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El regreso de los olvidados: redescubriendo a los académicos

A finales del siglo XX, el estudio de los académicos estuvo en boga, cuando un grupo de especialistas, radicado en la UAM Azcapotzalco, participó en un proyecto comparativo internacional sobre ese sector, financiado por la Carnegie Foundation.Después, esa línea de investigación se ramificó, en referencia a México, gracias a la colaboración con investigadores pertenecientes a otras instituciones de educación superior. Aunque, desde aquella época, algunos colegas conservaron este eje de trabajo, ese se desdibujó luego. En parte, por efecto de moda, en parte por falta de información. La Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (Anuies) dejó de publicar estadísticas sobre los docentes de nivel superior después de 2012. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) generó algunas, pero sus niveles de agregación no permitían diferenciar las situaciones, según los subsistemas, ni documentar los niveles de escolaridad de los docentes-investigadores, conforme con su distribución por subsistema y sus características sociodemográficas.

Es tiempo de volver a preguntarnos qué significa ser docente hoy

Es indispensable retomar temas educativos que se han abandonado después de tener un auge hace décadas.

A finales del siglo XX, el estudio de los académicos estuvo en boga, cuando un grupo de especialistas, radicado en la UAM Azcapotzalco, participó en un proyecto comparativo internacional sobre ese sector, financiado por la Carnegie Foundation. Después, esa línea de investigación se ramificó, en referencia a México, gracias a la colaboración con investigadores pertenecientes a otras instituciones de educación superior. Aunque, desde aquella época, algunos colegas conservaron este eje de trabajo, ese se desdibujó luego.

En parte, por efecto de moda, en parte por falta de información. La Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (Anuies) dejó de publicar estadísticas sobre los docentes de nivel superior después de 2012. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) generó algunas, pero sus niveles de agregación no permitían diferenciar las situaciones, según los subsistemas, ni documentar los niveles de escolaridad de los docentes-investigadores, conforme con su distribución por subsistema y sus características sociodemográficas.

Los datos presentados por el Sistema Integrado de Información de la Educación Superior (Siies) corroboran la importancia de indagar de nueva cuenta los orígenes, las condiciones de trabajo y los recorridos profesionales de los académicos, es decir sus perfiles, estatutos y trayectos. Mostraron que era necesario contar con indicadores confiables y actualizados sobre su formación y sus cargas laborales, pero también sobre su edad o género. La heterogeneidad de sus rasgos se puede medir a partir de múltiples indicadores sobre peculiaridades personales, además de profesionales: por ejemplo, mientras el promedio nacional de mujeres en la plantilla académica era de 46.6 por ciento, el de las adscritas a los tecnológicos, públicos y privados, bajaba a un 40.3 por ciento. Consecuentemente, el índice de paridad entre mujeres y hombres disminuía de un 0.81, a escala nacional, a un 0.68, en dicho sector. La tasa de discapacitados en la plantilla docente era respectivamente de 0.55 por ciento y nula.

En función del subsistema al que se adscriben los académicos, insertarse en la profesión docente o en la de investigación supone, además, desempeñar tareas distintas y toparse con oportunidades diferentes de desarrollar sus carreras, en ámbitos laborales estructurados con base en parámetros específicos (más que compartidos) de desempeño. En el interior de un subsistema, incluso, varia la proporción de programas acreditados: mientras, en la UNAM, el 69.9 por ciento de los programas, con un 79.9 por ciento de la matrícula, contaba con alguna certificación de calidad, otras instituciones públicas apenas insertaban en el sistema de aseguramiento la mitad de su oferta de formación.

Los académicos trabajan entonces en escenarios profesionales casi incompatibles entre sí o difíciles de comparar, pero, eso sí, sujetos todos a mutaciones profundas, por lo que sus (auto) representaciones se están tambaleando, imponiéndose a veces una sensación de cambio sin rumbo. Para ello, urge dilucidar ¿qué significa, en 2023, ser académico, después de la pandemia y ante las múltiples desestabilizaciones producidas por la Inteligencia Artificial? Empezar a responder ese interrogante implicará documentar la heterogeneidad de la plantilla y de sus referentes, sus estrategias de inserción institucional y sus ethos de pertenencia. Supondrá explorar cualitativamente cuestiones emergentes para entender los nuevos ejercicios profesionales y los roles que se les exige desempeñar, en la era post-confinamiento. Reactivamente, confrontados con esas imposiciones, experimentan una fatiga existencial ante el estrés tecnológico y están desconcertados ante fenómenos en auge, el plagio, la hiperburocratización, la gestión atomizada del tiempo laboral y las dificultades para movilizarse colectivamente en torno a asuntos de interés común.

En esa perspectiva, es indispensable también retomar “viejos” temas, estudiados profusamente en los noventa del siglo pasado. Uno es el de la segmentación, en los criterios para el reclutamiento de los docentes e investigadores y en la asignación de obligaciones profesionales. Otro es el de las afiliaciones a las instituciones, siendo que muchos establecimientos, fuera del top ten y de los 100 establecimientos más importantes, trabajan con un puñado de profesores. Un tercero, fundamental para la planeación del crecimiento, concierne las correspondencias o desajustes entre el fortalecimiento de la plantilla académica, el de la matricula y el de la burocracia. Entre 2017 y 2021, el número de académicos creció apenas un 8.6 por ciento, cuando la matricula tuvo un auge mayor. No sabemos, en cambio, si el número de administrativos aumentó a un ritmo similar, menor o más rápido. Ojalá, podamos rastrear pronto esas dinámicas (y muchas otras) para cerciorarnos de los equilibrios internos, de los reacomodos y de las transformaciones en una profesión en transición acelerada, pero, en buena parte, ignota.

Sylvie Didou Aupetit
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) | Web |  + posts
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