UNAM 475: Momentos extraordinarios / I
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Tal como lo expresó el rector de la UNAM al conmemorarse el aniversario 475 de la Máxima Casa de Estudios, el pasado 21 de septiembre: a) “No puede establecerse una línea de continuidad entre aquel organismo de 1551 y la institución de 2026”; b) La actual UNAM es “fruto de complejos procesos” en los que se encuentran avances, tiempos difíciles, acuerdos y controversias. Pero, al lado de estos elementos, como se dijo en la primera parte, también es posible encontrar sucesos, acontecimientos o situaciones que resulta oportuno recordar, particularmente para las nuevas generaciones de universitarios del país. Al acontecimiento descrito la semana pasada, titulado “La magnificencia de Ciudad Universitaria”, se añaden ahora tres momentos más.
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Estabilidad institucional: La universidad y sus rectores. La Real y Pontificia Universidad de México se establece en 1551 con las autorizaciones regias y papales ya mencionadas la semana pasada. Empieza a funcionar en 1523, pasa por cuatro clausuras y tres restablecimientos, para ser cerrada definitivamente en 1865 por Maximiliano. ¡314 años de vida institucional en los cuales fueron nombrados 316 rectores! Tal como lo consigna Humberto Musacchio, no se trata en todos los casos de personas distintas. Un buen número de ellos fue designado por un año, pero debería ser ratificado o renombrado en el siguiente o siguientes periodos. Durante el primer decenio, los nombramientos eran efectuados por el virrey y la audiencia. A partir de 1560, esa atribución correspondía al Claustro, siempre y cuando se efectuase antes del 10 de noviembre de cada año; de no ocurrir en esa fecha, “el nombramiento quedaba en manos del virrey”.
De acuerdo con la misma fuente, a partir de la fundación de la Universidad Nacional, en 1910, se tienen los siguientes datos: a) entre 1910 y 1929 hubo 17 rectores; b) desde esta última, comprendiendo la autonomía de 1929 y 1933, hasta 1944, hubo 15 rectores; c) a partir de la Ley Orgánica de 1945, cumpliendo ahora 81 años de vigencia, ha habido 19; d) en total, la UNAM ha tenido 51 rectores en once décadas y media.
Contradictoriamente (¿o será consustancial?), el mayor grado de autonomía institucional, presente en la ley de 1933, cuya vigencia se extendió hasta 1944, es el lapso en que se nombra al mayor número de rectores. Esta es una de las causas principales para que la Universidad Nacional haya pasado por, posiblemente, el mayor conflicto interno en su historia, el cual estalló en ese último año. ¡15 rectores en 15 años! De ahí la expresión de Alfonso Caso, el gran pacificador de ese conflicto: “Ningún hombre sensato aceptaría estar en ese cargo más de un año”.
Matrícula nacional e institucional. La matrícula de educación superior del país se mantuvo en estado larvario hasta 1970. Los gobiernos de la Revolución, a partir de 1921 con la creación de la SEP, así como los de algunas entidades federativas, establecieron universidades, muchas de ellas a partir de los Institutos Científicos y Literarios o Colegios Civiles establecidos a lo largo del siglo XIX. A esto contribuyó la ampliación del Sistema Educativo Nacional, particularmente a partir de 1959, con el “Plan de Once Años”, así como el explosivo crecimiento demográfico de los sesenta y setenta (3.4% anual).
Para 1970, aparte de la UNAM, el IPN o Chapingo, había 10 universidades estatales. A estas se sumaban 19 institutos tecnológicos dependientes de la SEP, establecidos en varias entidades federativas. La matrícula total en el país ascendía a 210 mil estudiantes. La UNAM, por su parte, contando bachillerato, licenciatura y posgrado, tenía 110 mil estudiantes matriculados.
La evolución habida en este más de medio siglo es la siguiente, en los ámbitos de matrícula nacional y UNAM (en sus tres niveles): a) año 2000: dos millones y 234 mil, respectivamente; b) 2010: tres millones y 300 mil; c) 2026: 5.75 millones y 375 mil; d) esta última cantidad se corresponde con los 105 mil estudiantes en bachillerato, 233 mil en licenciatura y 37 mil en posgrado.
Los dos modelos universitarios. La Universidad Nacional, aquella que se propuso fundar Justo Sierra en 1881, siendo diputado, y consiguiéndolo al fin como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, lo logra en 1910. En ese devenir de 116 años, la Universidad se ha orientado por dos concepciones (que aquí esquemáticamente se les denomina ‘modelos’) sobre su gobierno y el ejercicio de sus funciones básicas: una, la de Justo Sierra, y otra, la de José Vasconcelos.
Para Sierra, su idea es la de una universidad liberal, que profesa los valores de la ciencia, donde el contexto social es sólo el telón de fondo de su acción educativa. Como modelo, resume las ideas liberales que habían consolidado a la nación en la segunda mitad del siglo XIX. En esos términos, la Universidad sería un órgano del Estado con la idea de ser “el coronamiento de una gran obra de la educación nacional”, la que había emprendido el régimen de Porfirio Díaz durante 30 años. La nueva institución, aparte de “no separar los ojos del telescopio o el microscopio”, utilizando a ambos, debía además “nacionalizar la ciencia y mexicanizar el saber”. En eso consistía fundamentalmente su cometido social.
Vasconcelos, el undécimo rector de la Universidad Nacional, asume el cargo en junio de 1920, permaneciendo en el puesto durante 16 meses. En ese tiempo prepara el proyecto de la SEP e impone su impronta a la institución con una orientación diferente a la de Sierra. Así, “postula una universidad comprometida, que abraza las banderas de la Revolución y cuyas funciones se deben enlazar con causas populares y sectores sociales desfavorecidos”. En su toma de posesión como rector, se asume como un “delegado de la Revolución que no viene a buscar refugio para meditar en el ambiente tranquilo de las aulas, sino a invitaros a que salgan con él a la lucha, a que compartáis con nosotros las responsabilidades y los esfuerzos”. Con ese carácter, viene a la Universidad con un objetivo preciso: crear el ministerio que “transformaría el alma de México”. En resumen, el secretario Vasconcelos cuidaría que la Universidad estuviese al servicio de las “realidades sociales” y no del “saber abstracto”, de tal modo “que no se convierta en torre de marfil”… (y que los maestros) pongan su ciencia al servicio de los ideales de mejoramientos populares”.
La próxima semana culminará esta serie con dos o tres momentos más, así como con los comentarios de todo el conjunto.
Posdata. Terrible error que a un cajero de Aurrera no se lo hubiesen perdonado: el proyecto del presupuesto de egresos de la Federación 2027 no es de 1.6 billones de pesos; faltó un cero y el punto estuvo mal colocado. Lo correcto es ¡10.6 billones! (Muchas gracias al avezado lector que lo hizo notar).