Tepeyollotl, el rugido del jaguar

Los mesoamericanos relacionaron temblores y terremotos con el rugido de este felino tapizado de estrellas

En la cosmovisión azteca recopilada por Manuel Gamio, se narra el fin de una era a través de un terremoto.

Esto es aquello es un principio metafórico. “Si una gallina pone un huevo, yo también cacareo… basta que alguien me piense para ser un recuerdo” dice el poeta Oliverio Girondo. Pero S es P como asegura el filosofó francés Jacques Derrida, también es la esencia del lenguaje; el lenguaje como una alegoría, una representación, magia que busca asir la realidad. Así pasa con Tepeyollotl (corazón de la montaña) – Tezcatlipoca (espejo humeante). Tezcatlipoca en la cosmovisión mesoamericana, a veces es Tepeyollotl; Tepeyollotl a veces es Tezcatlipoca. Su símbolo es el jaguar.

Tepeyollotl está asociado con los temblores y terremotos. Cuando tiembla ruge el jaguar, dicho de otra forma, el estruendo del temblor los mesoamericanos lo relacionaron con el rugido de este felino tapizado de estrellas.

De acuerdo con la cosmovisión mesoamericana, la humanidad ha sido creada y destruida en cuatro ocasiones previas y los tiempos que avanzan constituyen la quinta humanidad, el Quinto Sol.

“El universo se repite”, nos asegura el físico y matemático Roger Penrose, Premio Nobel (2020), autor de La nueva mente del emperador y El camino a la realidad, entre sus obras más recientes. El universo no empezó con el Big Bang, más bien éste ha sucedido en varias ocasiones, sugiere el científico, como sugiere la mitología hindú y mesoamericana.

De acuerdo con nuestra cosmovisión local, la mesoamericana, las cuatro eras que nos preceden están ordenadas por el mismo numero de soles: 1) el sol de tierra; 2) sol de viento; 3) sol de fuego; y 4) sol de agua; de este último “sol” se advierte el diluvio. Actualmente transcurre el Quinto Sol, sol de movimiento y el presagio es que esta etapa concluya con una gran sacudida.

En 1922 el investigador Manuel Gamio, publicó su célebre obra La población del Valle de Teotihuacán, en el tomo II, volumen segundo, en el apartado de literatura teotihuacana, encontramos -ya lo hemos mencionado en este espacio- un texto titulado “Profecía Azteca”, el cual narra una visión nocturna que Huitzilopochtli le brinda a Tezozomoc Teopalli, en esta visión, se advierten guerras mundiales y el fin de una era a través de un terremoto.

A propósito de esta hora del globo, reproducimos un extracto de este interesante texto, hallazgo del antropólogo Manuel Gamio:

-Eso que ves, dijo Huitzilopochtli, es todo el mundo, que está en una guerra general; porque has de saber que ha de llegar un día en que todos los pueblos de la tierra, animados por mi espíritu, se han de combatir hasta quedar casi exterminados, le decía en un sueño profético Huitzilopochtli a Tezozómoc, y le preguntaba ¿Qué ves?

-Veo multitud de poblaciones muy hermosas; sus habitantes trabajan con mucha actividad; las dehesas están cubiertas de ganados; sementeras inmensas de abundantes y doradas mieses; todos los puertos y radas llenos de embarcaciones que conducen las mercancías de otros países; caminos de hierro se cruzan en todas direcciones para facilitar la comunicación de los pueblos más distantes, todo es movimiento, animación y vida. ¡Que bellos países!

-Eso es que los pueblos, cansados de pelear y de destruirse, depondrán las armas y se dedicarán al trabajo; la agricultura, la industria, las artes, la minería y el comercio, todo recibirá un impulso maravilloso en sus manos laboriosas.

En ese momento se dejó sentir un gran terremoto; el salón en que me hallaba parecía desplomarse sobre mi cabeza; al mismo tiempo, oí un estruendo horroroso, y despavorido vuelvo la vista al lugar del trono: Huitzilopochtli y los que lo acompañaban habían desaparecido, y las luces estaban apagadas; solo yo estaba en aquel tenebroso lugar: un sudor frío helaba todos mis miembros, y me hacía temblar como un azogado; pero en este instante desperté como de un profundo letargo, y me encontré recostado al pie del mismo árbol en que me había dormido; las aguas del lago de Texcoco estaban quietas, el sol empezaba a ocultarse en el Occidente; toda la naturaleza estaba tranquila; solo mi espíritu se hallaba agitado por la visión que acababa de ver.

Este inquietante e interesante texto sirva para la reflexión de nuestra identidad, historia y cultura, así como nuestro lugar en el mundo, encuentro de caminos y de vientos, pero también un espacio irremediablemente sísmico. Un sitio donde el corazón de la montaña, Tepeyollotl, despierta de forma constante el rugido del jaguar: temblor y azoro.

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