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El arte es un arma cargada de futuro

En 2019 la Asamblea General de la UNESCO proclamó la creación del Día mundial del arte, para celebrar la actividad creativa de la humanidad

El 2019 además de Covid trajo a nuestra agenda el Día mundial del arte, el cual fue proclamado en noviembre de ese año por la Asamblea General de la UNESCO; un reconocimiento internacional en medio de una pandemia que ha golpeado a la economía de este sector, pero que también se ha reconocido como indispensable a lo largo de un año de encierro.

Vivir se ha convertido en un arte, experimentar la dicha por la belleza verídica de la vida, en medio de una tormenta, es por lo menos un talento transmutador, transmigrador que, como todo talento va asociado al peso de su esfuerzo.

“Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa ‘tirar el carro’?” … nos dice el poeta Girondo en su esplendido Espantapájaros.

La facultad transmutadora no tiene por objeto la indolencia; sino buscar y alcanzar la dicha: que la paz y la libertad se encuentren, que el bienestar y la gratitud coincidan. De acuerdo con la propia UNESCO, “al fomentar el desarrollo del arte también se fomentan los medios a través de los cuales poder lograr un mundo libre y pacífico”.

“Lo que antes me resultaba grotesco o deleznable, ahora me parece sublime. Lo que hasta ese momento me producía hastío o repugnancia, ahora me precipita en un colapso de felicidad que me hace encontrar sublime lo que sea”, esa capacidad poética que nos propuso Girondo hace más de un siglo, es vital en esta hora del mundo.  

Sublimar, transformar, pintar, transmigrar, iluminar nuestro espíritu es el imperativo de nuestro tiempo. Desde los orígenes de la civilización, el arte más que una representación objetiva de la realidad, hace esa suerte de conjuro; es como un asidero de luz que descubre nuestras propias sombras, nos conmueve, nos abruma, nos sacude o nos llena de ímpetu y nos (in)forma; es decir, nos da forma desde dentro.

Hay un espíritu pedagógico en cada pieza de arte que al interactuar con nosotros nos enseña, ilumina y libera. Quizá no todos tuvimos la oportunidad de encontrarnos con un maestro así y descubrir la historia, el arte, la filosofía. No todos los artistas han sido didactas, aunque en el fondo hay siempre algo en el artista que no lo distingue del maestro, es como la lucha entre vocación y destino, imposible de esconder.

Los educadores de nuestro tiempo no han querido desvincular el arte de la educación. Hablábamos hace poco de Caso, quien planteaba como “la educación es el arte filosófico por excelencia”. Recordemos también que, tres eran las direcciones fundamentales con las que se creo la centenaria SEP -fundada por Vasconcelos- una de ellas, por supuesto fue la Dirección de Bellas Artes. 22 años más tarde, en 1943 el SNTE se dio por instituido en el Palacio de Bellas Artes, siendo el titular de la SEP, el poeta Torres Bodet.

Ahora bien, un poco más cerca de nuestro tiempo encontramos a Lombardo Toledano, quien desde la trinchera obrera plantea como: “la educación, el derecho, la religión, las artes, son efectos, no son causas; pueden obrar sobre la comunidad de la cual han surgido, pero son producto de una conciencia colectiva, y no los creadores de un estado del pensamiento colectivo”.

No obstante, no podemos dejar de reconocer que la música, el cine, la literatura han sido en estos meses de pandemia, un refugio ante la hecatombe de nuestra época. Más aún, reconocer el trabajo de las y los artistas como el del intelectual que es luz y camino; parafraseando a Huidobro: son más bellos que un faro en medio de la neblina buscando a quien salvar.

Rematamos con el pensamiento de nuestro filosofo mexicano Antonio Caso, a propósito del Día Mundial del Arte que se celebra cada 15 de abril, desde 2020. Sin pretenderlo Caso explica porqué puede considerarse el arte como un arma cargada de futuro, al considerar que “el genio artístico es el desinterés más alto de los propios fines animales. Por esta causa, el arte ha de representar, junto con la caridad, con el desinterés supremo del bien, con la vida centrífuga del justo, un elemento imprescindible de la educación”.

Acerca del autor

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA

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