Regalar libros desde el gobierno

El Estado obsequia panfletos doctrinarios con dinero de los contribuyentes que la gente, nada tonta, no leerá

Gabriel Zaid ha escrito y publicado mil veces que “regalar libros es obligaciones”

1. El problema de la lectura no es, esencialmente, un problema económico, sino de aprecio por los libros y de necesidad de leer (que exige disposición), pues aún entre quienes tienen suficientes recursos para comprar libros (universitarios, profesionistas, ejecutivos), prefieren comprar otras cosas, por cuyos precios altos no chistan, pero consideran que los libros son caros porque, sobre todo, son inútiles. Dejémonos de mentiras: incluso las personas de bajos recursos, para quienes los libros son suntuarios, requieren antes que libros programas eficaces de promoción y fomento para que lean y, sobre todo, para que necesiten los libros. Sin la necesidad de leer, da lo mismo que los libros se vendan baratos o se regalen.

2. Todo gobierno que regala algo, con el dinero de los contribuyentes, es sospechoso, pues hace caravanas con sombrero ajeno. Gabriel Zaid ha escrito y publicado mil veces que “regalar libros es repartir obligaciones”, y ha escrito y publicado otras mil veces que no hay libro más barato que aquel que se puede leer en las bibliotecas públicas, porque lo más importante no es el libro en sí, el objeto que, aunque precioso, es perecedero, sino lo que deja en nosotros, la manera en que nos forma y transforma sentimental e intelectualmente; de ahí que las bibliotecas públicas deberían fortalecerse no sólo con libros de actualidad, diversidad y pluralidad, sino también con programas que incentiven realmente la lectura como una prioridad, sin demagogia y sin discursos ideológicos maoístas, estalinistas y castristas.

3. En lugar de este mecanismo virtuoso, el “Ogro Filantrópico” al que tan acertadamente se refirió Octavio Paz, hace grandes tiradas de libros doctrinarios que regala o abarata entre mucha gente que no los lee o apenas si los ojea (no pendejeemos a la gente: es más lista de lo que creen la alta y la media burocracia), mientras las bibliotecas públicas languidecen: su presupuesto para adquisición de acervos es mezquino por decir lo menos.

4. ¿Libros regalados? No hay libros más regalados que los de las bibliotecas, y es ahí donde debería estar toda la riqueza libresca de todo país, bajo la divisa que se manejó en Colombia desde hace años: “quédate con lo mejor del libro [su contenido] y devuélvelo [su cáscara]”. Tenemos más de medio siglo de padecer la dejadez y la tacañería del gobierno hacia las bibliotecas públicas; por una sencilla razón: la formación crítica de los ciudadanos que cuestionan al poder no le conviene; lo que le conviene es el adoctrinamiento según sea el partido en el poder. Y esto no ha cambiado en casi cinco décadas.

5. Por otra parte, el Estado editor podría hacer mucho para incentivar la creación de librerías pequeñas y medianas, no “lucrativas”, pero imagina que debe competir con la industria editorial privada, en ganancias (por ello presume, por ejemplo, su monto de ventas de folletos). Y esto lo cree en primer término el director general del Fondo de Cultura Económica y encargado de la política editorial del gobierno de la 4T, el mismo que se vanagloria de no haber recibido jamás, según afirma, ningún beneficio del Estado para escribir y publicar sus libros (es decir, los suyos). Por ello cree también que llegó a dirigir una editorial que no sirve o que no es realmente una editorial, pues no se trata de Planeta (donde publica él sus libros), y lo ha dicho de esta forma tan enfáticamente desinformada que uno tiene derecho a preguntarse si sabe dónde está parado desde hace cuatro años: hay que “eliminar un montón de lastres que impiden que [el Fondo de Cultura Económica] sea una editorial verdadera, porque no lo es”. De esto se colige que hay falsas y verdaderas editoriales (por ejemplo, estas últimas, las que publican los libros del presidente de la república y los del director general del Fondo), aunque la cultura y la educación en México no pueda comprenderse sin la labor ¡extraordinaria! del Fondo de Cultura Económica desde hace casi ya nueve décadas de formar cultural plural y pensamiento crítico.

6. El actual director general del Fondo de Cultura Económica aún no nacía (nació en 1949) cuando surgió esta institución (1934), y cuando él llegó, o más bien lo trajeron sus padres, en 1959, a México, el Fondo de Cultura Económica tenía un cuarto de siglo de publicar excelentes libros de trascendentes autores, entre ellos Karl Marx, de Laski (el segundo libro publicado por la entonces naciente editorial; el primero fue El dólar plata, de William P. Shea); Introducción a la economía, de Maurice Dobb; el Leviatán, de Hobbes; Historia económica general, de Marx Weber; La historia como hazaña de la libertad, de Benedetto Croce; la Paideia, de Werner Jaeger; Principios de economía política, de John Stuart Mill; Homo ludens, de Johan Huizinga; Escritos políticos, de Humboldt; Los orígenes del hombre americano, de Paul Rivet; La rama dorada, de Frazer; Los derechos del hombre, de Thomas Paine; Teoría de la clase ociosa, de Veblen; Psicoanálisis y existencialismo, de Victor E. Frankl; Ensayo sobre el principio de la población, de Malthus; El ser y el tiempo y Arte y poesía, de Heidegger; las Obras completas, de Sor Juana Inés de la Cruz; Antiguas literaturas germánicas, Poesía gauchesca y Manual de zoología fantástica, de Borges; Cuentos completos y Poesía, de Rubén Darío; Religión y ciencia, de Bertrand Russell; El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo; Poesía y teatro completos, de Villaurrutia; Libertad bajo palabra, El laberinto de la soledad y El arco y la lira, de Octavio Paz; Lecciones sobre la historia de la filosofía, de Hegel; Caminos de utopía, de Martin Buber; Ensayo sobre el entendimiento humano, de John Locke; Hora de junio, Subordinaciones y Práctica de vuelo, de Carlos Pellicer; La democracia en América, de Tocqueville; Ética, de Spinoza; La región más transparente y Las buenas conciencias, de Carlos Fuentes; La realidad y el deseo de Luis Cernuda; Los reinos del ser de Santayana; Guatemala, las líneas de su mano, de Luis Cardoza y Aragón, y múltiples obras maestras de Voltaire, Dilthey, Mannheim, Comte, Ranke, Durkheim, Curtius, Cassirer, Dewey, Bobbio, Fromm, Bachelard, Joseph Campbell, Machado de Assis, Rómulo Gallegos, Manuel Gutiérrez Nájera, Carpentier, Bataillon, Adolfo Salazar, Torri, Reyes, Novo, Guadalupe Amor, Chumacero, Max Aub, Xirau, León Felipe, Moreno Villa, Pedro Salinas, Gaos, García Máynez, Andújar y tantísimos más entre otros autores y obras, frutos de una “falsa editorial” sin ninguna importancia (y ello tan sólo en sus primeros veinticinco años) que ahora sí es “verdadera” porque publica folletos y librillos (que es difícil llamar “obras”) de los militantes y simpatizantes cuatroteístas.

7. Hoy que el Fondo es ya una verdadera editorial, que logró transformarse desde los primeros meses de la asunción de su director general (después de habérselas metido doblada a los opositores del Legislativo) los libros comenzaron a entrar “como las nuevas balas de un proceso liberador”. La verdad irrefutable es que, cuando el niño Paco llegó a México, muchos transterrados españoles que habían huido del franquismo y habían llegado a nuestro país, dos décadas antes que él, estaban plenamente integrados a la cultura mexicana, y contribuyeron a consolidar este Fondo de Cultura Económica al que menospreció el funcionario sin conocer su trascendental historia no sólo para México. La prueba más evidente de ello es lo que le dijo, con arrogante candor, al reportero del diario Excélsior, Luis Carlos Sánchez, durante una entrevista: “Se llama Fondo de Cultura Económica y no nos hemos preguntado por qué se llama así”. Más enterado que él, el reportero se lo informó con precisión: “Porque en sus inicios publicaba libros de economía”, a lo cual el funcionario ripostó: “No, yo diría que ese no es el origen del concepto, pero ya lo discutiremos con calma”. Sí, con calma chicha, mientras se cumple el sexenio de la Revolución Cultural Choca.

Sobre la firma
Fabulaciones | Web

Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018), Escribir y leer en la universidad (ANUIES, 2019), La prodigiosa vida del libro en papel: Leer y escribir en la modernidad digital (Cal y Arena/UNAM, 2020) y ¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español (Océano, 2021). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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