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La pandemia: lecturas y recuerdos / II

Carlos Pallán Figueroa

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la Anuies

capafi2@hotmail.com

PALLAN LECTURAS 2

La pandemia: lecturas y recuerdos / III

Como se expresó aquí la semana pasada, en la tarea de ordenar una casa o estudio, aprovechando el encierro, me he topado con diferentes libros, textos y objetos que, estando perdidos u olvidados, suscitan recuerdos. Ahora fueron las memorias de Jaime Torres Bodet (5 tomos). Leídos con fruición, como textos de descanso, en un momento de intensa actividad académica, mil años atrás, ahora reaparecen ante mi vista en los dos volúmenes (FCE, casi 1,500 páginas), que compré hace tres años “para cuando tuviera tiempo”. De los cinco tomos originales, quiero referirme solo al titulado “La Tierra Prometida”, relativo a la labor desempeñada al frente de la SEP durante la presidencia de Adolfo López Mateos (ALM). De la gran obra ahí realizada destaco solo lo concerniente al llamado “Plan de Once Años”, haciendo leves apuntes a la colosal obra cultural emprendida durante ese tiempo, así como algunas pinceladas autobiográficas.

Jaime Torres Bodet (JTB) llega a la SEP, por tercera ocasión, el 1º de diciembre de 1958. Había estado ahí desde el momento en que cobró vida esa secretaría, en 1921, ocupando el cargo de director de bibliotecas. Tenía 19 años y se había ganado la confianza de su fundador, José Vasconcelos, ya que desde un año atrás había fungido como secretario particular de aquél, a la sazón rector de la Universidad Nacional. Vuelve en 1943 como secretario, el tercero y definitivo en el gobierno de Manuel Avila Camacho. En 1958, ALM lo compromete para aceptar otra vez el cargo de secretario, aprovechando su paso como cabeza de la Unesco seis años atrás. Digo “lo compromete”, puesto que ya había rechazado dos ofrecimientos en los días previos al inicio del sexenio. Sin embargo, aceptó una encomienda menor y personal: preparar un memorándum que contendría las líneas generales de un “programa muy ambicioso” en esa materia (9 cuartillas). Invitado por el Presidente electo para que se lo explicara personalmente, éste aprovechó para insistir en el ofrecimiento. Al término de la presentación, ALM, lacónicamente, le dice: “encuentro excelente el programa, pero la persona adecuada para ponerlo en práctica es, a mi juicio, usted”. La renuencia de JTB volvió a aparecer y, de nuevo, la insistencia de ALM: “yo tampoco aspiraba a la presidencia, pero no se rehúsa uno a servir cuando es menester hacerlo. Y usted no se rehusará” (cuidado mis lectores, si quieren ser libres, no hagan programas preliminares).

JTB recién había vuelto de Francia, donde fue embajador durante tres años. Había cumplido 56; tenía 38 de funcionario en México y en el extranjero. En ese lapso, solo dos pudo dedicarlos de tiempo completo a su gran pasión, las letras. El llamado de ALM le cae en el momento en que, refiriéndose a su esposa y con el deseo de prolongar dicha pasión, afirmaba sobre el futuro ambicionado:…“ y dejaríamos que la edad añadiese, a todo lo hecho y todo lo visto, la remembranza y quizá la paz”. La idea del retiro le seducía.

El “programa ambicioso” ya contenía, en germen, el Plan de Expansión y Mejoramiento de la Educación (el Plan de 11 años). Este fue el resultado de un rápido diagnóstico que dio sustento al Plan. En ese diagnóstico se ponía el acento en el problema de la infancia que estaba fuera del sistema escolar. Había casi cuatro millones matriculados en primaria (2.2 millones en el sistema federal), pero, “según los cálculos más optimistas”, los niños que carecían de escuela eran tres millones. Además, las insuficiencias o conflictos se manifestaban en otros aspectos: a) en aulas, no obstante la creación del Capfce desde 1944, cuando JTB dirigió la SEP por primera ocasión; b) no había libros de texto oficiales, solo recomendados y a expensas de los padres de familia; c) faltaban maestros, tanto por vía de formación como por su concentración en las áreas urbanas; d) las escuelas secundarias federales eran insuficientes, ya que las entidades federativas invertían poco en ese rubro; e) los programas de capacitación agrícola o industrial eran prácticamente inexistentes; f) faltaban instituciones tecnológicas que cubrieran al país; g) el subsidio para universidades públicas era muy bajo; h) además, se tenía un problema de estructura en el nivel primario y secundario: la federalización, en los términos en que se había concebido por Vasconcelos, 37 años atrás, “no era recomendable”.

Continuará la próxima semana.

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Carlos Pallán
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com

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