🎓 25 años Educación superior en México · Suplemento Campus · Grupo Milenio
El levantamiento del ICGU 2026 ha cerrado. · Resultados por institución: octubre · Publicación sectorial: noviembre 2026 Ver más →
Suplemento
CAMPUS M
25 años · educación superior en México
#HoyEnCampus
Cargando últimas noticias…

¿Periodistas o porristas del poder?

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

Muchos de quienes antes eran duros críticos han renunciado al periodismo, a la crítica y a la verdad

Hasta en el peor de los casos, leer es ya una forma de pensar”. La frase es de Fernando Savater, y está en su Diccionario filosófico (1995). Podemos complementarla: hasta en el peor de los casos, escribir es ya una forma de pensar. La mayor parte de la gente lee libros con cuyos autores está de acuerdo, lo cual, para decirlo con Savater, es ya una forma de pensar para bien o para mal.

Complicación aparte es la del periodismo, este ejercicio que llevan a cabo incluso los escritores de libros que, no pocas veces, por una inexplicable patología admiran más a los políticos y a los poderosos que a los grandes autores de obras literarias inmortales. Que un artista, así sea mediocre, admire más a un gobernante que a Chéjov, Tolstói, Mozart o Miguel Ángel, explica de algún modo su mediocridad, pero no su vocación artística. Si partimos de la certeza de Chéjov, en el periodismo las cosas pueden ser peores: “La felicidad y la alegría de vivir no se encuentran ni en el dinero ni en el amor, sino en la verdad”.

“Todo arte es completamente inútil” sentenció Oscar Wilde, y, por ello, es tan distinto del periodismo, pues una de las funciones más importantes del periodismo es la denuncia de los actos injustos e ilegales del poder político y de cualquier poder que atente contra las libertades ciudadanas y en las que el abuso de ese poder dañe a los demás, más aún si las víctimas son los gobernados. Por ello hay una gran diferencia entre un verdadero periodista y un porrista del poder, aunque ambos usen los mismos medios de prensa. Darle más poder al poder, por medio de la prensa, no sólo es una inmoralidad, sino también una cobardía.

El compromiso de la prensa en general no está ni con las instituciones ni con los gobiernos, sino con los ciudadanos que son, a la vez, los lectores, y el objetivo es la verdad, esta verdad que ningún poder quiere escuchar o leer y que ningún gobierno alienta, sino que, por el contrario, combate. Es así como en todo el mundo, pero en unos países más que en otros, el ejercicio periodístico conlleva un altísimo riesgo.

México es hoy uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Obviamente, quienes son asesinados, acosados y perseguidos no son los porristas del gobierno ni los que nada dicen sobre el crimen organizado: los muertos y los perseguidos son los que escriben y hablan con la verdad: los que se oponen o denuncian los despropósitos del poder político, económico, militar, etcétera, y las atrocidades de las organizaciones criminales muchas veces apoyadas por las mismas instituciones gubernamentales.

El poder siempre quiere más poder: ¡todo el poder!, el poder absoluto. Pero no son los asesinados ni los perseguidos, por ejercer el verdadero periodismo, los que le dan más poder al poder, desde la prensa, sino los que no realizan su oficio con la ética y la dignidad que la vocación por la verdad les exige, sino los adulones del poder político y de cualquier otro tipo de poder que de periodistas pasaron a ser porristas del poder: sus matraqueros.

La comodidad nunca ha sido una promesa en la carrera del periodista, y el poeta canadiense de origen húngaro George Jonas (1935-2016) dijo esto con el mayor grado de verdad refiriéndose a aquellos que renuncian a su vocación para no enfrentar problemas: “No soy libre, porque valoré más la comodidad que la verdad”.

Cuando la influencia mayor de la información verídica estaba en los periódicos, Victor Hugo afirmó que “la prensa es el dedo indicador”, y Arthur Miller dijo que “un buen periódico es una nación hablándose a sí misma”. Cuando Émile Zola publicó en París el 13 de enero de 1898, en el diario L’Aurore, su famoso alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, sabía y admitía sus riesgos, y Francia tuvo que escucharlo, pero especialmente el presidente francés y sus colaboradores que cometieron la injusticia de declarar culpable de alta traición a un inocente. L’Aurore hizo las veces de “una nación hablándose a sí misma” en las palabras de Zola que, entre otras cosas, ofrece esta valiente lección de periodismo:

“Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en ’Éclair y en L’Echo de París, una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública. Y por último acuso al primer Consejo de Guerra por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable. No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales. En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente. Así lo espero”.

Autocracia vs. medios
La prensa, el periodismo, tiene el máximo compromiso con la verdad. Por ello los gobiernos autocráticos o simplemente autoritarios abominan de la prensa libre y la combaten con toda la fuerza del poder político y la complicidad de la prensa “vendida” (o más bien “comprada” por el gobierno). No es por nada que, en 1961, el homófobo, racista y matón Ernesto “Che” Guevara, tan admirado por la izquierda y tan idolatrado por el actual gobierno de México, recomendó: “Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía”.

De esto ya hace más de seis décadas. Estábamos a años luz del surgimiento de internet. Si este medio hubiese existido entonces, el matón también habría recomendado acabar con internet. Fidel Castro, más político y menos bruto que el “Che” y quien a la larga se cansó de las patochadas del asesino vocacional, le demostró que los periódicos eran importantes para la revolución, aunque había que invertir la fórmula de la libertad de prensa: crear periódicos y medios afines al régimen, ¡sin libertad de prensa!, y así nacieron primero Verde Olivo (1959), revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y el periódico Revolución (1959), órgano oficial del Movimiento 26 de Julio, y la agencia de noticias Prensa Latina (1959), que tiene la desvergüenza de apoyar hoy la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua. Después vendrían la revista Casa de las Américas (1960), de literatura y política socialistas, y el estelar Granma (1965), periódico de gran formato, órgano del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Hoy en México, muchos de quienes eran duros críticos de los excesos y arbitrariedades del poder son colaboracionistas del gobierno y aduladores especialmente del presidente del país al que consideran una deidad. ¿Por qué tendría que sorprendernos que los periodistas que fueron tan importantes en la crítica a los gobiernos anteriores y a los excesos presidenciales sean hoy porristas, zalameros, aduladores, lisonjeros y moléculas del poder? En realidad, nunca los movió la verdad, sino la ideología y las ansias de ser parte de los mandones. Han renunciado al periodismo, a la crítica y a la verdad y se han entregado a avalar las mentiras del poder. Entre los más conspicuos, los de La Jorgranma.

Juan Domingo Argüelles, poeta, ensayista y promotor de la lectura en México
Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista y lexicógrafo · Medalla Wikaráame al Mérito Literario 2025 | Web | + posts

Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).

Columna Campus: "Fabulaciones"

¿Te gustó este artículo?

Recibe contenidos como este cada semana en tu inbox.
Únete a +450 líderes de educación superior que ya leen Campus.

Recibir newsletter →

Sin spam · Solo lo mejor de la educación superior en México

ICGU · Convocatoria abierta
Índice Campus de Gobernanza Universitaria
El primer índice de gobernanza universitaria en México. No es un ranking: es una herramienta de mejora continua.
5
Dimensiones
25
Indicadores
1ª
Edición · Nov 2026
Levantamiento cierra: 11 de septiembre 2026
Participar en el ICGU →
Diagnóstico gratuito y confidencial · Sello Campus
Lo más leído Más Populares