“El siguiente lector del Quijote será siempre el primer lector del Quijote”.
Fuentes.
La semana pasada, el miércoles 15 de abril, conmemoramos el Día Mundial del Arte, y este jueves 23, el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor; sobre ello, estas breves y siempre inacabadas líneas.
Al crear una forma de realidad desde el arte —un cuento, un cuadro, una cumbia o un metal sinfónico—, la Creación (con mayúscula) no tiene forma de escapar de lo creado con minúscula. Lo que creamos se adhiere a la realidad total. Necesariamente, dialoga, ya sea con el polvo de la bodega o con una imaginación que alumbra, de esas mentes que generan ideas de otras ideas: vida que coincide.
Para coincidir, en especial con el arte, necesitamos tiempo y un espacio a solas. Quizá los conciertos sean la excepción y sean capaces de generar una energía colectiva sincronizada, esa energía que nos hace hervir la sangre y erizar la piel.
Para las demás expresiones artísticas, usualmente se requiere un espíritu tranquilo y un ánimo receptivo. Nadie disfruta una película desde el fastidio. A veces —veces que no son excepcionales— uno transmuta en el camino de la contemplación artística.
Dejas de pensar que llevas horas de pie viendo cuadros, para dejar que suceda la epifanía, la eureka por la cual valió la pena. Ese color, ese tono, es parte de ti y lo estabas buscando; por un momento, todo es sosiego.
Durante la película, durante la lectura, encuentras “el momento”. Es ese fragmento de canción por el que de pronto salimos y pisamos con fuerza el mundo. El gatillo que nos dispara y nos encuentra.
“No hay tradición que persista sin la creación”, aseguró Carlos Fuentes en la Cátedra Alfonso Reyes. Para que lo antaño ancle sus raíces, se presenta como necesaria la regeneración, la nueva apuesta, la visión que reta.
De cierta forma, el muralismo —en México— no se hubiese afianzado sin “la ruptura” de Cuevas, como el realismo mágico de Márquez o de Elena Garro no hubiese sido posible sin el modernismo de Darío.
Le debemos muchísimo al ser histórico, todo el aprendizaje adquirido por la humanidad, el cual, hasta hace dos minutos (20 años), se encontraba en los libros; nuestra lengua, por ejemplo. Dice el poeta francés Mallarmé que todo lo que pasa sucede para que llegue a un libro. Lo crecemos: a una sinfonía, a un cuadro, a una película, carajo, incluso a una foto.
Resonamos.
Si en todo lo creado está el mismo Creador, pues creación y Creador son indisolubles, lo que captura una foto es la luz del Creador; como se dice en “Despertando a la vida” (2001), de Linklater, la creación busca, a veces sin saberlo, poner a la tercera mirada de cara al Creador, a través de un particular momento y lugar.
No es casual que aún nuestra actual idea de infierno provenga de Dante, así como nuestra idea de cielo emane del Renacimiento. Resonamos. El arte no es la gota que derrama el vaso, pero sí el que lo fomenta con el mismo afán con el que busca la belleza y, si ustedes me permiten, la verdad. La verdad, aunque sea por una ficción.
Un trazo, un acorde, una línea siempre será presagio a los ojos y oídos de quien escucha música, lee un libro, contempla la tarde o ve una película. La promesa de la mano de Dios siempre será la promesa de mi mano, dice Whitman. Ya estaba en mi mano; hacemos la consideración.
De alguna forma, el destino tenía pactado ese momento. Muchas veces la belleza y el arte no se buscan; ellas nos encuentran para recordarnos el olvidado asombro de estar vivos, como diría Paz.
Lo que leo se escribió en un pasado que ya estaba esperando. Sintaxis. El arte es sintaxis. La vida es sintaxis; advierto que por ello Derridá dice que la realidad es textual. Saber que hay varias formas de jugar con el tiempo.
Cada átomo de mí mismo es tuyo también, decía Whitman. Resonamos cuando entendemos que en “las orquídeas descansa la vida”.
Las luchas del arte
Nos repetimos. Decía Imanol Ordorika que un programa pedagógico siempre es un programa político. Lo mismo sucede con el arte. “El arte siempre cumple con una función social”, decía Carlos Fuentes, nuestro golden man mexicano, Pedro Pascal de los ochenta, quien solía hablar de la tragedia y vio morir dos hijos.
El artista sabe que el dolor del mundo siempre será más grande que sus propias congojas y que sus congojas pueden ser el dolor del mundo. Siempre “mati” (náhuatl). Siempre sabe y siente que su felicidad es un camino para sí mismo, más que un éxtasis compartido.
Postura y lenguaje. Muchas veces es complicado asimilar esa postura y ese lenguaje, pero cuando lo entendemos, decimos: resonamos.
El artista puede buscar a la izquierda, a la derecha o el de la pretensión más elevada: a la belleza por la belleza misma, joder, a la verdad misma. ¿Qué fotoreportero no dice: «Esto es lo que en verdad pasó»?
“La polis solicita nuestra actividad”, me pedían Fuentes, y en esta entrega lo citamos abundantemente. En fin, la polis solicita nuestra actividad, no “poesía de manteles verdes”, como sugiere Sandino Buccio.
He visto a las mejores mentes de mi generación hacer magia; sé que gran parte de ello es por —aun sin querer— buscar el momento en que los miro. Bien mirado, ayer también fue el Día Internacional de la Madre Tierra; por ello, el siguiente colofón. En el arte y en la vida, más vale que uno se repita a que uno no suceda.
Rematamos con el tan solicitado Fuentes: “Que el precio del libro no sea un obstáculo para leer en un país empobrecido”. ¿Se han dado cuenta de la cantidad de libros que se han obsequiado? La colección 25 para el 25, por ejemplo. Dicen que quieren adoctrinar, pero con esta cerramos:
Transformar desde las bases de forma pacífica, pero insurgente, también podría ser una definición de arte; hoy día, es Conafe.
Colofón
Entre el Día de la Tierra y el Día del Libro, pienso en la obra de la vida, en el texto cósmico, en la sintaxis celeste, en el idioma de los árboles, en los morfemas de los insectos, en los grafemas de las jirafas, en los acentos de las jitanjáforas, en los pronombres de los cerdos, en la traducción de los credos; la ortografía del aire: la edición de la mar que publica todas las tardes para el sol en su alfabeto de crepúsculo primigenio.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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