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Publicar sin morir

La producción y difusión del conocimiento de muy diversas disciplinas hace de las publicaciones universitarias un enorme campo de acción.

Más allá de las ventas, las editoriales universitarias cuentan con grandes ventajas competitivas

¿Para que necesitamos una editorial universitaria?”, preguntaba hace unos años el rector de una universidad española en una reunión de editores universitarios. Y no obtuvo ni hay una respuesta única. El número más reciente de la revista Publishers Weekly en español (septiembre de 2021), explora esa pregunta colocando como objeto central del número a las editoriales universitarias en España y en América Latina y El Caribe. Un par de artículos y entrevistas realizadas a las coordinadoras de proyectos interinstitucionales dedicados a la cooperación y difusión de las editoriales académicas universitarias (la Unión de Editoriales Españolas, UNE, y la Asociación de Editoriales Universitarias de América Latina y El Caribe, EDULAC), muestran la complejidad del mundo editorial universitario contemporáneo.

Algunos datos, opiniones y afirmaciones ofrecen un vistazo a ese amplio pero poco conocido territorio donde coexisten autoridades, académicos y editores de los campus universitarios. Se estima que el tamaño e impacto de esas editoriales en la producción de libros en español es del 30 por ciento en América Latina y del 17 por ciento en España. Esto es un dato sorprendente e interesante. Significa que aunque no compiten en términos de difusión y ventas con las grandes empresas editoriales de producción de libros en español, el volumen de producción de las editoriales universitarias es considerable.

Pero un aspecto sustancial es el contexto en el cual se producen los libros universitarios. Ese contexto esta dominado desde hace un par de décadas por los cambios en los “modos de producción” académica. Para los académicos y las autoridades universitarias, la presión por publicar articulos en revistas arbitradas e indexadas ubicadas en los primeros cuartiles de la clasificación que hacen empresas internacionales (Springer, Web of Science, Thompson-Reuters), ha desplazado el interés de los investigadores hacia la publicación en inglés sobre el español, y a la producción de artículos en vez de libros. Aunque hay diferencias importantes entre las áreas y disciplinas, la tendencia ha tenido un impacto directo en las editoriales universitarias, que han incorporado a su trabajo criterios de calidad y difusión que les permita ser atractivas como opciones de publicación para sus propios académicos. Hoy, los arbitrajes a doble ciego, la formación de comités editoriales, los filtros de selección a las propuestas de publicación, son prácticas relativamente extendidas en las editoriales universitarias.

Pero otro elemento también es relevante para comprender la complejidad del sector: la comercialización y distribución de sus libros. No es un asunto menor ni nuevo. Las editoriales universitarias tienen añejos problemas para difundir sus productos más allá de los campus universitarios o de las librerías especializadas. Para ello, organizan ferias universitarias, nacionales o internacionales del libro, comparten catálogos, organizan encuentros y seminarios para analizar iniciativas, ideas o proyectos, establecen alianzas para la cooperación interinstitucional. Ahora, mediante el uso de las nuevas tecnologías, tienen plataformas, páginas web, boletínes, están en facebook o instagram. La UNE y la EULAC, constituyen las dos organizaciones más representativas de estos proyectos de cooperación.

En México, las universidades públicas y los centros de investigación también han realizado esfuerzos para fortalecer la producción, circulación y difusión de sus libros. “Altexto”, o Anuies, por ejemplo, funcionan como espacios de coedición, distribución o producción de libros derivados de proyectos de investigación de académicos universitarios. Aunque es claro que el lucro o la ganancia no es el motor de esos esfuerzos, la búsqueda de una mayor visibilidad de sus publicaciones implica combinar esfuerzos con pequeñas, medianas o grandes empresas editoriales privadas, promover espacios de exhibición en las librerías, difundir novedades en medios públicos y privados, redes sociales, entrevistas con autores, presentaciones de libros.  Una parte importante de la producción editorial universitaria se dedica a la elaboración de libros de textos académicos dirigidos a estudiantes de preparatoria, licenciatura o posgrado de las propias universidades, también hay libros que tienen que ver con la poesía, la literatura, la difusión científica o las artes, dirigidos a especialistas y públicos más amplios.

La mayor ventaja competitiva de las universidades es la producción y difusión del conocimiento de muy diversas disciplinas, no su volumen de ventas. Es una producción heterógenea en términos de cantidad, consistencia y calidad derivada de la propia composición académica de las universidades o los centros especializados de investigación. Pero en su conjunto, las editoriales universitarias lanzan cada año ediciones o reediciones que sin embargo no se conocen mucho fuera de los muros físicos o virtuales de las universidades. Esa ventaja es el capital intelectual, científico o humanístico que las editoriales universitarias aportan a sus sociedades locales y nacionales.

Hay algunos ejemplos de obras publicadas por editoriales universitarias que luego alcanzan impactos inesperados en el ámbito de los mercados editoriales privados. En el mundo anglosajón, quizá el caso más conocido es el de John Kennedy Toole, autor de La conjura de los necios, que publicó su primera y más conocida novela en 1980, bajo el sello de la modesta Lousiana State University Press, luego de ser rechazado por varias editoriales privadas. Esa novela recibió el Pulitzer ese mismo año y se convirtió en un best-seller internacional. Desde luego, es un ejemplo raro y dificilmente repetible, pero ilustra el valor simbólico y práctico de las editoriales universitarias en un mundo dominado por los grandes monopolios editoriales. Representa de alguna forma una refutación del dilema convencional que circula entre científicos y académicos desde los años sesenta sobre publicar o morir. Las editoriales universitarias muestran que, a veces, se puede publicar sin morir.

Acerca del autor

Adrián Acosta Silva
Estación de paso en Investigador del Cucea de la Universidad de Guadalajara

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