Una nueva publicación busca, mediante el análisis, ofrecer propuestas en torno a la política y economía actuales para combatir la desigualdad
Con este título, Rolando Cordera, profesor emérito de la UNAM, elabora un texto que será útil para cualquier estudioso de las ciencias sociales. Centrado en la parte económica, incide complementariamente en los aspectos políticos y sociales que forman parte de lo que el autor llama elitinerario histórico del país. Una idea básica de la cual parte es la siguiente: “el mandato de democracia y justicia social que emana de nuestra Carta Magna… choca con las realidades inmediatas de nuestra economía política y de una socioeconomía” que ha producido descalabros económicos, desigualdades sociales y la pobreza de masas. A lo largo del casi centenar de páginas de esta obra (editada por el Seminario de Cultura Mexicana y la UNAM) se persiguen dos objetivos principales: a) ofrecer insumos en torno a la política y economía actuales; b) evaluar el desempeño económico nacional y sus principales implicaciones en la vida social.
En ese sentido, el autor explica el desarrollo del país a partir de tres dimensiones. En la primera de ellas, la economía, el punto de partida se fija en la llamada “crisis de la deuda” (1982), acontecimiento que marcó, y sigue influyendo, en el proceso actual del desarrollo nacional. Se reconoce que antes de ese momento, el llamado proceso de sustitución de importaciones había logrado efectos positivos en la industrialización del país. Sin embargo, a partir de allí, el país enfrentó una crisis que se tradujo, hasta la fecha, en una economía con un muy bajo crecimiento económico. Tan agudo que, por lo que corresponde a los años ochenta, se le conoce como “la década perdida”.
Ese bajo crecimiento económico condicionó los procesos sociales y políticos del país. Aunque en los tres sexenios que siguieron hubo años con un crecimiento aceptable, este nunca fue sostenido a lo largo del periodo correspondiente. Luego, la Gran Recesión, en 2008-2009, intensificó lo que ya era una crisis en las políticas económicas, manifestada principalmente en la contracción del gasto público y la caída de la inversión pública y privada. Todo ello en contraste con los años del “Milagro Mexicano” (1940-1970). Aquella situación se extiende hasta el presente sexenio, en el cual el bajo crecimiento económico, menor al uno por ciento promedio anual hasta 2023 (parecido al del sexenio de Miguel de la Madrid), explica insuficiencias fundamentales en salud, educación y, ahora con perfiles dramáticos, en materia hidráulica.
Por lo que toca a lo social, se observan dos grandes efectos no superados hasta ahora. Por un lado, la aguda desigualdad en la distribución del ingreso y una pobreza masiva ‘combatida’ por los distintos programas de pensiones distributivas y becas. Por otro, el relativo a que el país se ha quedado a la zaga por lo que se refiere al compromiso internacional asumido con la Agenda 2030 de la ONU, misma que incluye 17 indicadores específicos que, desde ahora, aparecen como inalcanzables (Entre otros se encuentran: educación de calidad, hambre cero, fin de la pobreza, industrialización inclusiva y sostenible, combate al cambio climático).
En lo que se refiere a lo político, Cordera resalta el Movimiento del 68 y su significado. Afirma que “no obedeció a las contradicciones económicas y sociales que rodeaban el desarrollo mexicano, pero sí desnudó el alma autoritaria del poder político posrevolucionario sacando a la superficie la inflexibilidad política presidencial”. Desde esa época hasta el presente, la prioridad se situó en mantener la estabilidad económica, aunque no se cumpliese con el compromiso social inscrito en la Constitución. Un ejemplo de ello ha sido la distribución agudamente desigual del ingreso entre 1970-2020, cuando la parte de las remuneraciones dentro del PIB pasaron del 36 al 28por ciento. Con ello, el capital se fortalecía. De allí, lo que posiblemente sea el gran logro en estos cinco años, el incremento a los salarios mínimos por encima de la inflación y el efecto que todo esto ha causado, positivamente, en el consumo.
Qué Hacer: Frente a todo lo anterior, y enfatizando lo económico, Cordera menciona lo urgente que resulta hacer una reforma hacendaria que empiece por lo fiscal. Esta, la considera como “la madre de todas las reformas”. Pero, sólo sería la simiente para un desarrollo nacional integral. A partir de “acuerdos en lo fundamental” (como lo postulaba Mariano Otero) sería necesario fortalecer la frágil democracia actual. Para un país intensamente polarizado, la construcción de un acuerdo político esencial, que permita combinar un crecimiento económico con redistribución progresiva de ingreso y oportunidades sociales, sería la clave para superar la situación actual. En otras palabras: se requiere un nuevo contrato social que, aparte de una reforma fiscal, incluya un Estado de derecho y un estímulo a “la inversión, el empleo, la igualdad y el crecimiento sostenible”.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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