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1 de septiembre de 2026
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Percepción y realidad: una caja que nos libera de otras cajas

El sendero de leyendas que propician nuestros pasos, será? acaso el estado de huella al que Derrida se refiere en la différence. La verdad está en el lenguaje, nos ha dicho Ludwig Wittgenstein, una sola letra, puede hacer ruido, estamos convencidos. Verbo es Verdad, es nuestro ánimo, nuestra divisa. Nuestra presencia: un arcoíris de recuerdos, diría Murakami.

Ciencia, filosofía y misticimso han abordado la ilusión de realidad que se forma a través de nuestros sentidos

Los físicos estiman que nuestros sentidos eligen una parte ínfima de las ondas de energía y partículas que nos rodean.

El sendero de leyendas que propician nuestros pasos, será? acaso el estado de huella al que Derrida se refiere en la différence. La verdad está en el lenguaje, nos ha dicho Ludwig Wittgenstein, una sola letra, puede hacer ruido, estamos convencidos. Verbo es Verdad, es nuestro ánimo, nuestra divisa. Nuestra presencia: un arcoíris de recuerdos, diría Murakami.

Del mismo modo como Jean Paul Sartre entendiera que: “Existir es comprender”; don Juan, asegura: “La realidad es sólo una descripción”, aun más: una pintura. Esta idea, a pesar de pertenecer a la “toltequeidad” recopilada en Las enseñanzas de don Juan, no es una idea aislada.

El divulgador científico mexicano, José Gordon en El efecto imaginante, editado por Conaculta en 2012, apunta: “el ensayista francés Gaston Bachelard decía que imaginar es ir más allá? de las imágenes primeras. Esto implica que lo que vemos inicialmente se vuelve una caja que limita la percepción. No apreciamos frecuentemente este hecho porque las paredes de nuestra celda están hechas con infinidad de estampas: estrellas, árboles, montañas, lagunas, gatos y serpientes. Los muros de esta cárcel pueden ser el cielo, las formas humanas o los ojos de un avestruz. Debido a que estamos acostumbrados a esas paredes no nos damos cuenta de que estamos dentro de una caja”.

Don Juan, a diferencia del filósofo francés, lo dice de esta forma: “Vivimos en una burbuja, esa burbuja es nuestra percepción, vivimos dentro de esa burbuja toda la vida y lo que presenciamos en sus paredes redondas es nuestro propio reflejo, la cosa reflejada es nuestra visión del mundo, esa visión es primero una descripción, que se nos da desde el instante en que nacemos, hasta que toda nuestra atención queda atrapada en ella y la descripción se convierte en visión, la tarea del maestro consiste en reacomodar la visión”.

Nuestra visión busca el cambio, y el cambio, es el poder que cierne el mundo, algunos, por ejemplo, le nombran infinito. Otros como Gastón Bachelard, encuentran el cambio en el camino mismo, cuando certero intuye: “en el devenir se encuentra la sustancia, como en la sustancia el devenir”. Es el encuentro con el espejo como un rio que no se agota, lo que hace que cada cosa, nos devuelva nuestra semejanza. “Todo es espejo/ tu imagen te persigue”, ha dicho Octavio Paz.

José Gordon, comparte esta misma idea desde la óptica científica: “un interesante experimento, diseñado por Hubel y Wiesel, nos da un atisbo del condicionamiento perceptual. Los investigadores colocaron a tres grupos de gatos recién nacidos en entornos cuidadosamente controlados durante el periodo en que comenzaban a abrir los ojos. Éste es un momento muy crítico ya que los gatos nacen con los ojos cerrados y los nervios ópticos sin desarrollar. Parafraseando al poeta Antonio Machado: se hace mirada al mirar”.

Y agrega: “para ver como sucedía este proceso, se colocó al primer grupo dentro de una caja con paredes blancas atravesadas por líneas horizontales de color negro; al segundo, en una caja blanca con líneas verticales negras; y al tercero, en una caja completamente blanca. Los resultados fueron los siguientes: los gatos que nunca estuvieron expuestos a líneas verticales moldearon sus conexiones neuronales de tal suerte que se tropezaban con las patas de las sillas y las mesas. Para el otro grupo, lo que no existía eran las líneas horizontales. El de la caja blanca sufría desorientación, no podía relacionarse correctamente con ningún objeto”.

“Estoy convencido —dice don Juan- de que el hombre, para sobrevivir en esta época, tiene que cambiar la base social de su percepción”. Hará? trescientos veinte millones de años que, la evolución apenas nos configuraba un cerebro de reptil, pero hoy día, ya podemos ver cómo se desarrolla una guerra en tiempo real, a través de la banda ancha, empezar y terminar relaciones afectivas por WhatsApp, enviar mensajes amielados o detonar una bomba dentro de un tren con un teléfono celular. Pese a ello, el rutinario transito de nuestros días crea la ilusión de que todo está estable, y la inmovilidad de los edificios y la parálisis de los monumentos, se encargan de seguir el juego.

-“¿Cual es la base social de la percepción, don Juan?”, le pregunta Castaneda al indio yaqui.
-“La certeza física de que el mundo está compuesto de objetos concretos. Llamo a esto la base social de la percepción, porque todos nosotros estamos involucrados en un serio y feroz esfuerzo para percibir el mundo en términos de objetos”, contesta don Juan.

José Gordon, lo dice en estos términos: “La realidad que apreciamos depende de la riqueza de estímulos y experiencias a las que nos sometemos. La educación, la cultura, los patrones de diseño del entorno natural moldean el cerebro y le permiten ver una fracción del mar de la realidad”.

Categórico agrega: “cuando miramos un árbol estamos sintonizando tan sólo un canal de la banda del radio que es el mundo. Hoy en día, los físicos estiman que nuestros sentidos eligen menos de un milmillonésimo de las ondas de energía y partículas que nos rodean. Esto quiere decir que muchos de los objetos fuera del cerebro no existen para nosotros, no porque sean irreales, sino más bien porque no hemos establecido las conexiones interneuronales para percibirlos”.

—“¿Cómo deberíamos percibir entonces el mundo?”, vuelve a preguntar Castaneda a don Juan.
—“Cómo energía. El universo entero es energía. La base social de la percepción debería ser entonces la certeza física de que todo lo que hay es energía. Deberíamos empeñarnos en un poderoso esfuerzo social a fin de guiarnos a percibir energía como energía. Tendríamos de este modo ambas alternativas al alcance de nuestras manos”.

Hablar un idioma es ganar un mundo, pero al mismo tiempo es encerrarnos en una visión unica, la de la cultura de la cual, heredamos ese idioma. Gordon lo dice de forma más precisa: “el lenguaje se convierte en un amortiguador entre la realidad y la percepción”; de ahí deriva el valor de la literatura, de la imaginación, pues plantea: “tal vez esa sea una de las funciones de la literatura: ser una caja que nos libera de otras cajas”, propedéutico que nos prepara para el misterio de la vida y su infinito asombro.

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Héctor Martínez Rojas
Periodista especializado en educación superior | Web |  + posts
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