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Mientras hay pugnas en el CIDE y Conacyt, en la UASLP se realiza un encuentro en pro de la transparencia

Demasiada indolencia. Lo que ocurre en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) es apenas uno de los capítulos más recientes de la disputa del gobierno federal con la comunidad académica del país. Una pugna en la que también está en juego la diversidad, la pluralidad de ideas, pensamientos e ideologías. La apuesta ha sido, desde un inicio, la de uniformizar los enfoques y adoctrinar en una sola dirección. Algunos lo vieron venir desde los primeros días, pero la gran mayoría de científicos, investigadores, docentes, académicos y especialistas confiaron en un cambio de enfoque que nunca llegó, y en un apoyo que tampoco se tradujo en mejores condiciones para el ejercicio de su trabajo. Y, aun así, en ese contexto, y en un escenario que ha tenido sus bemoles e intensidades, pero que no se ha modificado en su idea central, la unidad, el respaldo y la solidaridad de quienes son directamente afectados dejan mucho qué desear.

La punta de la madeja. Lo vimos con la persecución a exdirectivos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y del Foro Consultivo, Científico y Tecnológico (FCCyT), lo vimos con los acicates hacia la educación superior, y muy directamente a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Guadalajara (UdeG), lo vimos con los intentos de modificar las leyes orgánicas de otras casas de estudios a nivel local, y más recientemente lo vimos con el endeble presupuesto que se asignó a la enseñanza superior para 2022. La ruta hacia la que camina la actual administración es muy clara y las voces apenas, como si no les afectara en serio, apenas se escuchan, apenas se alzan para cuestionar las decisiones que se han tomado últimamente. Y el futuro del CIDE es una señal muy ominosa que va a dar al traste con una de las instituciones que durante muchos años generó y se ganó a pulso un prestigio que hoy se encuentra a la deriva por caprichos políticos.

Anticipación a los hechos. Quien vio venir esta crisis, porque seguramente padeció los golpeteos desde el poder durante los últimos días de su gestión fue Sergio López Ayllón, quien renunció a la Dirección General del CIDE el 1 de agosto de este año. Nunca, ni siquiera en la parte final de su gestión trastabilló ni puso en juego la labor que desempeña, hasta ahora, este centro. Optó por dar un paso al costado y punto. Después llegó al cargo, de manera interina, José Antonio Romero, solo para ganar tiempo a la estrategia que se viene dando para debilitar, desprestigiar y desmantelar a los centros de investigación que operan en el país. Después, todo se convirtió en pugna entre las corrientes que operan internamente en el partido en el poder, y Romero se aferró al cargo para pelear la posición con Vidal Llerenas Morales, un político que no tiene ni el perfil académico ni el empaque para darle continuidad al trabajo del CIDE. Pero como la apuesta no es la excelencia académica, se entiende por qué colocar a este personaje.

Perfil débil. Lo de Vidal Llerenas Morales se entiende por su cercanía con el hoy canciller Marcelo Ebrad Casaubón, con quien trabajó cuando este fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Su trabajo ha sido siempre desde el terreno político y ha sido operador de este grupo desde hace varios años. Aunque presume una formación educativa en el extranjero, su trayectoria ha estado alejada de la problemática que viven las instituciones de educación superior de este país. Pero como el grupo que lo impulsa ya se incrustó al interior del CIDE, difícilmente veremos a alguien que cuestiona y cuente con un perfil académico, como había sido una tradición y un requerimiento importante. Y quienes piensen que aquí acaba el asunto, podrían pecar de ingenuos. Los centros de investigación, así como operan y están concebidos, no son prioridad. Por eso la línea de cambiar la “visión neoliberal” que tienen. Y si se inició el embrollo en el CIDE es porque era uno de los más emblemáticos, más no el único. Si el CIDE no resistió, los demás podrían correr la misma suerte. Aquí lo advertimos desde la renuncia de Sergio López Ayllón, pero nadie lo quiso ver. Lo que ocurre en el CIDE, con pugnas de grupos provenientes del mismo partido en el poder, se ve cada más a los episodios que estamos acostumbrados a ver en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Por ahí va el proyecto.

Atentos a las políticas. Y para aquellos de la clase política que aún creen que las universidades públicas viven en la opacidad, valdría la pena que revisaran lo ocurrido apenas hace unos días en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), donde se llevó a cabo el Congreso Nacional 2021 “Nuevos retos y alianzas en las IES: gestión financiera, rendición de cuentas y colaboración académica”, organizado por la Asociación Mexicana de Responsables de la Estandarización de la Información Administrativa y Financiera en las Instituciones de Educación Superior A.C. (AMEREIAF). Por ahí estuvo, David Colmenares, Auditor Superior de la Federación (ASF), quien podría dar más detalles de lo que han hecho las instituciones en los últimos años para justificar el dinero que reciben año con año.

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