21 Aniversario
Después de 50 años de trayectoria, la periodista Cristina Pacheco, figura encarnada en la crónica de nuestro país, se retira
Atestiguó el prodigio de lo cotidiano, sin proponérselo, denunció la realidad que lacera. Con un instinto poético nos regalaba las perlas de lo habitual para que pudiéramos verlo con una renovada mirada, su mirada.
Esta semana Cristina Pacheco, luego de 50 años de trayectoria periodística se despidió de la televisión pública mexicana, de su casa, Canal Once. Siempre sensible, siempre amable e inteligente, fue agua fresca en tiempos donde la televisión mexicana era oficialista y acartonada.
Caminó por barrios y vecindades, ofreció reflectores a las fondas y a los pequeños negocios, verdaderos sobrevivientes de una economía siempre en crisis, dio pues con sus micrófonos, voz al pueblo, con sus cámaras, iluminó su rostro.
Recientemente, su programa “Conversando con Cristina Pacheco” —grabado en los estudios de Canal Once— era del disfrute de la audiencia mexicana, pero más de una generación creció con su mítico programa “Aquí nos tocó vivir”.
Ese nombre se hizo dicho, gran parte de los mexicanos ante el surrealismo imperante y muchas veces incomprensible de nuestras dinámicas sociales, concluían una idea, una crítica, un pensamiento, repitiendo ese título: “bueno, pero aquí nos tocó vivir”.
Ese título es ánimo y fortaleza, comprensión y crítica, una especie de resignación y resiliencia. La fama y eminencia de su esposo, a mi consideración, jamás le hizo sombra; de hecho, era más fácil que las niñas y los niños, los más jóvenes conocieran a Cristina por sus programas televisivos que a su esposo por sus libros que, soterrados no eran.
A finales del siglo XX ambos eran luminarias de una misma constelación. En septiembre de 2010, cuando a su esposo, el gran poeta José Emilio Pacheco (1939-2014) la Universidad Nacional Autónoma de México le otorgó el reconocimiento Honoris causa por su trayectoria literaria, Cristina, lo acompañó. Como reportero, ahí descubrí el profundo amor de esposa de la estrella de televisión.
Cristina Pacheco no podía caminar por la Ciudad de México sin ser reconocida, abordada, saludada, querida por su público, por su audiencia. Y lo que decía, en El Colegio Nacional, también me tocó hacer fila de más de una hora para que su esposo José Emilio, autografiara un ejemplar de Las batallas en el desierto.
Esta semana, por “graves problemas de salud”, Cristina Pacheco tuvo que hacer una pausa a su trabajo periodístico, el cual, representa una vida al servicio de la comunicación y el entendimiento, a reconocernos como parte de una cultura, de un tiempo.
Seguro estoy de que varios canales de YouTube alimentados por los “influencers” no serían posibles, no serían imaginables, sin el precedente que la televisión pública mexicana realizó con la voz, la inteligencia y la presencia de esta gran conductora mexicana. Por ahora pausamos, pero el camino ya está sembrado. Cristina Pacheco es y será una leyenda de la televisión mexicana, mérito aún mayor si consideramos que lo logró desde la televisión pública mexicana.
Hasta aquí este breve e inacabado homenaje, a una comunicadora que ha dejado huella en nuestro tiempo y en nuestro corazón.
La aviación civil
Hoy se conmemora el día de la aviación civil internacional. ¿Sabían ustedes que, el expresidente Francisco I. Madero fue el primer mandatario en volar en un avión? México, ha sido un país de avanzada, pero en muchas ocasiones hemos dejado escurrir como agua entre las manos esa ventaja. Por ejemplo, en el continente, incluso antes que Estados Unidos, tuvimos imprenta, pero esa es otra historia.
Los boleros
La UNESCO ha reconocido la música del género del “bolero” como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, un gran acierto. Hace algunos años, en un pequeño viaje por Europa, me tocó atestiguar en tres ciudades diferentes, la interpretación de músicos callejeros de los acordes de la canción “Bésame mucho”; reconocer a México en las calles de París, Florencia y Madrid, a través de su música, es un pequeño momento de aquellos que erizan la piel y tatúan acordes en el corazón, un agasajo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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