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La Pandemia: Lecturas y Recuerdos / XII

En este 2020 se cumple medio siglo de haberse editado por la UNAM La Planeación Universitaria en México, un libro pionero en esta temática. Se trata, además, de una obra singular y representativa. Lo primero, porque fue el primer conjunto de textos que, en torno del enfoque planificador en las casas de estudio, fue publicado en el país.

El libro La Planeación Universitaria en México presentó un conjunto de estudios que se convirtieron en referente en la materia en México

En este 2020 se cumple medio siglo de haberse editado por la UNAM La Planeación Universitaria en México, un libro pionero en esta temática. Se trata, además, de una  obra singular y representativa. Lo primero, porque fue el primer conjunto de textos que, en torno del enfoque planificador en las casas de estudio, fue publicado en el país. Lo segundo, dado que significó la carta de presentación más seria de la Anuies  —fundada 20 años antes— en los estudios de esa disciplina, así como la muestra de lo que la Unam  ya tenía definido en su histórico primer plan de desarrollo 1968-1980, convirtiéndose éste en un modelo o carta de navegación para las universidades y los estudiosos de dicha disciplina en México. En sus 203 páginas, el libro recoge 15 trabajos e indaga, analiza y propone medidas sobre todos los aspectos que condicionan  el avance de una institución universitaria;  desde aquellos que la vinculan con el desarrollo socioeconómico del país, hasta otros muy concretos, como la planeación de espacios físicos en una institución de educación superior.

Para un lector perteneciente a las actuales generaciones de profesionales que cultivan ese campo de estudios, el libro es una oportunidad para enterarse, entre otros temas, que: a) desde finales de los años cincuenta, la Unam había establecido ya una comisión de planeación universitaria; b) que, en contra de lo sucedido en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, de hostilidad financiera y agresiones policiacas y militares a las universidades, esa gestión presidencial inició bajo buenos augurios respecto al desarrollo universitario (un misterio a develar ha sido siempre: ¿qué sucedió en ese primer año de gobierno, que torció el impulso inicial a la educación superior?).

Particularmente, es importante resaltar que el rector Barros Sierra refundó esa comisión de planeación universitaria; que su secretario general (Fernando Solana) se convirtió en el más decidido impulsor de los trabajos en esa línea, colocando a la cabeza de esa dependencia a un polémico pero brillante economista (Ernesto Flores de la Peña); que aquellos trabajos fueron continuados por el rector González Casanova;  y que en todo ese conjunto de actividades bullían ideas y entusiasmos de una docena de jóvenes profesionales de la Unam, varios de ellos con una preparación especializada en el Instituto Internacional de Planeación de la Educación, perteneciente a la Unesco e instalado en París.

El marco para presentar esos trabajos fue un seminario sobre planeación universitaria, organizado por la Anuies en agosto de 1969. La jornada inaugural fue significativa en los mensajes que envolverían los trabajos más específicos ahí presentados. Así, Fernando Solana exponía, con cierto desasosiego, lo que por aquel tiempo se llamaba “explosión demográfica estudiantil” y, aunque no se decía expresamente, las presiones políticas que de ahí se desprendían al buscar los jóvenes  el ingreso a los estudios universitarios. Ahí, Solana recordaba lo que había sucedido en los últimos 20 años, 1950-70: de los 20 millones de habitantes en el país se había pasado a 50; de los 20 mil estudiantes universitarios, se habían alcanzado ya 250 mil. Preveía que la población nacional se situaría en 135 millones en el año 2000. Y no le faltaba razón, ya que la tasa de crecimiento demográfico de la época era de ¡3.5 anual! Concluía que en ese último año se llegaría a una matrícula nacional de varios millones de universitarios (las cifras que se tuvieron en ese 2000 fueron, en números redondos, 100 millones de habitantes y 2 millones de matrículas. El término de “explosión demográfica” era preciso).

Pero el desasosiego cedía espacio a la fase constructiva. Como fue siempre costumbre en Solana (quienes trabajaron varios años con él así lo recuerdan), dicha fase se iniciaba con preguntas fundamentales. Las de ese momento, mismas que estimo no han perdido actualidad en el medio siglo transcurrido, son las siguientes:

  • Una disyuntiva básica: ¿formar profesionales útiles para el desarrollo económico o personas con esas mismas capacidades, pero también responsables social y políticamente hablando
  • ¿Los recursos humanos y físicos para enfrentar la explosión demográfica podrán generarse con los actuales métodos de enseñanza?
  • ¿Deben establecerse “planes de estudio rígidos y unificados en toda la nación”, o se preferirían planes individualizados y flexibles?
  • Los planes de estudio para licenciatura, ¿seguirán siendo de cinco años o podrán reducirse a tres o cuatro?

Todos estos cuestionamientos confluían en una definición operativa de la planeación: “Proceso permanente de previsión que permite tomar decisiones mejor informadas y optar por alternativas de acción más racionales”. Para las universidades, o la educación superior en general —  agrega Solana—,   dos ámbitos de aplicación son indispensables en los procesos planificadores: los de un sistema de educación superior nacional y los de las universidades individualmente consideradas.

A planteamientos como los anteriores, Pablo González Casanova añadía el enfoque sociológico. Para él, “la vocación de los estudiantes está determinada por el estrato ocupacional de los padres y por las características del mercado de trabajo”. En esos términos, cualquier reforma universitaria o esquema de planeación (“racionalizaciones del sistema de educación”) debe considerar la igualdad de oportunidades para estudiar, la democratización de la enseñanza y la libertad de elección de los campos de estudios.  Tres conceptos clave que deben, a su vez, armonizarse con dos valores de la civilización moderna: libertad e igualdad.

Como podrá observarse, el libro distaba de ser una propuesta instrumental o tecnocrática. Inauguraba una manera de abordar el desarrollo universitario que, retomarla ahora, cuando se ha empezado a discutir en el Congreso la Ley General de Educación Superior,  podría resultar muy provechoso (Primera parte, continuará).

Carlos Pallán Figueroa
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com | Web | + posts

Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies. 

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