Carlos Pallán Figueroa
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies
capafi2@hotmail.com
La pandemia: lecturas y recuerdos / I
El encierro obligado ha llevado a muchas personas a realizar tareas que difícilmente se hubieran emprendido en tiempos normales. Yo estoy en esa circunstancia, aprovechando para arreglar (limpiar, ordenar y desechar) los espacios personales de biblioteca y archivo. Una actividad lenta, meticulosa, pero no exenta de atractivos. De repente se topa uno con el libro, la foto, la carta, el texto… que estaban perdidos u olvidados.
Varios de estos hallazgos se refieren a la temática (políticas públicas, educación, ciencia y tecnología, principalmente) abordada en este espacio desde hace 18 años. Dada la poca actividad (por lo menos la que se difunde) en esos ámbitos, trataré, a partir de hoy, algunos de estos ‘descubrimientos’ que vienen, como siempre, acompañados del recuerdo. El de hoy se refiere a Alejandro Gómez Arias (AGA), el líder de la Huelga del 29, aquella que culminó con la primera autonomía de la Universidad Nacional.
2. Tengo la mala suerte de conocer y tratar a personajes (de la política, la farándula y la educación) que al poco tiempo fallecen. La gran excepción fue Alberto Aguilera, a cuatro o cinco meses (1971) de que su nombre artístico, Juan Gabriel, irrumpiera en el camino de la fama nacional. Así sucedió con Don Alejandro, a quien empecé a visitar en su casa de Benjamín Franklin cuando él frisaba sus 80 años de vida. Solía recibir, junto con su esposa, en aquella austera sala pero engalanada con el primer autorretrato de Frida Khalo y, muy visibles, los volúmenes de la Evolución Política del Pueblo Mexicano, obra cumbre de Justo Sierra. Cada reunión, breve o no tan larga, era amenizada con una o dos copitas de Oporto y se hablaba del pasado; del pasado de él, y, principalmente, su papel en la huelga del 29 (yo estaba haciendo un trabajo sobre eso). Esto no excluía otros temas de aquellos tiempos, políticos y personales. De estos últimos el relato, a grandes trazos, de su relación con Frida, y, por supuesto, el día que viajando juntos sucede el accidente que la dejó baldada para toda la vida.
Él prácticamente ya no salía de su casa, pero en una de esas tertulias, y probablemente en la segunda copita, escuchó una petición de parte mía: que inaugurara el año escolar 1986-87 con una conferencia en la Unidad Azcapotzalco de la UAM. Así sucedió y la Unidad se engalanó con su presencia. La jornada terminó con una comida en uno de los lugares que aún frecuentaba y en donde lo distinguían (el Parador de José Luis, en la zona rosa de entonces).
3. Todo esto sirvió para que dos académicos distinguidos de la UAM también trataran a Don Alejandro. Víctor Díaz Arciniega, historiador, quien con regularidad semanal empezó a visitarle, entrevistándolo, y produjera, después de dos años, un magnífico libro: Memoria Personal de un País. Alejandro Gómez Arias (Grijalbo, 1990). Leticia Algaba, literata y editora, también participó en estos lances de tertulia y entrevistas. Los tres obtuvimos y confeccionamos varios textos derivados de esos encuentros. Una porción de ellos giraron en torno a la figura del personaje, pero también, lo que ahí oímos nos llevó a entrevistar a Carlos Zapata Vela (CZV), otro de los grandes protagonistas de aquella Huelga, de tal forma que, sin proponérnoslo, logramos convalidar o confrontar visiones sobre aquél movimiento. Parte de ese material fue publicado en un dossier dentro de la revista Universidad Futura (no. 2, junio 1989) de la UAM-A, dirigida por Olac Fuentes.
Las concordancias entre ambos personajes fueron: a) la causa baladí. Efectivamente, el movimiento aprovechó el pretexto de la implantación de exámenes trimestrales, en lugar de anuales, para que fuese detonado; b) había una ebullición política en la cual se insertaba la huelga, la inminente campaña presidencial de ese año con la candidatura opositora de José Vasconcelos; c) el gobierno reprimió inicialmente, pero luego, ante aquél panorama, ofreció una salida política: la ley de autonomía.
Las discrepancias radicaban en que ambos dirigentes, y sus respectivos grupos, representaban líneas de conducción distintas: a) Gómez Arias afirmaba que “había una fracción muy radical (la de CZV)… ellos querían llevar al movimiento hasta un extremo”. Además, no había un gran interés por la autonomía. Para AGA, su interés era “negociador y pragmático, se originaba en la capacidad represiva del poder público”; b) para Don Carlos, en el país se vivía un momento especial, la candidatura de Vasconcelos respondía a “las fuerzas reaccionarias o antirrevolucionarias del país”; Gómez Arias y su grupo (Adolfo López Mateos entre ellos) eran seguidores de esa causa y él se encargó que su presencia en la Huelga no se contaminara de las ideas del fundador de la Secretaría de Educación Pública, en ese momento inminente candidato presidencial.
Al final, el gobierno retrocedió. Gómez Arias le entregó una carta al jefe del Departamento del Distrito Federal, José Manuel Puig Causaranc, quien, adaptándola en un memorándum al Presidente, enfatizó que la salida del conflicto era la autonomía. A las volandas, el Congreso se reúne, aprueba la iniciativa de ley, y el el 10 de julio, Emilio Portes Gil promulga la Ley Orgánica de la Universidad Nacional de México. Para entonces, el rector (Antonio Castro Leal) y el director de la Facultad de Jurisprudencia (Narciso Bassols) ya se habían ido.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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