Los desafíos para la UAA en su medio siglo

La próxima celebración representa un momento ideal para construir estrategias que continúen con su desarrollo en el futuro

La institución tiene sus orígenes en la Escuela de Agricultura, fundada en 1867.

En 2023 la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) cumplirá, formalmente, medio siglo de haber sido creada. Cuando nació, el mundo vivía todavía en plena Guerra Fría entre dos grandes superpotencias. México vivía aun bajo el régimen político hegemónico que, con sucesivos nombres, se organizó desde 1929 con un Estado intervencionista y un sistema político hiperpresidencialista y de partido casi único. En 1973 se expide la Ley Federal de Educación así como la que crea la Universidad Autónoma Metropolitana. El presidente Luis Echeverría visita diversas universidades públicas y, según su archivo digital, el 19 de junio acordó que se creara la UAA.

Algunas crónicas de la época informan que en sus orígenes los promotores del nacimiento de la UAA y el gobernador Francisco Guel Jiménez habían tenido encontronazos porque éste se habría opuesto a su fundación, o al menos eso era lo que se decía. Que se sepa, Guel nunca dio su versión de los hechos, pero en febrero de 2005 Humberto Martínez de León, entonces rector del antiguo Instituto Autónomo de Ciencia y Tecnología (IACT), aportó la suya y acusó a ese gobernador no solo de no haber sido promotor de la idea, sino de que la combatió, mantuvo la iniciativa de ley que creaba la universidad en la congeladora siete meses, padeció de “miopía histórica” y le escamoteó recursos económicos. No está probado si la presunta oposición de Guel Jiménez fue en realidad por falta de visión o por la fundada antipatía que sentía por Martínez de León, sino más bien parece haber existido otra razón: el gobernador temía que, en esos años, la naciente UAA se volviera un foco de activismo y de contaminación como ya lo eran la UNAM, o las de Guerrero, Puebla, Zacatecas, Sinaloa y otras más que, incluso, fueron espacios propicios para la guerrilla urbana que entonces surgió en México. Hubo otra divergencia que provino de algunos profesores opuestos al rector sobre un aspecto que se discutía a nivel nacional, en una época en que las izquierdas controlaban instituciones como las universidades de Sinaloa o Puebla, acerca de si el modelo departamental con el que estaba naciendo la UAA era “conservador” y no encajaba con la retórica de la “universidad popular” que estaba en boga.

En realidad, el nacimiento de esta institución fue el efecto, principalmente, de tres variables. Primero la necesidad de Echeverría de cicatrizar las profundas heridas causadas por la matanza estudiantil de 1968, mientras era secretario de Gobernación de Díaz Ordaz, abriéndole espacios a la inclusión de la juventud mediante la creación de numerosas universidades públicas o la ampliación y reorganización de otras. La segunda fue la astucia de varias personas vinculadas al IACT para convencer a Echeverría de abrir una universidad en el estado, y la tercera es que como esta última escuela ya operaba desde 1887, transformarse en una genuina institución de educación superior en el sentido moderno era un paso natural que habría sucedido tarde o temprano.

Crecimiento de la institución
En las siguientes cinco décadas Aguascalientes se transformó. De 338 mil habitantes que tenía en 1970 pasó a casi 1 millón 500 mil en la actualidad. De una población fuertemente rural hoy el 84 por ciento vive en áreas urbanas, principalmente concentrado en la capital del estado. De una economía asentada en el sector primario a otra en donde los sectores comercial, industrial y de servicios representan ya más del 96 por ciento del PIB estatal; de una composición demográfica en la que solo el 4 por ciento de los residentes eran no nacidos en Aguascalientes a otra en la que más del 25 por ciento son inmigrantes llegados de diversas partes del país. A junio de 2022, el estado exhibe indicadores razonablemente positivos. En el Índice de Progreso Social ocupa la tercera posición a nivel nacional; en el de Competitividad Estatal está en el sexto lugar; en Estado de Derecho también en el sexto sitio; es la quinta entidad con mayor aumento en el ingreso laboral y aporta 1.4 por ciento al PIB nacional.

En particular, su sistema educativo también ha crecido a gran velocidad. De acuerdo con las cifras oficiales (2020-2021) en la educación superior la cobertura estatal alcanza 44.5 por ciento y la tasa de absorción es de 91.6 por ciento, en ambos casos por arriba de la media nacional. Por su parte, en estas décadas la UAA ha aumentado su población escolar de 2 mil 382 alumnos a 20 mil en todos los niveles; sus programas crecieron de nueve licenciaturas en 1975 a 63 en la actualidad, y de tres profesores de tiempo completo ahora cuenta con 366 docentes en esa modalidad. Por donde quiera que se vea, la de Aguascalientes y su principal universidad pública es una razonable historia de éxito.

Sin embargo, es hora de pasar a una nueva etapa en el diseño, la formulación y la instrumentación de una estrategia de consolidación y crecimiento para los próximos cincuenta años, entre otras razones porque el estado, el país y el mundo han cambiado, y estamos ingresando a una fase donde la educación superior y la economía estarán dominadas irreversiblemente por la emergencia de una economía y una sociedad del conocimiento que en muchos sentidos modificó el paradigma al que estábamos acostumbrados y ahora parece haber un abanico donde hay más interrogantes que respuestas.

El trabajo por hacer
Hay, desde luego, numerosas asignaturas pendientes. Unas van por el lado de impulsar el posgrado de verdadera calidad y vincular de manera mucho más estrecha y eficiente la actividad de investigación de las universidades a la innovación, la productividad y el desarrollo integral. Otras se orientan hacia una verdadera reingeniería en las formas como están estructurados los planes y programas de estudios de las universidades para pasar de una arquitectura rígida predeterminada, con una interacción docente-alumno vertical, un horizonte temporal fijo para la duración de las carreras y una desvinculación con las prácticas del mundo real del empleo y la actividad económica a otra mucho más flexible, con capacidad de hacer adaptaciones rápidamente, en donde el estudiante pueda desplegar todo su potencial de imaginación, creatividad, autonomía y emprendimiento, de acuerdo con sus propios intereses profesionales y vitales. Dicho de otro modo: entender que un enfoque distinto lleva, como señaló Fernando M. Reimers, “a hacernos la pregunta no de qué graduados necesita el mercado para satisfacer las necesidades actuales, sino más bien qué industrias y puestos de trabajo podríamos crear en esta región, dadas sus ventajas comparativas, si tuviéramos el talento adecuado”.

En ese sentido, es crítico reorientar las estrategias y líneas de acción que faciliten hacer de la formación de talento, el desarrollo científico y tecnológico y la innovación, los pilares para un progreso sostenible; promover un nuevo enfoque, más riguroso y selectivo, de la investigación aplicada que realizan las instituciones de educación superior; apoyar a los grupos de investigación existentes y fomentar la creación de nuevos en áreas estratégicas o emergentes y ampliar la cooperación internacional con el fin de enriquecer la información sobre experiencias exitosas e intercambios complementarios. En todos estos casos, habrá qué pensar cómo instrumentar estas acciones por fuera de los pocos programas gubernamentales federales que aún permanecen, y explorar una combinación de mayores recursos privados, internacionales y, eventualmente, subnacionales, en los casos de estados que tienen una base industrial y manufacturera importante, orientada a la exportación, como es el ejemplo de Aguascalientes, Nuevo León o Querétaro, por citar unos cuantos.

La celebración de las cinco décadas de la UAA puede ser un escenario ideal para promover una conversación sensata y realista, pero también innovadora y visionaria, sobre cómo construir un modelo mejor para la educación superior y la ciencia que responda a las diversas necesidades del estado y la región en esta primera mitad del siglo XXI. Si Aguascalientes, y de hecho todo México, quiere participar de manera más potente, productiva, justa, incluyente y competitiva en la economía nacional e internacional debe hacerlo con una estructura más sofisticada que genere mayor valor agregado, contenido tecnológico y científico, así como innovación basada en el conocimiento, en la cual la educación superior, la ciencia y su espacio natural, las IES, tienen una función central.

Sobre la firma
Otto Granados Roldán
Presidente del Consejo Asesor de la OEI. Chen Yidan Visiting Global Fellow de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard. Ex secretario de educación Pública.

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