El pasado martes 9, estas cuatro instituciones de educación superior suscribieron una Carta de Intención con el propósito último de que ese conjunto integre lo que se llamaría la Alianza Universitaria de la Ciudad de México: Capital del Conocimiento de América. El nombre puede parecer espectacular, pero el objetivo último es serio, muy serio. Si bien no es la primera vez que se pretende algo semejante, ya se había realizado parcialmente entre 1978 y 1982 (en el marco del primer plan de educación superior impulsado por la Anuies y la Sep), lo de ahora envuelve directa y firmemente a los titulares de las cuatro instituciones, contando con el beneplácito gubernamental, según se aprecia, por los representantes del gobierno federal (Secihty) y de la Ciudad de México (Secretaría de Educación) que concurrieron a ese acto protocolario.
La Carta de Intención es el primer paso para que se abra una ruta que desemboque en un convenio general y programas específicos que determinen quehaceres colaborativos entre las instituciones. Por lo pronto, y como se resumió, el objetivo general de esta iniciativa es: “fortalecer la cooperación académica, científica, tecnológica y cultural, lo que favorecerá la investigación conjunta, el uso compartido de infraestructura y la movilidad estudiantil y de académicos” (G. Saldierna, La Jornada, 9 de junio).
Si la frase clave de la Carta de Intención es la de “fortalecer la cooperación”, algunos de los números y proporciones con que cuentan conjuntamente son impresionantes: a) una matrícula de 650 mil alumnos (14 por ciento de la nacional); b) 52 mil miembros del personal académico, de los cuales 10,400 son miembros del SNI (25 por ciento del total nacional); c) la oferta de programas académicos es de casi 700, de ellos, 390 de posgrado; d) las aportaciones económicas de la federación (subsidio) alcanzan un monto alrededor de 90 mil millones de pesos.
Frente a esa totalidad resultan muy puntuales las palabras del director del Cinvestav, Dr. Alberto Sánchez: se trata de una propuesta que permitiría “articular nuestras fortalezas como el consorcio de investigación más grande de América Latina”. A semejanza de lo ya expresado antes, esas palabras pueden parecer grandilocuentes: no lo serán si se cumple con el contenido ya enunciado. Brasil, Argentina y Chile cuentan con instituciones que están a la altura de las cuatro de CdMx (aunque se extienden ya por todo el territorio nacional). La Alianza Universitaria de instituciones, como colaboración estrecha entre las cuatro, cada una de ellas con sus contribuciones por un propósito común, haría la gran diferencia.
El rector de la UAM, Dr. Gustavo Pacheco, quien fungió como anfitrión en una de sus instalaciones históricas (la Casa del Tiempo), sistematizó lo que sería esa cooperación al dividir en seis ejes estratégicos el cúmulo de programas y acciones que se desarrollarían conjuntamente. Los más relevantes, según mi consideración, serían: a) fortalecer la formación académica; b) impulsar el intercambio del personal académico; c) facilitar el acceso recíproco a los servicios de cada una de las instituciones; d) ofrecer coordinadamente programas de educación continua.
Una muestra de lo que podría contenerse en esos ejes es la siguiente: a) participación en el servicio social y prácticas profesionales conjuntas; b) creación de redes temáticas interinstitucionales; c) estancias de investigación y publicaciones conjuntas; d) expedición de micro-credenciales, e impartición de diplomados; e) prestación de asesorías y apoyos técnicos a distintos sectores de la sociedad.
Frente a lo anterior, el rector de la UNAM, Dr. Leonardo Lomelí, destacó la imposibilidad de que las instituciones, por sí solas, puedan afrontar en este momento la complejidad de una buena parte de los problemas sociales. De ahí la importancia para “sumar nuestra experiencia, capacidades, infraestructura en educación superior, investigación, tecnología, innovación y cultura para beneficiar a la capital mexicana y al país”.
Comentario: La Alianza Universitaria es una sugerente y trascendental propuesta. Los objetivos enunciados permiten apreciar el potencial valor que esa acción conjunta tendría, no sólo para CdMx, sino para todo el Sistema de Educación Superior. Todo eso debería plasmarse, con mayor claridad y detalle, en los convenios que constituirán las segunda y más importante etapa. A partir de ahí, y aunque suene a lugar común, habrá que preguntarse por la disponibilidad de los recursos necesarios para operar. En pocas palabras: ya se tiene el qué, y es muy relevante: faltaría definir el cómo y el con qué.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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