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Pertinencia y calidad de las Universidades Benito Juárez

¿Ofrecen verdaderamente estos espacios educación de calidad?

La creación de 100 universidades para el Bienestar Benito Juárez García (UBBJ) es un componente central de las reformas que ha impulsado el gobierno de AMLO, con el objetivo de incrementar la oferta educativa en el nivel de educación superior (ES), dirigida a las poblaciones más vulnerables que no pueden acceder a este nivel educativo. Las características básicas de este subsistema educativo se encuentran descritas en el sitio https://ubbj.gob.mx. Con base en esta página de internet, en el libro Análisis de la política en Educación Superior bajo el gobierno de AMLO (Flores Crespo y García García, 2021) y en notas periodísticas, me propongo hacer un análisis inicial de su pertinencia y calidad de sus servicios.

La idea de incrementar la oferta educativa de la ES en México se justifica plenamente, tomando en cuenta que el artículo tercero constitucional y la Ley General de Educación Superior (2021) establecen su obligatoriedad progresiva. Igualmente, es muy justificada la idea de enfocar este crecimiento educativo en los sectores más pobres de la sociedad que, en un sistema meritocrático, están en desventaja para poder ingresar a las instituciones públicas que se ubican en las grandes ciudades y que tienen una sobre demanda de aspirantes. Históricamente, los jóvenes con mejores condiciones socioeconómicas y antecedentes escolares son quienes tienen mayor probabilidad de ingresar a las instituciones de ES; lo contrario ocurre con los adolescentes que viven en zonas indígenas y rurales, así como en cinturones de miseria de las grandes ciudades.

Las UBBJ se crearon por decreto presidencial (30 de julio de 2019), con una coordinación nacional que se ubica en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL); organismo internacional con sede en Pátzcuaro, Michoacán, que no está obligado a justificar y acreditar sus gastos ante el gobierno. Por esta razón, la coordinación de las UBBJ se creó como un organismo autónomo descentralizado, que se le faculta entre otras cosas a: determinar y aprobar sus planes de estudio; expedir certificados, título y grados académicos; y, establecer equivalencias y reconocer estudios. El órgano de gobierno, de este subsistema educativo, lo encabeza el subsecretario de ES y participan en él representantes de diversas dependencias federales.

El presupuesto de las 100 UBBJ es de mil millones de pesos; es decir, 10 millones de pesos en promedio para cada una. Se entiende que este recurso está destinado para su construcción y no queda claro si este recurso también es para su operación. No se tiene conocimiento del número de sedes que se encuentran en construcción, cuántas cuentan con instalaciones propias o están en construcción y cuántas operan en edificios prestados, tales como bachilleratos, casas de la cultura, salones de usos múltiples y salones ejidales. La ubicación de estas universidades se definió, en teoría, de acuerdo con las necesidades de las poblaciones más marginadas. Entre otros criterios se tomaron en cuenta su tamaño (entre 15 y 45 mil habitantes), su nivel de pobreza (medido con el indicador GINI) y la falta de oferta de ES. Sin embargo, de acuerdo con Mejía Pérez y González Calleja (2021), solo 5 por ciento de los planteles cumplen con estos tres criterios y menos de la mitad cumplen con el criterio poblacional.

De acuerdo con la página de internet de las UBBJ, están en funcionamiento 140 sedes que ofrecen cada una de ellas una carrera, entre las que destacan diversas ingenierías. De ellas, solo se conocen sus mallas curriculares (listas de materias), pero no sus planes y programas de estudios. Se desconoce la planta docente que trabaja en cada una de las UBBJ, los nombres de los coordinadores de las diversas carreras y los nombres de las autoridades académicas y administrativas. Solo se conoce quien es la coordinadora general: Raquel Sosa.

A febrero de 2021, las UBBJ (que iniciaron en marzo de 2019) contaban con una matrícula de 28 mil estudiantes, quienes reciben una beca mensual de $2,400. De acuerdo con el reglamento escolar, para acreditar una materia se requiere: 1) haber asistido al 85 por ciento de las clases, 2) mostrar disposición, colaboración y participación en las actividades de aprendizaje y las tutorías y 3) tener vocación, compromiso y responsabilidad con el programa y plan de estudios. Es claro cómo se puede evaluar el primer requisito, pero es difícil evaluar objetivamente los otros dos. No se sabe cuál ha sido la tasa de retención de los estudiantes, quiénes han abandonado sus estudios (y por qué razones) y qué opinan sobre la calidad de sus estudios.

Los docentes y el clima laboral

Un tema central estrechamente relacionado con la calidad educativa tiene que ver con la preparación (profesional y pedagógica) de los docentes y con el clima laboral de las instituciones educativas. Por desgracia, poco se sabe al respecto, además de los requisitos para ser profesor(a) de las UBBJ: título de licenciatura, experiencia de cinco años en el área laboral respectiva, experiencia docente de tres años en el campo de la carrera y disponibilidad inmediata para cambiar de residencia al lugar que se le asigne; sin embargo, se desconoce en qué medida se han cumplido con estos requisitos. También se sabe que se les paga a los docentes $200.00 pesos la hora frente a grupo. Por otro lado, no parece que se haya creado un ambiente laboral sano en estas universidades, toda vez que sesenta docentes han hecho denuncias por despidos injustificados (https://www.eleconomista.com.mx/politica/Docentes-denuncian-despidos-en-la-Universidad-para-el-Bienestar-de-AMLO-20210812-0078.html), exigiendo que se les respeten sus derechos laborales y humanos, como son: reconocimiento de la relación laboral, seguridad social conforme lo marca la ley, estabilidad laboral, reconocimiento a la antigüedad laboral, pago de la jornada laboral completa (trabajo frente a grupo, preparación de clases, asesorías, gestión) y libertad de cátedra. A estas demandas, la coordinadora del programa ha respondido que las UBBJ funcionan como un programa de subsidios que no contempla la contratación de docentes, pues son considerados “beneficiarios sociales”, cuyos ingresos no están sujetos a retención de recursos.

En síntesis, el proyecto de las cien UBBJ de AMLO dista mucho de ser lo que presume: universidades, en estricto sentido. Más bien, son espacios educativos muy limitados en términos financieros, de infraestructura, de material y equipamiento, y de recursos humanos (tanto administrativos como académicos). Su configuración normativa es completamente distinta a las de los demás subsistemas de educación superior, al ubicar su administración en un organismo internacional (Crefal), que les permite ser tratados de manera distinta. Por ejemplo, no estar sujetas a la evaluación y certificación de sus planes y programas de estudio. Algo similar sucede con las relaciones laborales de sus docentes quienes, al parecer, no gozan de las garantías constitucionales al ser considerados beneficiarios sociales (una suerte de becarios). Finalmente, destaco la gran opacidad con que se maneja la coordinación de las UBBJ; la pobreza de los contenidos de su página de internet son una muestra de la falta de información y falta de transparencia. En su conjunto todas estas condiciones auguran resultados educativos muy pobres, lo que contradice su aspiración: ofrecer educación de calidad a las poblaciones más vulnerables.

En otras palabras, las UBBJ están ofreciendo una educación superior barata y de baja calidad a los estudiantes más vulnerables, lo que representa un contrasentido pues, en la práctica, replica la inequidad social que tanto ha dañado a México y que no hará salir a los más pobres de su condición social. Por ello, a este proyecto se le debería denominar Universidades Patito Juárez, que sí representa lo que son, por ahora.

Acerca del autor

Entrevista con Eduardo Backhoff
Eduardo Backhoff Escudero
Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.

1 comentario en «Pertinencia y calidad de las Universidades Benito Juárez»

  1. La opacidad en cuanto a su funcionamiento es en mayor medida, debido a la concentración de todo poder y toda facultad en manos de Raquel Sosa, una especie de dictador «educativo», y por otro lado, la ausencia de un órgano fiscalizador y sancionador ante las posibles corruptelas y malos manejos y mal funcionamiento de las sedes y el organismo coordinador mismo.

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