoría de Institutos.
• El establecimiento de 18 licenciaturas, 23 especializaciones, una maestría y dos doctorados
• Una matrícula general que pasó de 346 mil a 380 mil estudiantes.
• Las acciones realizadas para que la UNAM siguiese funcionando durante la pandemia: medidas emergentes para continuar realizando las funciones de docencia, investigación y extensión. De manera muy relevante, en la primera de ellas, en una semana se implantaron los cursos a distancia.
Como lo refiere el rector, “todo ese crecimiento se dio sin un incremento real, o sustancial, del subsidio federal”. Efectivamente, y a semejanza de lo acontecido en el ámbito de las universidades públicas, ese crecimiento de la UNAM, de un diez por ciento de su matrícula escolar, no tuvo contrapartida en las asignaciones provenientes del Presupuesto de Egresos de la Federación. Pero además, todo lo realizado se subsume en un reconocimiento externo muy significativo: uno de los rankings más prestigiados en el orbe (el del Times Higher Education de Londres) registró que en esos ocho años la UNAM pasó del lugar 160 al 93 entre las mejores universidades del mundo.
Por lo que corresponde a la alerta y peligros, el rector los reconoció con cierto laconismo: “me han tocado vivir, en estos dos periodos, momentos difíciles… en tiempos más recientes, hemos escuchado descalificaciones hacia la universidad y su administración, resultado de la incomprensión de nuestra pluralidad y de nuestro compromiso con la verdad y el conocimiento”. Sin duda, dentro de esas frases están los cuestionamientos y descalificaciones que provienen del mismo Palacio Nacional. En tono similar, su voz de alerta en torno al futuro inmediato: “es posible que sigamos escuchando voces que quisieran moldear, a su manera, la forma en que la Universidad toma decisiones y se gobierna a sí misma”.
Con ello, el rector se refiere a que en los últimos meses se han sucedido acciones en contra de la institución. Pequeñas y aisladas, pero persistentes. Algunas, inclusive, enderezadas directamente contra él por su actuación en esferas distintas de la propia UNAM (como en el caso de la Fundación Conde de la Valenciana). Para algunos analistas (como Salvador García Soto), lo que se pretende con ello es “minar y debilitar la imagen de la autoridad universitaria con el objetivo político claro de que, con un rector cuestionado y debilitado, sería más fácil intervenir e influir en la próxima sucesión de la rectoría”.
Una semana y media atrás, cuando el rector le dio la bienvenida a los estudiantes de nuevo ingreso, expresó: “son ustedes ya, parte de una universidad libre, autónoma, empática y solidaria con las necesidades de nuestra nación”. Valores, todos ellos que deben preservarse y aquilatarse por la comunidad y los miles y miles de egresados de sus aulas.
Postigo: Güerita, relativamente menuda, así es Patricia Guerra, (a) Laguerra. Nadadora de aguas abiertas desde temprana edad ya obtuvo la llamada triple corona en esa especialidad: atravesar el Canal de la Mancha, el de Catalina (EE.UU.) y la vuelta a Manhattan. En 2007, a 400 metros de completar el Estrecho de Magallanes, una tonina le ocasionó múltiples fracturas que hicieron temer por su movilidad. Ahora, en sus 51 años, ha impuesto dos marcas mundiales: a) el 8 de julio, el cruce del Estrecho de Gibraltar, de 14 kilómetros, con una marca de 2.43 horas, quitándole el récord de la prueba a una alemancita de 21 años; b) tres semanas después, en Nueva York, le dio la vuelta a la isla de Manhatan (48 kilómetros) en 7.57 horas, estableciendo un nuevo récord. ¡Esa es Laguerra! Felicitaciones.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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