El secretario General Ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies), Dr. Luis González Placencia, afirmó que a pesar de los continuos esfuerzos por fortalecer la integración regional, la consolidación de una política común en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en América Latina y el Caribe enfrenta profundas trabas estructurales.
Al participar en el Panel: “El Conocimiento como bien común. Una agenda de cooperación para América Latina y el Caribe”, resaltó la necesidad urgente de integrar las humanidades y superar los enfoques tradicionales y aislados para enfrentar los retos globales actuales. Argumentó que las problemáticas modernas, como el agua, la seguridad y el medio ambiente, forman una policrisis compleja que exige soluciones transdisciplinarias en lugar de visiones estrictamente disciplinarias. Asimismo, destacó la importancia de un debate epistemológico y político que fundamente estas acciones desde una perspectiva progresista y comunitaria.
El Dr González Placencia subrayó tres grandes obstáculos que dificultan la puesta en marcha de proyectos conjuntos y sostenibles entre instituciones:
1.-Trabas burocráticas internas, las cuales representan la barrera más compleja de superar. Cada institución define sus propias prioridades y visiones administrativas lo que complica la adopción de acuerdos compartidos, por lo que se planteó la necesidad de flexibilizar y reformular leyes orgánicas y reglamentos para adaptar las normativas a las exigencias de los convenios internacionales, sin generar situaciones de armonia.
2.-La diversidad y el constante cambio en las orientaciones políticas de los gobiernos regionales -pasando de agendas progresistas a posturas conservadoras que en ocasiones muestran escepticismo hacia la academia- las cuales condicionan el avance científico. Frente a esto, propuso construir una agenda científica y universitaria regional desde las bases, que opere por debajo de las dinámicas de gobierno de turno y mantenga su independencia ideológica.
3.-Si la obtención de recursos a nivel local es compleja, acceder a fondos internacionales de largo plazo resulta aún más difícil. El titular de la Anuies manifestó que la escasez de financiamiento continuo impide sostener iniciativas científicas que trasciendan los periodos gubernamentales y las agendas políticas coyunturales.
Por otro lado, recalcó que las asociaciones universitarias de la región ofrecen un espacio fundamental para que las instituciones aborden sus preocupaciones mediante soluciones conjuntas y agregó que aunque existen redes avanzadas como ENLACES, es necesario superar las barreras geográficas y otorgarles una dimensión más estratégica y colaborativa. Por ello, resulta indispensable que redes ya constituidas como la Agencia Regional de Cooperación en el Conocimiento en América Latina (ARCO) impulsen la diplomacia científica y coordinen el trabajo simultáneo de múltiples grupos especializados, en lugar de limitarse a repetir diagnósticos conocidos. Las universidades deben concentrarse en diseñar respuestas prácticas que logren un impacto contundente a nivel local y continental.
Durante el panel moderado por el Dr. Axel Didriksson Takayanagui, académico e investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE de la UNAM), la Dra. Liza Elena Aceves López, directora General de Apoyos y Becas para la Comunidad Científica y Humanística de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), precisó que se deben abordar los desafíos actuales para construir agendas regionales de educación superior y conocimiento como un bien común en América Latina.
Destacó que a pesar de las barreras y la escasez de recursos financieros, se propone que las universidades y los actores subnacionales asuman un rol protagónico. Esto se lograría si se pasa de una simple enumeración de temas a una estrategia enfocada en problemáticas locales concretas que reflejen las necesidades reales de cada país.
Subrayó la urgencia de construir una agenda a largo plazo basada en la interoperabilidad y en datos de acceso público y cuestionó la perspectiva individualista de la ciencia, recalcando que el conocimiento debe concebirse como un bien común y no como un recurso exclusivo para la gratificación académica o el lucro privado.
Por su parte, la Dra. Carolina Santacruz Pérez, integrante del Consejo Internacional de Ciencias, comentó que este organismo funciona como la red científica global más extensa, tras fusionar en 2018 las disciplinas naturales y sociales para enfrentar épocas de policrisis. Desde su oficina regional en Bogotá, indicó que esta entidad promueve la diplomacia científica para conectar de manera efectiva el conocimiento académico con los tomadores de decisiones gubernamentales.
Explicó que ante las limitaciones presupuestarias, resulta imperativo superar la fragmentación regional mediante la integración transdisciplinaria y el intercambio de buenas prácticas financieras. Asimismo, dijo, es fundamental establecer prioridades temáticas en áreas estratégicas como la biodiversidad, la bioeconomía y la gestión oceánica.
Finalmente, enfatizó que el fortalecimiento de la infraestructura compartida y la confianza mutua consolidan a la ciencia como un bien público global indispensable para el desarrollo sostenible.