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Luis Echeverría y la Educación Superior

Más recordado por hechos como el 68 en Tlatelolco y el jueves de Corpus, poco se ha hablado de su trabajo en el desarrollo de este nivel educativo

En este país no hay objetividad ni hay perspectiva histórica. Hay filias y fobias. Hay que hacer el análisis de los procesos históricos y tratar de explicarlos”. La frase es de Porfirio Muñoz Ledo, emitida en la magnífica entrevista que días atrás le hizo Guadalupe Irizar (Reforma, 23 de febrero). Viene al caso por la resonancia en medios que, toda la semana pasada, ocasionó el centésimo aniversario del ex presidente. La casi totalidad de notas y artículos a él dedicados se refirieron mayoritariamente a su actividad y responsabilidades políticas derivadas de sus cargos de subsecretario de Gobernación (con énfasis en el año de 1968 y Tlatelolco) y de la jefatura del Poder Ejecutivo Federal (principalmente los acontecimientos del jueves de Corpus de 1971). Poco o casi nada se aludió a otras acciones gubernamentales de ese periodo. Aquí, en estas líneas, pretendo evocar sucintamente algo de lo realizado en materia educativa y especialmente en el nivel Superior.

Desde la campaña electoral, la educación tuvo un espacio relevante. En uno de sus discursos (noviembre 1969) se resume esa importancia: “En las primeras semanas de mi ejercicio constitucional propondré al país un radical cambio en las estructuras educativas”. En la toma de posesión reiteró el mensaje. Congruente con ello, de inmediato la SEP integró un grupo de 432 especialistas en lo que denominó Comisión Coordinadora de la Reforma Educativa (CCRE). Dentro de las varias subcomisiones en que se dividió dicho grupo estuvo el correspondiente al nivel superior. Para junio de 1971 los trabajos estaban concluidos y se echaban a andar las recomendaciones de ahí emanadas. Se tenía ya un antecedente muy valioso: la fundación y entrada en funciones del Conacyt en los primeros días de diciembre de 1970, cuyos programas de becas y financiamiento de programas de investigación e innovación constituían potencialmente un impulso directo a ese mismo nivel educativo.

Las nuevas políticas educativas implantadas en ese sexenio tuvieron una referencia a lo emanado de la CCRE pero, sobre la marcha, se fueron adicionando otras. Un resumen de lo realizado destacaría tres ámbitos: número de instituciones, matrículas y financiamiento. Por lo que se refiere a lo primero, de las 70 IES públicas que había hasta 1970 se llegó a 200 en 1976, más 80 particulares. Un ejemplo representativo del avance se tiene en los Institutos Tecnológicos Federales: de 15 existentes hasta 1969 se alcanzaron 51 en 1975. Por lo que se refiere a universidades, aparte de la creación de la UAM, la transformación a autónoma de la Universidad de Chapingo, o el notable incremento en el IPN, la SEP apoyó, junto con ANUIES, la creación o elevación de Institutos a 10 universidades estatales.

La matrícula de la educación superior ascendía, en 1970, a 210 mil estudiantes; para 1976 llegaba ya a 580 mil. Frente a la población de la época. Esa cifra significaba un 5.2 por ciento de cobertura o satisfacción de la demanda. Entre 1970 y 1975 la educación pública del país creció en un aceleradísimo índice anual promedio de 17 por ciento, fenómeno que no se ha repetido. Además, dicha matrícula se concentraba en un 88 por ciento en establecimientos públicos y 12 por ciento en particulares.

Por lo que corresponde al financiamiento, las asignaciones federales a las instituciones fueron espectaculares. Se levantó el “castigo” a que habían sido sometidas durante el sexenio anterior y, tanto las IES federales como las estatales, tuvieron incrementos notables. Estos últimos que representaban el 20 por ciento, en promedio de sus presupuestos, vieron elevada su proporción a un 50 por ciento en 1975. A precios corrientes, el subsidio federal ordinario se multiplicó a un ritmo de 24 por ciento anual. Para contender con ese crecimiento acelerado de matrículas fue necesario realizar algo similar en los dineros: el Presupuesto de Egresos de la Federación consignó cantidades equivalentes al 0.74 por ciento del PIB para el subsector, proporción nunca antes alcanzada hasta este momento. El dato actual es de 0.57 por ciento.

La obra educativa en el nivel superior de ese sexenio tuvo tres artífices: Víctor Bravo Ahuja, Roger Díaz de Cossío y Jaime Castrejón. El primero de ellos, titular de la SEP, se jugó su puesto cuando el proyecto de la Universidad Autónoma Metropolitana estuvo a punto de ser desplazado por un programa nacional de capacitación y adiestramiento promovido por el secretario del Trabajo, Porfirio Muñoz Ledo. Pero esa es otra historia…

Carlos Pallán
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com

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