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La centenaria / III

Con José Vasconcelos como primer secretario de Educación Pública se llevaron a cabo las acciones que sentaron las bases del proyecto

En El desastre, tercera parte de sus memorias, José Vasconcelos narra con lujo de detalles, anécdotas, circunstancias y personajes los preparativos que condujeron a la creación de la Secretaría de Educación Pública. El volumen fue publicado por primera vez en 1938 (Ediciones Botas), veinte años después la editorial Jus dio a conocer una “edición expurgada” del texto.

Además de esta fuente básica, el libro de Claude Fell, Los años del águila (UNAM, 1989), dedicado precisamente al periodo entre 1920 y 1925, permite identificar, paso por paso, la secuencia de acontecimientos que hicieron posible la concreción del proyecto. Fell hace notar, entre otros aspectos, el nexo entre el propósito de Vasconcelos con el programa insuficientemente desarrollado e interrumpido de Justo Sierra en la postrimería del régimen de Díaz. También destaca los hilos de continuidad entre el enfoque que pretendía dar al ministerio con el ideario del Ateneo de la Juventud, así como el aprovechamiento de algunas ideas, tomadas de la experiencia de la revolución soviética, para la organización central de la política educativa.

En el lapso comprendido entre el nombramiento de Vasconcelos como rector de la Universidad Nacional y el inicio de su cargo como primer secretario de Educación Pública (9 de julio de 1920 al primero de octubre de 1921) destaca la cantidad, intensidad y naturaleza de las acciones emprendidas para sentar las bases del proyecto. Voluntad, capacidad de trabajo e inteligencia política son rasgos que, sin exageración, caracterizan al Vasconcelos de ese momento.

Voluntad porque en ningún momento dudó de las ventajas que implicaba la creación de un ministerio federal en materia educativa. Por el contrario, consiguió persuadir a gobernantes, comenzando con el presidente Obregón e incluyendo posteriormente a los gobernadores de los estados y los legisladores de la Federación y las entidades federativas, a los académicos de la Universidad Nacional, a una parte importante de los liderazgos del magisterio nacional y progresivamente a la opinión pública.

Capacidad de trabajo porque desde su primera jornada en calidad de rector universitario emprendió, encabezándolas personalmente, las tareas de diseño, organización y gestión que implicaba el proyecto que había concebido. Desde la campaña de alfabetización que comentamos en la entrega pasada, hasta las tareas de elección, edición y publicación de obras clásicas en grandes tirajes, impensables para la época. Pero no solo eso, sino que, llevando al límite sus atribuciones como Jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes, que venía acompañado del cargo de rector universitario, se encargó de echar a andar, todavía sin los recursos indispensables, los departamentos en que se organizaría la SEP al momento de su creación, lo que incluía negociar con Obregón los cargos de dirección requeridos.

Además, detalle muy importante, Vasconcelos se encargó en persona de identificar, conseguir y negociar la adquisición de los inmuebles en que se ubicaría la Secretaría. Lo cuenta así: “sin comunicarlo a nadie, para no suscitar recelos de unos y alarma de un oficialismo que escatima lo que se gasta en atenciones educativas y no advierte los derroches del Departamento de Guerra, me puse a estudiar planos para levantar un gran edificio propio sobre las ruinas de un viejo proyecto de Escuela Normal. Detrás de los escombros de la antigua Normal de Señoritas estaba el hermoso patio de arcadas del antiguo convento de Santa Teresa, mismo que en mi tiempo de estudiante había albergado a la Escuela de Leyes. Aprovechar este patio, anteponiendo un antepatio y un palacio nuevo, tal fue la decisión adoptada.”

Consiguió además, con el apoyo de Obregón y la autorización del presidente interino De la Huerta, adquirir y construir nuevas instalaciones, principalmente primarias públicas en la Ciudad de México. Rememora: “empecé a rescatar para Educación Pública lo que quedaba: las sobras de la Amortización (…) Y nos hicimos de terrenos sin construir que parecían inservibles, y ocupamos antiguos camposantos ya clausurados y que se habían echado en olvido (…) Pronto el departamento de ingenieros de la Universidad tuvo más trabajo que el Ministerio de Obras Públicas. Adjudicar los trabajos de obra a la Universidad, participar en la supervisión de estos fueron, según el relato autobiográfico, tareas que ocuparon cotidianamente al futuro ministro en ese tiempo. Lo importante, sin embargo, es anotar que al momento de ser autorizada la creación de la SEP por el Congreso Federal ésta ya se encontraba en condiciones de avanzar en su agenda de trabajo.

El tercer factor, el talento político del Vasconcelos de ese momento, jugaría un papel decisivo. No solo por su impecable lectura de la correlación de fuerzas en la coyuntura, sino por los medios puestos en juego para contar con el respaldo de los factores de poder involucrados, una opinión pública favorable y, lo más importante, con la colaboración de los intelectuales, el cuerpo docente y las autoridades locales. Para valorar este elemento conviene recordar que apenas tres años antes el Congreso Constituyente había optado por entregar a los estados y municipios la gestión de los servicios educativos ¿Cómo ocurrió el viraje hacia la administración centralizada?, ¿cuáles fueron sus consecuencias?, ¿qué límites enfrentó el proyecto de Vasconcelos?

Abordaremos tales cuestiones en la última entrega de esta serie.

Acerca del autor

Roberto Rodríguez Gómez
UNAM Instituto de Investigaciones Sociales | roberto@unam.mx

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