El rezago educativo en México no es sólo una cifra estadística, constituye una brecha que condena a los más vulnerables a reproducir el ciclo de pobreza. Como se dijo una semana atrás en este espacio, una forma gráfica de definir al rezago es la de visualizar la brecha existente entre la educación real (la que se ha recibido escolarizadamente) y la educación obligatoria (aquella marcada en el Artículo Tercero Constitucional y leyes de ahí emanadas). La portada del número 1137 de Campus lo ilustra plenamente (dos jóvenes: uno ascendiendo por una escalera que ya no tiene más peldaños, mirando a distancia que aquella continúa, pero separada por un vacío. El otro, joven, transportado por una mano etérea, porta los peldaños indispensables para continuar su ascenso). A los principales números y proporciones descritos en ese texto se suma ahora, con mayor detenimiento, el esfuerzo colectivo desarrollado en Quintana Roo (a partir de la colaboración entre el Gobierno del Estado, la Universidad Autónoma de Quintana Roo y el Centro Nacional de Evaluación) para la atención específica del rezago en población femenina adulta.
Dentro de los datos ya ofrecidos en torno al rezago en general en el país, sobresale el correspondiente al del nivel medio superior (prepa o bachillerato). Con un afán de resumir la situación en torno a la gravedad del problema, recuérdese algo de lo ya expuesto: de los 83 millones de mexicanos, mayores de 20 años, 24 millones “no cursa o no ha logrado concluir su bachillerato, lo que representa 28.4% del total de la población adulta del país” (L. Poy, La Jornada, 13 de marzo de 2026).
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El esfuerzo colectivo en Quintana Roo está impulsado por el Ceneval, que ahora, a los 32 años de su fundación, opera el programa Acreditación-Bach, una adición a su tarea primordial de elaborar y aplicar exámenes nacionales y pruebas en sus distintas modalidades. Tal como se define aquel Programa, se trata de un “proceso de evaluación que permite obtener el certificado de bachillerato general al demostrar conocimientos y habilidades equivalentes a los de un curso regular…”. Como se informa, la evaluación se realiza mediante un instrumento de 180 preguntas. Hasta ahora, y con base en el Acuerdo 286 de la SEP, más de 400 mil personas ya han acreditado su bachillerato. “Haber acreditado” significa, tal como el propio Ceneval lo considera, reconocer a la persona con un certificado de validez oficial de la SEP y, a la vez, tal situación se extiende a empleadores, instituciones educativas y organismos profesionales en todo México.
Con ese apoyo, el Gobierno del Quintana Roo y la propia UAQRoo estructuraron el Programa #MujerEsAprender, dirigido específicamente a la población femenina “que desee concluir la preparatoria”, tal como también se dijo la semana pasada. El Programa fue lanzado el 25 de enero del año pasado por la Gobernadora del Estado, el cual, en su versión más amplia se propone combatir el analfabetismo y promover la obtención del certificado de educación básica (primaria y secundaria). El Programa, según la gobernadora Lezama, se concibe como “una estrategia integral de educación, especialmente enfocada a combatir el rezago educativo femenino y fomentar la autonomía de las mujeres”. La segunda edición ya está en curso. Así, el gobierno estatal ha destinado recursos para las 2,000 becas comprometidas desde el primer año, como también para realizar una vasta campaña de comunicación, muy incisiva, orientada a que las mujeres que abandonaron sus cursos de preparatoria, puedan ahora reintegrarse a la educación y concluir sus estudios.
Por su parte, la UAQRoo, y tal como lo resaltó su rectora, la Dra. Natalia Fiorentini Cañedo, en su reciente informe de labores: la participación de su institución se inscribe dentro de la vinculación universitaria, una tarea que relaciona a aquella con los diferentes sectores de la entidad (social, productivo, gubernamental y comunitario). Así, la Universidad diseñó y coordinó un programa de capacitación, con profesorado y personal administrativo de la institución, brindando “asesorías especializadas y acompañamiento académico personalizado”. Todo ello con el objetivo de mejorar las condiciones educativa y laboral de las mujeres participantes. Como lo resume la rectora: se trata de “una estrategia de vinculación universitaria orientada a la transformación social”.
Todo lo anterior tiene un origen: el Acuerdo 286 emitido en las postrimerías del sexenio del presidente Zedillo. Según el texto de ese documento, se trataba de “establecer los lineamientos de revalidación, equivalencia y acreditación de conocimientos adquiridos de forma autodidacta o por la experiencia”. Desde entonces, más de 400 mil personas (de motu proprio) han obtenido su certificado de bachillerato por esa vía. De ahí la importancia del Programa de Quintana Roo: la gestión individual se acompaña y apoya con las instituciones ya mencionadas.
Comentarios:
El Acuerdo 286 tiene una larga historia en el mundo del reconocimiento de saberes y experiencias asimiladas a lo aprendido en los sistemas escolarizados. Inclusive, en varias entidades federativas de la República, antes del cierre del siglo XX, en que el Acuerdo fue emitido, este se convirtió en una política educativa federal. Seguramente, el caso paradigmático de Abraham Lincoln resulta muy ilustrativo: le bastó estudiar en una escuela durante un año para que, a partir de allí, y de manera autodidacta, conociera a los clásicos y se introdujera a los vericuetos de la cultura de su tiempo. En aislamiento, y durante tres años, estudió todo lo concerniente a la carrera de derecho, convirtiéndose en abogado por reconocimiento del Tribunal Supremo de Illinois. Su discurso de Gettysburg, ya como presidente, es la prueba fehaciente de la calidad de su educación autodidacta, pieza oratoria que ya forma parte de los grandes (y más breves) discursos de orador alguno en la historia del mundo.
El Programa implantado en Quintana Roo, como ahora se recuerda, es de pequeñas proporciones, pero bien concebido. Puede ser un significativo factor de demostración para aplicarse a mayor escala y en otras latitudes. Las ayudas o apoyos brindados son esenciales: pueden convertirse los peldaños definitivos para “la autonomía de las mujeres”, como lo dijera la gobernadora.
La combinación del esfuerzo colectivo aplicado en Quintana Roo resulta igualmente ejemplar para replicarse: un gobierno estatal, la máxima casa de estudios de la entidad (UAQRoo) y el Ceneval, apoyando todo el esfuerzo.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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