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Los libros de texto gratuitos en la reforma de Echeverría

Durante su mandato, su propuesta de reforma educativa requirió la elaboración de una nueva generación de materiales de estudio que recibieron no pocas críticas

El primero de diciembre de 1970 inicia el periodo presidencial de Luis Echeverría Álvarez. La herida del 68 está abierta y no haría sino agravarse el 10 de junio del año siguiente por la violenta represión contra estudiantes. El ostensible deterioro de la legitimidad política del régimen será enfrentado mediante acciones y políticas, entre ellas una reforma general del sistema educativo, el reforzamiento del pacto entre el gobierno y el sindicato magisterial, así como la apertura de espacios, en el ámbito educativo, cultural y en diversos programas sociales, para la atracción de intelectuales y críticos del poder establecido.

A poco de iniciado este periodo de gobierno se anuncia la intención de desarrollar reforma educativa integral, que incluiría nuevas modalidades de estudio, la ampliación de la oferta educativa en todos los niveles, la reforma de la educación normal y la reformulación del currículum. La reforma de Echeverría implicó cambios relevantes en la organización de la SEP, entre ellos la creación de la Comisión Coordinadora de la Reforma, el reforzamiento del Consejo Nacional Técnico de la Educación y la instalación de las Unidades de Servicios Descentralizados. El proceso culminaría con la aprobación de la Ley Federal de Educación (1974), la creación del Instituto Nacional para la Educación de Adultos y la correspondiente Ley Nacional de Educación de Adultos (1975).

En el ámbito de la educación primaria, la reforma de planes, programas y materiales se articuló en a un currículum por áreas de conocimiento. Los nuevos planes fueron dados a conocer en 1972 (SEP, Educación primaria. Plan de estudios y programa). En ese documento, las áreas del programa renovado se denominan: Lenguaje, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales; además de las áreas prácticas de educación física, actividades artísticas y actividades tecnológicas.

La estructura de los programas incluiría, en cada caso, la definición de unidades de aprendizaje así como la programación por objetivos (generales y específicos) y las actividades para alcanzarlos. Se proponía la fórmula de un aprendizaje “cíclico”, que reemplazara al acumulativo y memorístico a través de la enseñanza de temas afines con progresivos grados de complejidad, la adaptación de los contenidos a realidades y experiencias cotidianas y con posibilidades de aplicación práctica. Se añadía, por último, la integración interdisciplinaria de conocimientos, con la propuesta de correlacionar los contenidos de las áreas a partir del tercer año de primaria.

Como era de esperarse, a la renovación curricular seguiría la elaboración de una nueva generación de libros de texto gratuitos. A diferencia de las ediciones previas, que fueron elaboradas principalmente por docentes normalistas, seleccionados por la calidad de sus productos, en esta ocasión la tarea se encomendó a especialistas. El grupo operó bajo la coordinación general de Roger Díaz de Cossío, subsecretario de planeación y evaluación de la SEP y, para cada área de conocimiento, se designaron coordinadores de área y autores de distintas instituciones, principalmente del sector académico.

Para el área de ciencias sociales la coordinación general recayó en Josefina Vázquez de Knauth (El Colegio de México) y participaron historiadores y especialistas en ciencias sociales de El Colegio de México, la UNAM, el INAH y la SEP. Fungieron como integrantes de la comisión revisora Guillermo Bonfil (INAH), así como Rodolfo Stavenhagen, Luis González y Víctor Urquidi (El Colegio de México).

Los libros del área de matemáticas se encargaron al Departamento de Matemáticas del Cinvestav. En la semblanza histórica del mismo se registra que “durante el sexenio 1970-1976, a solicitud de la SEP, el departamento se encargó de elaborar los libros de texto gratuitos de matemáticas para la enseñanza primaria. Esto constituyó un gran reto, puesto que ninguno de los profesores del departamento había tenido experiencia en la enseñanza primaria, excepto con sus hijos. Los libros de texto que surgieron de este esfuerzo fueron excelentes; requirieron ser trabajados y mejorados durante mucho tiempo.” La coordinación del área le correspondió a Carlos Imaz. A raíz de esa experiencia, se creó el Departamento de Matemática Educativa del Cinvestav. El de Ciencias Naturales fue coordinado por el biólogo Juan Manuel Gutiérrez Vázquez del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav. En el texto participaron investigadores de la UNAM, el Politécnico, el Cinvestav y la SEP.

Al igual que ocurrió en el lanzamiento de la primera generación de libros de texto gratuitos, los nuevos abrirían un frente de polémica. Según constata Lorenza Villalever (Cincuenta años de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos: cambios y permanencias en la educación mexicana (Conaliteg, 2009), las principales vertientes de crítica provinieron de grupos conservadores que cuestionaban el contenido de los textos de ciencias naturales por incluir el tema de la reproducción humana y aspectos relacionados con la educación sexual. Una segunda vertiente, representada por intelectuales afines al proyecto ideológico gubernamental, criticó los textos de historia por alejarse de los valores nacionalistas y por la que consideraban una visión sesgada del escenario político internacional. No faltó la inconformidad del gremio magisterial por haber sido omitida su participación en el proceso, ni la de algunos pedagogos que cuestionaban el enfoque educativo del currículum y por lo tanto de los nuevos libros de texto.

En los años siguientes se hicieron modificaciones a los libros de Ciencias Sociales, en el sentido que sus críticos hacían notar y se actualizaron contenidos para los restantes. No se eliminó, como deseaba el sector conservador, las referencias a la reproducción humana o a las nociones de educación sexual. Las sucesivas ediciones cambiarían, eso sí, las portadas de los libros —se regresó a la exaltación de las figuras de la historia patria— y algunas de las ilustraciones. Esta generación permanecería hasta iniciar la década noventa, en que una nueva reforma educativa abriría otro proceso.

Acerca del autor

Roberto Rodríguez Gómez
UNAM Instituto de Investigaciones Sociales | roberto@unam.mx

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