El mundo es lo que acontece.
L. Wittgenstein.
“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quien se niega el día, para quien es regalo la muerte, para quien está prohibida la vida.”
México parecía consolidado en su modernidad a través de la firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC) —hoy T-MEC—; no obstante, el primero de enero de 1994, con Carlos Salinas de Gortari en la Presidencia de la República, surgió un movimiento de insurrección indígena que llamó la atención del mundo entero.
Nos referimos, por supuesto, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), quienes tomaron, en esa hora del mundo, la bandera del zapatismo. Emiliano Zapata, por cierto, fue asesinado un 10 de abril, pero de 1919. Veamos.
En 1994, el subcomandante Marcos —hoy subcomandante Galeano— subrayaba cómo la población indígena de México, en aquel entonces, sufría 15 mil muertes al año, producto del abandono, la desigualdad y la injusticia.
Libertad y democracia; salud y educación. ¡Justicia! Esas eran, y son aún, sus demandas. Desde la Primera Declaración de la Selva Lacandona, rescataban el planteamiento original de Emiliano Zapata:
“Nosotros daremos la vida a una sola lucha… con la fuerza de nuestro corazón… venzamos a aquellos que de nuevo se han encumbrado; a los que ayudan a quienes han quitado tierra a otros; a los que para sí gran dinero hacen con el trabajo de los que son como nosotros; y a aquellos burladores en las haciendas: ése es nuestro deber de honra, si nosotros queremos que nos llamen hombres de buena vida y, en verdad, buenos habitantes del pueblo.”
Setenta y cinco años después de la muerte de Zapata, ellos, los nuevos zapatistas, desde los altos de Chiapas, declaraban:
“Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.”
La tierra es la madre. Es nuestra identidad. Tiene que ver con agricultura y sustento, ¡sí!, pero vamos a preguntarle a un astronauta: de ella también emana el aliento.
Si Zapata viviera, posiblemente les diría a los del EZLN, como Miguel Hernández en “Nanas de la cebolla” interpretada magistralmente por Serrat, que ellos también son vencedores de las flores y las alondras, rivales del sol por venir de mis huesos y de mi amor.
“La tierra también es aire
que, hecho viento, sube y baja
por las montañas.”
Cada lengua es una forma de pensar. La comprensión y conexión con el entorno están implícitas en ella:
“Lagunas y lluvias
se hacen en nuestras siembras.”
El asombro de la transformación ante el ojo humano que corre, como el entorno en sí, hacia la muerte. ¿Nosotros daremos la vida a una sola lucha? ¿Por qué pelear? Ya lo dijimos.
¿Quién tiene que pedir perdón y quién tiene que otorgarlo?
“¿De qué nos van a perdonar?
¿De luchar? ¿De no rendirnos?
¿De no traicionarnos?
¿Quién tiene que pedir perdón y quién tiene que otorgarlo?”
La muerte cotidiana
“Los que durante años y años se sentaron en una mesa llena y se saciaron,
mientras con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra.”
Más adelante, cualquiera diría:
El mundo es apenas un oasis que se condena
—una idea de progreso que tiembla—,
donde hay unos que están jodidamente saciados
y otros que están solamente jodidos.
Como los que tapan con cañones sus oídos. Máscara y eslogan: Marcos somos todos. Al ser sincero, no considero que haya sido marketing el cambio a subcomandante Galeano; en la próxima quizá revisemos algunas frases. Ahora:
Mujeres
“Ya vamos a ser más; a veces dilata, pero sí vamos a ser más… ellas son nadie, como ninguno de nosotros lo es… por eso hay tantos feminismos como tantas mujeres.” La ideología se fragmenta, se dispersa, se atomiza.
“¡En la matérnida!”, le decía Lupe a Héctor. Si el zapatismo tuvo necesidad de renacer, es por la misma causa que el feminismo: la discriminación. La subcomandanta Ramona advertía de la triple discriminación: haber nacido mujer, indígena y pobre.
Por eso el arte, muchas veces, es liberador, 24 años después del alzamiento del movimiento zapatista, apareció en 2018 la película de Alfonso Cuarón: Roma ¿Por qué el “establishment” integró a Yalitza Aparicio? ¿Es mujer? ¿Es indígena? Sí, a las dos.
Al haber sido adoptada por el “establishment”, ahora hasta la admiramos, y aunque esté bien hacerlo —ese no es nuestro tema— eso no subsana la deuda histórica con nuestros pueblos originarios, pero como los acuerdos de San Andrés Larráinzar, hace parecer que sí; y esto lo sabe la ingeniería social, el grueso de la discriminación no surge a partir del marco legal, sino del cultural.
El colofón de Chairez
En “Revolución”, Fabián Chairez proyectó (sobre Zapata, ese gran paréntesis) su plástica; Marcos o Galeano, rescató la poética en medio de un alzamiento armado. Zapata da mucho que decir y estoy seguro de que lo seguirá haciendo.
En fin, “si Zapata viviera”… solo quienes han asistido a manifestaciones públicas en México saben cuál es el siguiente estribillo. Son nuestras breves y tropezadas líneas para conmemorar “Al General”. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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