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Educación, libertad y democracia, según Kant y Russell

Los libros de texto y, en particular, los libros de texto gratuitos de la mal denominada Nueva Escuela Mexicana son lo contrario de los libros para hacer libres a sus usuarios, esto es, a los educandos infantiles a quienes se pretende ideolog(t)izar desde la más tierna edad. Todo libro de texto es una guía que se vuelve fundamento cuando el propósito es adoctrinar a la niñez a la que se considera materia moldeable y maleable y no compuesta por seres humanos sensibles y pensantes a los que hay que ayudar a abrirles el mundo sin coerción ninguna.

La instrucción debe brindar herramientas para el pensamiento crítico en lugar de buscar la obediencia ciega

Para ambos pensadores, la enseñanza debe crear individuos que piensen por sí mismos.

Los libros de texto y, en particular, los libros de texto gratuitos de la mal denominada Nueva Escuela Mexicana son lo contrario de los libros para hacer libres a sus usuarios, esto es, a los educandos infantiles a quienes se pretende ideolog(t)izar desde la más tierna edad. Todo libro de texto es una guía que se vuelve fundamento cuando el propósito es adoctrinar a la niñez a la que se considera materia moldeable y maleable y no compuesta por seres humanos sensibles y pensantes a los que hay que ayudar a abrirles el mundo sin coerción ninguna.

Todo libro de texto puede ser una buena guía para enseñarnos la libertad y el ejercicio de la democracia o bien un prontuario que nos prepare para la sumisión ante el poder y sus caprichos, pues cuando el concepto de “libertad” lo define el gobierno en los libros de texto (obligatorios), lo que define es la libertad que le conviene al gobierno, no así a los libertos, aunado a ello que esa libertad (especialmente la individual) puede conculcarse o restringirse con los muchos mecanismos legales e ilegales de los que dispone un aparato gubernamental. Por medio de esos libros doctrinarios puede enseñarse de modo obligatorio que Ernesto Che Guevara fue un hombre virtuoso y un héroe a imitar, y no el matón siniestro que fue realmente en sus dichos y en sus acciones, comprobados por la historia, pero negados desde la ideología. Podrá enseñarse e incluso justificarse la “rebelión” (¡a niños de primer grado de primaria!), siempre y cuando no sea contra el gobierno que la promueve y recomienda.

Bertrand Russell, en su Diccionario del hombre contemporáneo (hay edición mexicana en Editorial Tomo, 2003), al referirse a la transformación de la naturaleza humana mediante la educación, asegura que “el origen de todos los males reside en el concepto bolchevique de la vida: en su dogmatismo del odio, y su creencia de que la naturaleza humana puede ser completamente transformada mediante la fuerza”.

En sus lecciones Sobre pedagogía (Universidad Nacional de Córdoba, 2008), Immanuel Kant advierte que el ser humano es la única criatura que debe ser educada, sin que esto signifique que ello equivalga a ser amaestrada. El amaestramiento, dice, está bien para los caballos, los perros y otros animales, pero jamás para el ser humano, porque “educar” es ayudar a ser libre y no a ser dócil y obediente, deformando así su vocación de aprender, ya que “el ser humano tiene por naturaleza una inclinación tan grande a la libertad que, una vez que durante un tiempo se ha acostumbrado a ella, lo sacrifica todo por mantenerla”.

Si, como concluye Kant, “el ser humano no es nada más lo que la educación hace de él para reafirmar su humanidad”, mitigar sus instintos y pasiones y elevar su inteligencia y sensibilidad, toda escolarización que busque disminuir su libertad y prepararlo para la obediencia a un Estado, a un sistema, a un régimen, a una ideología, a una creencia, es todo lo contrario a una educación para la libertad que favorezca el espíritu crítico.

Por esto, en coincidencia con Kant, Russell afirma que “la educación debería tener dos objetivos: primero, proporcionar conocimientos definidos —leer, escribir, matemáticas, etc.—, y segundo, crear los hábitos mentales que permitan a la gente adquirir conocimientos y formar juicios sanos por sí solos”, y esto no es otra cosa, explica, que “el desarrollo de los impulsos constructivos de los jóvenes, y las oportunidades para su existencia cuando sean adultos”.

Desgraciadamente, en los países menos respetuosos de las libertades, controlados por “los enemigos íntimos de la democracia” (para decirlo con palabras de Tzvetan Todorov), se ha impuesto la lógica del odio y del miedo con el uso de dogmas ideológicos que, en todo tiempo y lugar, han destruido la convivencia y han privilegiado la polarización entre “buenos” (los afines a esos dogmas ideológicos) y “malos” (los insumisos que se niegan a ceder su libertad). En consecuencia, en relación con los profesores y con quienes controlan el sistema educativo, Russell advierte que “el amor al poder es el principal peligro del educador y el del político; el educador digno de confianza tiene que interesarse por sus alumnos como tales, no como soldados en potencia del ejército de los propagandistas de una causa”.

Cuando leemos esta advertencia de Russell, la transcribimos de manera textual a fin de que lean algo cuerdo y sabio quienes hoy, en la inopia, la inepcia y el fanatismo ideológico, deshacen el sistema educativo con sus barbaridades que llaman Nueva Escuela Mexicana, montada sobre la ideología de la obediencia del alumnado y la triste función de los docentes como colaboracionistas y “propagandistas de una causa” de “iluminados” que Russell denominaría más bien “lunáticos” con una pertinente distinción: “A los lunáticos certificados se los encierra por su violencia, cuando se ponen en tela de juicio sus pretensiones; a los que no lo están, se les entrega el mando de poderosos ejércitos, y pueden causar la muerte y el desastre entre los hombres cuerdos que tienen a su alcance. El éxito de la locura, en la literatura, la filosofía y la política, es una de las peculiaridades de nuestro tiempo. Y la forma triunfante de locura procede, casi enteramente, de los impulsos hacia el poder”.

La educación será liberal o no será, pues, a decir de Russell, “la tarea de una educación liberal es dar un sentido al valor de las cosas; además del dominio experto y la ayuda a crear ciudadanos prudentes de una comunidad libre, mediante la combinación de ciudadanía y libertad en la creación individual, para facilitar que las personas den a la vida humana ese esplendor que unas pocas han demostrado que se puede conseguir”.

Mas lo que hoy ha demostrado la escolarización que tiene por objetivo formar adeptos a una ideología y a un tipo de poder es que está muy lejos de querer el desarrollo libre del individuo: busca, sobre todo, integrar a cada educando a una masa informe que sólo responda al culto a la personalidad de un caudillo (de “despotismo virtuoso”: el “ogro filantrópico” al que se refiere Octavio Paz) y a las ciegas instrucciones de los acólitos de ese caudillo. Por eso también Russell nos avisa de la no existencia de ese “déspota virtuoso” con las siguientes y precisas palabras: “No creo que pueda esperarse tener un déspota virtuoso, porque si hubiese un hombre virtuoso [con el ejercicio despótico del poder] dejaría pronto de serlo”. Que personas incluso muy inteligentes crean en ese “ogro filantrópico” y defiendan la panacea de un “déspota virtuoso”, habla muy mal de sus inteligencias, pues sabemos (y esto nos lo advirtió Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo [alegre, pero no demasiado]) que incluso “se puede ser Premio Nobel y a la vez ser un estúpido”, y ya ni hablar en el caso de los políticos, que no se precian, precisamente, por sus virtudes intelectuales.

Regresemos a Kant: “La educación es el problema más grande y más difícil que pueda plantearse al hombre, pues la inteligencia depende de la educación, y la educación depende a la vez de la inteligencia. De ahí que la educación sólo poco a poco pueda dar un paso hacia adelante, y sólo haciendo que una generación transmita a la siguiente sus experiencias y conocimientos, que ésta añada algo y pase a las siguientes, sólo así puede surgir el concepto correcto del tipo de educación”.

Por ello, dejar la educación en manos de ineptos improvisados y de lunáticos ideológicos es la peor cosa que puede ocurrirle a cualquier nación.

Juan Domingo Argüelles, poeta, ensayista y promotor de la lectura en México
Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista y lexicógrafo · Medalla Wikaráame al Mérito Literario 2025 | Web | + posts

Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).

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