Difícil tema de abordar es el de los 475 años de la Máxima Casa de Estudios. Nacida en 1551, mediante una Cédula Real expedida por Felipe II, en nombre de su padre, Carlos V, tenía como propósito que “los naturales e hijos de españoles fueran instruidos en las cosas de nuestra fe católica… ” y fue dotada de 1,000 pesos oro anuales para su sostenimiento. La nueva institución contaría, además, con “los privilegios, franquicias y libertades que gozaba la Universidad de Salamanca” (H. Musacchio, La Universidad de México, 1551-2001). Luego vinieron las Bulas Papales de Pablo IV (1555) y Clemente VII (1595), confirmando la Cédula Real para que aquella pasase a ser la Real y Pontificia Universidad de México.
La Universidad nació con el ‘pecado original’ que está y ha estado presente desde entonces en nuestro querido México, y no solamente en las instituciones educativas: la distancia entre lo formal, establecido o preceptuado frente a la realidad. Así, a lo largo de todo el tiempo virreinal,La universidad de México y aún después, las contradicciones, las formas de conducirse y los servicios prestados no siempre fueron similares a los de Salamanca, como se preveía en el estatuto inicial. Con frecuencia, se sirvió a causas que el régimen colonial desarrolló al margen de las altas funciones a que estaba destinada originalmente, aún dentro del periodo de las llamadas Reformas Borbónicas.
De ahí, la dificultad para abordar el tema como lo hizo el rector el pasado 21 de septiembre, en el discurso conmemorativo del acontecimiento: ¿Cómo reconocer, aun retrospectivamente, una institución en tierras del Anáhuac que, según el virrey Luis de Velasco, “no convenía admitir indios, aún a los provenientes de la nobleza indígena? . . . (como) tampoco se aceptaba a hijos fuera de matrimonio ni a quien no probara ‘pureza de sangre’ descendiente de por lo menos cuatro generaciones de cristianos…”. A lo anterior se agregan, ya en el México independiente, las cuatro supresiones de aquella Universidad (1833, 1857, 1861, 1865) y la crítica acerva, una vez restablecida, a quienes como Gómez Farías o Benito Juárez la habían cerrado. Paradójicamente, la supresión definitiva es obra de Maximiliano, ya que, como dice Musacchio, “no estaba en su plan de modernización”.
Frente a esas y otras muchas situaciones, el Dr. Lomelí sale bien librado en su discurso. Para empezar, afirma que no puede establecerse una línea de continuidad entre aquel organismo de 1551 y la institución de 2026. Que la actual UNAM es “fruto de complejos procesos”, ya que “al volver la mirada sobre estos 475 años, encontramos avances y momentos difíciles, acuerdos y controversias, de todos ellos aprendemos”.
A lo largo de estos casi cinco siglos se encuentran sucesos, acontecimientos o momentos que resulta oportuno recordar, particularmente para las nuevas generaciones de universitarios del país. Aquí algunos de ellos:
La magnificencia de Ciudad Universitaria. Recorrer Ciudad Universitaria es un deleite, ya que se está frente a uno de los campus universitarios más extensos y espectaculares del mundo. Ser alumno y disfrutar de sus instalaciones es un extraordinario privilegio, aún y cuando el tránsito de las generaciones y el personal académico se normalice y se convierta en rutinario al paso del tiempo.
La idea y trazo original básicos son producto de una tesis profesional de tres jóvenes (ya casi arquitectos) encabezados por Teodoro González de León. Iniciada a finales de los años cuarenta, posiblemente es el gran proyecto del régimen Alemanista. Una realización que se califica como “magnificente”, toda vez que tiene el esplendor atribuible a las grandes obras.
El proyecto general de C.U. fue conducido por dos de los más destacados arquitectos de la época, Mario Pani y Enrique del Moral, así como por Carlos Lazo, el gran ejecutor. Cada obra, edificio o instalación estuvo a cargo de un equipo de profesionales con fama bien labrada. Dígalo o no, el costo que todo ello implicó al término de esa primera etapa en 1953. Si el Presupuesto de Egresos de la Federación rondaba los dos mil millones de pesos, el costo de toda esa importante obra significaba el 14 por ciento de esa cantidad. Una idea de lo que fue ese esfuerzo sería que, conservando la misma proporción y aplicándola al proyecto de presupuesto de 2027 (1.6 billones), significaría la asombrosa cantidad de 1.48 billones, cifra equivalente a casi tres veces el monto de las pensiones para adultos mayores, destinadas a alrededor de 13 millones de personas.
Al paso de los años, las sucesivas rectorías fueron acrecentando el espacio de instalaciones en el campus universitario. Así, fueron incorporados nuevos entornos en lo cultural, deportivo, la investigación y una sucesión de obras que han convertido a esas 730 hectáreas en un espacio envidiable para cualquier universidad en el mundo.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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