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Los clásicos de hace cien años

En los inicios de la SEP, José Vasconcelos buscó ofrecer a la población lo mejor del saber humano

Cuando México despertó a la modernidad terminaba la guerra de Revolución. El fruto maduro de aquel movimiento social dio vida a un ministerio de educación pública federal; la ciencia pedagógica suiza ya había pasado por nuestro país a través del educador Enrique Rébsamen, aún así la cultura clásica se consideraba inalcanzable, indigerible para un pueblo al cual, en 1921, se le iba a enseñar a leer y a escribir.

Por esta iniciativa alfabetizadora a Vasconcelos lo vapulearon en la prensa de la época; las joyas del pensamiento universal eran despreciadas para este propósito. En sus memorias, el oaxaqueño reflexiona “por qué se ha de privar al pueblo de México, a título de que es pueblo humilde, de los tesoros del saber humano”. En sus memorias, Vasconcelos se defiende puntualizando que también se distribuyeron “dos millones de lecturas de primaria”.

El Departamento Editorial de la recién creada Secretaría de Educación Pública, editó en dos tomos la antología Lecturas clásicas para niños; “pero esto lo callaban maliciosamente los detractores y se insistía, se ha seguido insistiendo durante años, en que fue ridículo editar clásicos”, se queja Vasconcelos en La tormenta.

Ahora que se celebra el centenario de la SEP y se ha rescatado toda esta memoria que forma parte del patrimonio de los mexicanos, se puede revisar de forma digital tanto los famosos “libros verdes” (Homero, Goethe, Esquilo, Platón Eurípides), como las Lecturas clásicas para niños que tienen a bien empezar con lecturas védicas, pero veamos.

El ataque por parte de los editores de libros y de periódicos como de los lectores de libros y periódicos, se advirtió incluso antes de imprimir las cuestionadas obras; esto se puede saber por la introducción y el prólogo de Bernardo Gastélum y José Vasconcelos, respectivamente.

En la introducción de las Lecturas clásicas para niños -oficio emitido en su momento por el Dr.Gastélum- , llama la atención del lector sobre aquellos que aprecian la profundidad de la vida “dentro de fórmulas hechas”, busca escapar de las “lecturas peptonizadas”; sobre las propuestas de literatura infantil de la época, Gastélum aprecia un “infantilismo forzado”. En suma, Vasconcelos y Gastélum apuestan por la lucidez y la imaginación de los infantes mexicanos.    

De acuerdo con Vasconcelos en el prólogo de estas Lecturas clásicas para niños, en un concurrido banquete, los editores de aquel tiempo interpelaron a Gastélum, le advirtieron que “el Estado no debe editar libros porque al hacerlo arruina a la industria privada mediante una competencia desleal”, además, los editores apreciaban que los niños no debían leer clásicos por la simple razón de que no estaban al alcance de su inteligencia.

La respuesta de Vasconcelos ante el temor de estos editores, tuvo en principio un tono radical, pues dijo: “el Estado tiene el derecho de abaratar el libro y difundirlo, aun cuando por hacerlo se arruinen veinte empresas”. Después, Vasconcelos asumió un tono más conciliador “en realidad lo que tendría que pasar era que todos aquellos que han aprendido a leer en el millón de libros repartidos por el gobierno tendrían que volverse clientes de los editores”.

Sobre la inteligencia de los niños, el autor del Ulises criollo, reconoce que los mayores juzgamos con “petulancia” el cerebro infantil. “Nuestra propia pereza nos lleva a suponer que el niño no comprende lo que a nosotros nos cuesta esfuerzo; olvidamos que el niño es mucho más despierto y no está embotado por los vicios y apetitos”. Todavía más, Vasconcelos categórico asegura que, todos los niños tienen genio, sólo hasta llegar a los dieciséis años “nos volvemos tontos”.

Cien años después, a nuestro tiempo le toca decidir si estas lecturas son aptas para el desarrollo de la infancia mexicana, para ello, sólo apuntemos rápidamente el contenido —por lo menos— del primer tomo de las Lecturas clásicas para niños.

En orden cronológico el contenido de este título es el siguiente: Los vedas, El Ramayana, Poemas de niños de Rabindranath Tagore, cuentos seleccionados de Las mil y una noches, fragmentos de la mitología griega, fragmentos de La Ilíada y La Odisea, tres pasajes del Antiguo Testamento y tres del Nuevo Testamento.

Como se podrá apreciar, hace cien años, cuando se empezó la campaña alfabetizadora se consideraba la mente de las niñas y los niños de México, propicia para altos vuelos, apta para digerir las cumbres del conocimiento y la belleza humana. Teniendo al alcance de nuestras manos estas herramientas, ahora nos toca decidir. 

Acerca del autor

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA

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