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El sabiondo Zaid

Es preocupante que, desde la cima del poder político, se descalifique así a una de las mentes más lúcidas de México

1. En un tuit oficial el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, escribió: “Contra viento y marea y aunque no le guste a The Economist, a los conservadores ni al sabiondo de Zaid, la transformación pacífica, democrática y con dimensión social es imparable”.

2. Es una befa referirse a Gabriel Zaid, una de las sensibilidades e inteligencias más importante no sólo de nuestro país, con la despreciativa expresión “el sabiondo de Zaid”. (Por cierto, gramaticalmente, lo correcto es “el sabiondo Zaid”; la preposición “de” está de más.) Y es una befa mayor que lo haga el presidente de México desde la punta de la pirámide del poder político, pues si se lanzan ofensas desde el Poder, se está utilizando la investidura presidencial, con todo lo que ello conlleva, para denostar a una persona que ejerce sus derechos, es decir, su libertad de prensa y expresión que le concede la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

3. Quien está en lo más alto del poder político, nada más por esto, debe obligarse a respetar a los ciudadanos, aunque no esté de acuerdo con ellos, pues el presidente es el “mandatario” no porque manda, sino porque es el representante de los ciudadanos que son los que mandan y quienes lo han puesto en la presidencia para que los represente. Un presidente no es un monarca, por más que prácticamente todos se comporten como monarcas.

4. “Sabiondo” es un adjetivo desdeñoso y despreciativo. En el Diccionario de Autoridades, tomo VI (1739) leemos su significado: “El que quiere introducirse en la resolución de cualquier dificultad, con arrojo y poco conocimiento: y así equivale a muy sabio. Úsase de esta voz por ironía”. En la última edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, 2014) tal adjetivo se define así: “Que presume de sabio sin serlo”. Aunque Gabriel Zaid posee mucha sabiduría, jamás ha presumido de ser sabio. Por ello es una befa tratarlo de “sabiondo”.

5. Gabriel Zaid posee una de las mentes más lúcidas y ha contribuido grandemente a la cultura y al conocimiento del México contemporáneo, y ha estado ahí, siempre, donde un intelectual debe asumir la responsabilidad de criticar los autoritarismos del poder: lo hizo con todos los presidentes priistas y con los panistas y lo sigue haciendo con el presidente actual, a quien le disgustan las críticas (es natural que así sea), le fascinan los aplausos y las loas (puede llegar a ser enfermizo que así sea) y es refractario a la autocrítica. Si alguien ha contribuido a la democracia en México, ése es Gabriel Zaid.

6. Pero el presidente de México, que ha tildado de “sabiondo” a Gabriel Zaid, no es siquiera congruente. Es majadero con Zaid, pero se queja de soportar majaderías. En relación con la revista británica The Economist, que dedicó su portada y un amplio y crítico análisis a su gobierno, el presidente dijo: “Ahora están molestos porque la gente está apoyando una transformación, entonces sacan esta portada majadera, muy grosera, desde luego mentirosa, llamándome el falso mesías”.

7. “Majadero” (de majar) es el “necio y porfiado”, leemos en el DRAE; y, en cuanto, al sustantivo femenino “majadería”, María Moliner, en su Diccionario de uso del español, lo define como “dicho o hecho imprudente, inoportuno, molesto o que revela falta de discreción o de inteligencia en quien lo dice o hace”. Y remite Moliner a los vocablos afines “estupidez, idiotez, imbecilidad, necedad, tontería”.

8. Que el presidente de México encuentre majadería en la portada de The Economist, pero no vea majadería en tildar de “sabiondo” al muy inteligente y siempre oportuno Gabriel Zaid revela una doble forma de calificar las cosas, según le convengan o no.

9. Gabriel Zaid es ingeniero y la etimología de esta profesión remite obviamente al ingenio, la habilidad, el talento, la inteligencia. Es uno de nuestros mayores poetas, uno de los mejores críticos y conocedores del mundo cultural y un analista económico y político de primerísimo nivel, reconocido en México y el extranjero. Sobre su indispensable libro La economía presidencial (1987), Octavio Paz afirmó que “merece ser leído y estudiado por todos”, ¡y precisamente, cuando apareció el libro, la publicación británica The Economist! lo saludó del siguiente modo: “Encuentra la raíz de casi todos los males mexicanos en la acumulación progresiva de las decisiones económicas en manos del presidente”.

10. El presidente posee todo un repertorio de descalificaciones, como elemento consustancial de su discurso, y por eso no deja de sorprender que se queje de recibir majaderías siendo él tan indelicado. Al momento de asumir la presidencia de México comenzó a preocuparse por “la investidura”. Es comprensible. Pasó de la embestidura opositora del “¡Ya cállate, chachalaca!” y “¡Al diablo con sus instituciones!” a la preocupación de que le pudieran faltar al respeto ya como presidente. (Esta fue la justificación para no recibir a Javier Sicilia y a otros activistas que luchan porque se haga justicia con los desaparecidos y los familiares de las víctimas ¡que también son víctimas!).

11. Pero si a un presidente le preocupa cuidar su investidura no puede ir repartiendo “¡carajos!” y denuestos parecidos acá y acullá, pues esto es obrar contra la propia investidura presidencial. Gabriel Zaid documentó en célebre artículo (“AMLO poeta”, 24 de junio de 2018) el repertorio de las befas del “artista del insulto, del desprecio, de la descalificación”. El verbo “insultar”, por cierto, cuyo sinónimo es “ofender”, tiene como raíz latina insultāre, que se traduce, literalmente, como “saltar contra”.

12. Insignes como Octavio Paz y José Emilio Pacheco consultaban a Zaid cuando tenían alguna duda. Y hasta Elena Poniatowska, lopezobradorista, lo ha hecho. En “El insólito caso del gran poeta Gabriel Zaid” (18 de octubre de 2015) refirió: “solía yo llamarle a su trabajo a eso de la una de la tarde a Ibcon, S. A., y me daba muy buenos consejos. Con un seco ‘no lo hagas’ me salvó de meter una pata elefantiásica… Resultó un asesor excelente”. Y, sí, claro que sí, ¡es un asesor excelente!; lástima que los políticos mexicanos y especialmente quienes alcanzan la presidencia del país no se dejen asesorar leyendo sus libros, ¡sin que él les cobre un centavo!

13. Monsiváis lo admiraba tanto, pero de veras tanto y en secreto, que, para no consultarlo personalmente, lo leía y lo plagiaba. Un día Zaid se lo dijo por escrito (“En defensa de Pellicer”): “presenté un análisis de la evolución de Pellicer en tres etapas. No deja de ser bonito que Monsiváis ahora lo presente como suyo. [..] Aprovechando que Monsiváis no tiene inconveniente en que yo le escriba sus artículos, me permito ofrecerle unas cuantas de las innumerables correcciones que su texto necesita”.

14. Elena Poniatowska elogia “la presencia y la fuerza moral de Gabriel Zaid”, que le parece sorprendente porque él no busca reflectores y es enemigo de las apariciones públicas. (Se le puede rendir un homenaje, pero el homenajeado no estará ahí para escuchar los elogios y los aplausos con cara de autosatisfacción.) Pensando en él y en Octavio Paz y en otros grandes escritores, la querida y admirada Elena afirma: “En nuestros países es tal el vacío de líderes políticos que la gente entroniza al escritor en un altar al que puntualmente le enciende su veladora siempre y cuando opine ‘en favor de’, ‘en contra de’. ¡Ah!, pero si se le ocurre salirse del libreto que a la mayoría atrae, entonces lo tildan de ‘vendido’, ‘traidor’, ‘reaccionario’”.

15. Querida Elena: las cosas que detestamos del priismo parecen no haber cambiado; o sí, tal vez, pero para peor. Que el presidente tilde de sabiondo a nuestro gran Gabriel Zaid, desde la altura del poder político, no lo había hecho nadie. Ni siquiera el PRI.

Acerca del autor

Juan Domingo Argüelles
Fabulaciones

Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018), Escribir y leer en la universidad (ANUIES, 2019), La prodigiosa vida del libro en papel: Leer y escribir en la modernidad digital (Cal y Arena/UNAM, 2020) y ¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español (Océano, 2021). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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