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Humanista de tiempo completo: Edgar Morin, Honoris Causa por la UACH

Pensador revolucionario y fuera de serie, el filósofo sigue siendo ejemplo de lúcida inteligencia y de meridiano juicio crítico

El virus ha desenmascarado esta ausencia de una auténtica conciencia planetaria de la humanidad. E.M.

Estudioso y lector agudo de la obra de los grandes enciclopedistas del siglo XVIII, el notable filósofo y sociólogo francés ya centenario Edgar Morin (París, 1921) ha contibuido a marcar con ideas visionarias el que debiera ser el curso de la educación ––volverla a su esencia humanista–– contemporánea. Hijo único de judíos griegos de ascendencia italiana, su formación ha estado marcada por su apasionado amor a los libros y a la lectura, por una clara conciencia social que desde la adolescencia lo motivó a hacerse solidario con la causa republicana en España y atender con precoz hondo juicio crítico otros movimientos libertarios en el mundo.

De talante librepensador, como sus distantes maestros dieciochescos, ha confesado tener de igual modo otras pasiones que de alguna manera lo han acompañado desde su “infancia enfermiza”, entre otras, la poesía, la música, la aviación y hasta el ciclismo que disfruta ver en esos “despiadados tours donde se pone a prueba el temple humano”. El cine ha sido punto y aparte, porque además se ha hecho un gran conocedor y especialista del séptimo arte, que mira como una realidad estética, pero igual como ventana de reflexión social donde han cabido sus originales filiaciones surrealista y socialista (Lévi-Strauss y Marcuse son, de alguna manera, almas gemelas), de ahí atípicos y aleccionadores libros suyos como El cine o el hombre imaginario y Las estrellas: mito y seducción del cine.  

Licenciado durante la guerra en historia y en derecho, se unió a la Resistencia como miembro del Movimiento Nacional de Prisioneros de Guerra y Deportados y participó en las fuerzas francesas de defensa. Ligado al gran André Malraux de La condición humana cuando su nombre de firma se desprendió accidentalmente del de uno de sus personajes, participó activamente en la liberación de París de agosto de 1944, acto que marcaría su afanosa filiación política signada por su talante liberal y crítico, sin más compromiso (de ahí su expulsión del Partido Comunista en 1951, por publicar abiertamente sus ideas) que por la democracia, la equidad, la justicia, la libertad y el respeto irrestricto a los derechos humanos.

Miembro muy activo del Centro para Estudios Sociológicos y del Nacional de Investigación Científica, desde su primer libro importante El hombre y la muerte, de 1951, hace ya una declaratoria de cuál sería el rumbo de su pensamiento. Uno de los cuatro líderes del Comité contra la Guerra de Argelia, su vínculo con la figura señera de Albert Camus corrobora la integridad ética de este valioso pensador que en su largo y vigilante transitar tanto anímico como intelectual ha protagonizado importantes movimientos dentro y fuera de Francia. Su accionar y su obra han sido un claro reflejo de ello, siempre con convicción y con probidad, como se deja ver en otros títulos nodales suyos como Crónica de verano, El paradigma perdido: La naturaleza humana y Mis demonios.  

Desde la década de los sesenta Edgar Morin inició de igual modo una estrecha colaboración intelectual y académica con Latinoamérica que desde entonces tiene en el radar de sus intereses y preocupaciones. No sin romper paradigmas e inercias, y sin poder dejar de enfrentarse a otros académicos e intelectuales más conservadores, por esos años de igual manera consolida su revolucionario sistema de ideas que desembocaría en el denominado “pensamiento complejo” o “tesis de la transdisciplinariedad”, donde el concepto de conocimiento pertinente o enciclopedante delínea muy bien el carácter hondamente humanista de su obra (he ahí La inteligencia de la complejidad). Agudo vigilante de la revuelta estudiantil del mayo francés, en un 1968 que fue parteaguas en el mundo, su reflexionar al respecto abonaría tras el trazo de una teoría que ha sido determinante en la construcción de una conciencia educativa más acorde a los tiempos que vivimos y por venir.

Honoris Causa ahora por Multidiversidad Mundo Real Edgar Morin y la Universidad Autónoma de Chihuahua donde sus ideas han influido notablemente en la conformación de su nuevo modelo de Renovación Desarrollo Sostenible ya aquí expuesto, en su breve pero profundo discurso de aceptación desde Marruecos, como lúcido ciudadano del mundo que sigue siendo a sus cien años, puso especial énfasis en cómo la unificación técnico-económica del mundo se ha hecho más visible de frente a la emergencia del coronavirus, porque la interdependencia entre los países no sólo no ha provocado un real progreso en la conciencia y en la comprensión entre los pueblos, sino que ha desatado formas de egoísmo y de ultranacionalismo más enconados, sin una real cabida de fraternidad y sí en cambio la presencia siempre nociva de un miedo generalizado al futuro. Frente a este abismo, el arte y en particular la poesía han representado siempre un aliciente, como lo deja ver en su hermoso libro de auto reconocimiento Amor, poesía, sabiduría.

Un pensador revolucionario y fuera de serie, el centenario Edgar Morin sigue siendo ejemplo de lúcida inteligencia, de sorprendente creatividad, de meridiano juicio crítico, de contagiosa vitalidad, y oírlo hablar apasionadamente sobre el deterioro de la biosfera, la crisis de la democracia, el aumento de las desigualdades y de las injusticias y la propagación de nuevos autoritarismos demagógicos, nos demuestra que sigue tan comprometido con sus ideales y la erradicación de los grandes males como cuando era un muchacho.  Entonces su apuesta sigue estando en el papel problematizador de la enseñanza, en sabio equilibrio entre las ciencias y las humanidades, estimulando el espíritu crítico y autocrítico de los alumnos, su insaciable curiosidad, su conciencia reflexiva (un inaplazable llamado al respecto constituye Los siete saberes para una educación del futuro), conforme se ocupa de vidas humanas y de ciudadanos pensantes capaces de salvar lo que como condición hemos alterado: “Habremos aprendido algo en estos tiempos de pandemia si sabemos redescubrir y cultivar los auténticos valores de la vida: el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad”.

Acerca del autor

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Mario Saavedra
Escritor, periodista, editor

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