La escritora Laura Sofía Rivero aparecerá, junto con nueve autoras, en los billetes de lotería, a propósito del próximo sorteo del 8M
La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.
Dylan Thomas
Bolsas que guardan bolsas, el observador observado. Una narrativa. ¿Aguinaldo al infinito o endoscopia a un caleidoscopio? Acechar el olvido, preguntar por la democracia, diseccionar la mojigatería, ponderar el recato, repensar la modernidad, desmitificar el pudor, cuestionar la redondez de las canicas, encuestar telescopios para conseguir un manifiesto sideral, ¡todo!, hasta lograr una Tomografía de lo ínfimo.
“Las cosas diminutas no necesariamente son pequeñeces. La humanidad se cifra en las moronas, las células y las pelusas. Son colosos el amor, el tiempo y la muerte; ¿pero qué no acaso está también la pasión en un roce? ¿O la perfección de Dios en una canica?”
Así escribe Laura Sofía Rivero, quien con sus esplendentes 31 años estará junto con nueve escritoras más, en los cachitos de lotería, a propósito del próximo sorteo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Sofía en su “Minifacio” de Tomografía de lo ínfimo, nos redimensiona: “Lo ínfimo podría importar muy poco, pero hasta el Titán está compuesto por átomos”. Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho, pudiésemos jugar en algún ensayo; aquí lo adelantamos, la literatura es profundamente divertida; es decir, emana de lo diverso.
En este momento, en esta época quiero preguntar: para hacer arte es igual de valiosa la inspiración que pueden ofrecer las pléyades que las pelusas, es importante cuestionar la pleitesía como al pentágono; si se quiere ensayar, se puede hacer sobre la importancia de la poiesis y como de las pollerías en las urbes; es verdad que en ocasiones puede resultar más estimulante la aliteración que la crítica literaria.
Entramos a un tiempo bello, a principios del siglo pasado, La belle Époque, el umbral que permite el paso de la urdimbre que nos habrá de tejer. Gana la libertad, sostiene la voz de las mujeres a los pueblos, empezamos a desempolvar el prejuicio secular. Dios ha dejado las iglesias, otra vez, anda por todas partes.
“Las excrecencias y el sexo son de una misma naturaleza. Animalidades gemelas que han seguido caminos distintos en nuestra edificación de la cultura”, nos dice la también autora de Dios tiene tripas. Meditaciones sobre nuestros desechos. “El pudor, como el baño público, es hipócrita”, ensaya, y permítanme: ensaya bien.
Que esbelta, que delgada, que fresca; más que como espiga, como agua la literatura de Laura Sofía fluye por causes insospechados, con óptica tan auténtica como colectiva. Lean nada más: “Todos hemos tenido que soportar con resignación la poca privacidad que nos ha sido negada por la fatal coincidencia de nuestra vejiga con otra igual de ansiosa. No somos únicos ni en los ritmos de nuestras entrañas”.
Con ese ojo o con ese oído, no lo sé, pero con esa sensibilidad se puede escribir una “Imprecación contra los baños públicos”, una “Meditación sobre las uñas”, y decir de ellas, de las uñas que, “son gorritos de piel endurecida, calcio y queratina fosilizados”.
Bolsas que guardan bolsas
Sentir en el éxtasis el fluir de la vida, al tener la certeza de que “el polvo rasguñado por la escoba es nuestro cuerpo desmoronado en células muertas más pequeñitas que los granos de sal”; saber que “existir es dejar polvo y regar cabello por donde se pasa. Es transformarse; mudar de piel y no notarlo.”
Lo de Sofía es el ensayo, pero de un modo redimensionado; ensaya sobre nuestras experiencias vitales modernas, los títulos de sus ensayos no son los grandes temas, ellos juegan a provocarnos, son la celada de Baudelaire: la inmensidad es una dimensión íntima.
Pregunto. En un futuro se podrá hablar de economía circular sin considerar cabalmente que “el desperdicio es útil para formar el rostro de un hogar, casa donde el plástico renace y se almacena dulcemente en las bolsas que guardan bolsas, epítome de la resurrección del desecho”.
Sigo preguntando, si uno ha desinstalado Tinder, “a pesar de que hemos hecho del cuerpo un estandarte político o una piltrafa que pasa de mano a mano y boca a boca, todavía guardamos cierto respeto al recato”.
Aquí, se considera cabalmente que todo proceso creativo es oscuridad traída a la luz y como dijera Borges: siempre hay merma; o como planteara, en otrora, la subcomandanta Ramona, sobre la doble discriminación, ser mujer y ser indígena; en este caso, ser mujer y ser escritora. Ellas son la Revolución.
“La enfermedad nos da luz sobre nuestro cuerpo. Enfatiza el milagro de la salud, la confortabilidad de la vida en la carne y la grasa”, lo dice la hija que cuida de sus padres, la compañera que sabe a sus amigas madres, que gran país.
Su gente, en el garlito de las redes sociales que “solicitan la información de nuestras preferencias sexuales, antiguas escuelas, número de teléfono móvil, casi una muestra de orina y una resonancia magnética para difundirlas a los otros y perfilarnos con tal de vender su publicidad. Parece no existir espacio alguno para la convivencia solitaria”.
En América Latina debemos poner un alto a la subordinación voluntaria y, a que la privacidad se vuelva un lujo. Subrayadas estas escritoras son punta de lanza. Laura Sofía Rivero es una, son diez. Enhorabuena. Comenzamos a difundir el trabajo de estas talentosas escritoras contemporáneas de México; desde aquí: un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas