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1 de septiembre de 2026
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Neurociencia para vivir mejor: El tic-tac biológico

Te encuentras en un mundo gobernado por el ritmo silencioso del tiempo, donde cada célula de tu cuerpo responde a un reloj biológico milenario. Cada una de tus células lleva un tic-tac molecular que marca el paso de cada día. Estos ritmos, conocidos como ciclos circadianos, regulan casi todas las funciones de tu cuerpo, desde los niveles de energía hasta la digestión y el sueño. La palabra "circadiano" proviene del latín circa (alrededor) y diem (día), porque estos procesos siguen un ciclo de aproximadamente 24 horas. Así, cada día, tu cuerpo repite tareas como despertar, experimentar picos de atención, comer y, por supuesto, dormir.

El proceso de sincronización entre tu cuerpo y el ciclo de día y noche es fascinante

Incluso a pesar de la ausencia de luz ambiental, el cuerpo continua con ritmos.

Te encuentras en un mundo gobernado por el ritmo silencioso del tiempo, donde cada célula de tu cuerpo responde a un reloj biológico milenario. Cada una de tus células lleva un tic-tac molecular que marca el paso de cada día. Estos ritmos, conocidos como ciclos circadianos, regulan casi todas las funciones de tu cuerpo, desde los niveles de energía hasta la digestión y el sueño. La palabra «circadiano» proviene del latín circa (alrededor) y diem (día), porque estos procesos siguen un ciclo de aproximadamente 24 horas. Así, cada día, tu cuerpo repite tareas como despertar, experimentar picos de atención, comer y, por supuesto, dormir.

En lo más profundo de tu cerebro, existe un conjunto de neuronas que actúan como el director de orquesta de todos estos procesos biológicos. Este reloj maestro es el núcleo supraquiasmático (NSQ), una estructura diminuta ubicada en el hipotálamo. Aunque pequeño, su influencia es poderosa. El NSQ sincroniza los ritmos de tu cuerpo con el ciclo de luz y oscuridad del mundo exterior, asegurando que tus funciones biológicas sigan el flujo del día y la noche.

El proceso de sincronización entre tu cuerpo y la rotación de la Tierra es fascinante y obedece a la adaptación de tus ancestros a la disponibilidad de luz ambiental. Sabemos que, en lo profundo de tu ojo, existe una capa celular llamada retina, que, aunque suele asociarse únicamente con la visión, juega un papel crucial en esta sincronización circadiana. Además de las células tradicionales que ayudarán al cerebro a formar imágenes, hay células ganglionares retinales intrínsecamente fotosensibles (ipRGC), que responden a la luz de una forma diferente. Estas células detectan la intensidad de la luz ambiental y envían esta información directamente al NSQ a través de los nervios ópticos. Esto le permite a tu cerebro «saber» cuándo es de día o de noche y ajustar tus ritmos internos en consecuencia.

Cuando estos ritmos se ven alterados, como ocurre cuando te quedas despierto toda la noche en una fiesta o en situaciones más extremas como las largas jornadas de trabajo de los profesionales de la salud, las consecuencias pueden ser más serias de lo que imaginas. Alterar tus ciclos circadianos no solo afecta tu sueño, sino también tu energía, estado de ánimo y apetito.

Seguramente te ha pasado: después de una noche de desvelo, te sientes fatigado, de mal humor y, quizá, incluso con un hambre inusual. Esto ocurre porque tu reloj biológico se desajusta y con ello múltiples tipos de hormonas que regulan tus procesos. El NSQ, privado de la señal regular de luz, no puede regular adecuadamente los niveles de hormonas como el cortisol o la melatonina. Como resultado, el sueño se interrumpe, los niveles de energía fluctúan, y es más probable que experimentes antojos fuera de los horarios normales, llevándote incluso a episodios de atracones nocturnos.

A largo plazo, la desincronización continua con tu ciclo circadiano puede tener consecuencias más graves. Estudios han demostrado que la interrupción crónica de estos ciclos está relacionada con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, cambios de humor persistentes e incluso envejecimiento prematuro.

Pero, ¿te has preguntado cómo regulan sus ciclos las personas ciegas o quienes trabajan en condiciones constantes de luz u oscuridad? La respuesta yace en que el NSQ es capaz de llevar su propio ritmo circadiano, a pesar de la ausencia de luz. De hecho, en condiciones de oscuridad constante, como las que tendrías si permanecieras en una cueva por muchos días, tu NSQ seguiría dictando los ritmos para dormir, despertar, comer o liberar hormonas. Esos ritmos endógenos serían un poco más largos que un día normal, lo que te llevaría a tener ciclos de aproximadamente 27 horas.

Quizá el ejemplo de la cueva es algo drástico, pero es un experimento real que llevó a cabo el francés Michel Siffre. Pasó dos meses en la oscuridad total de una cueva en los Alpes franceses en 1962, comprobando que, a pesar de la ausencia de luz ambiental, su cuerpo continuaba con ritmos, aunque más largos. En 1972, repitió un experimento similar en una cueva en Texas, esta vez durante seis meses. Sin embargo, experimentó consecuencias en su salud física y mental, como fatiga extrema, deterioro cognitivo, problemas de memoria, confusión y dificultades para realizar tareas simples. También presentó cambios de humor, depresión y estrés fisiológico que afectaron su sistema inmunológico y metabolismo. Al estar desconectado de los ciclos normales de luz y oscuridad, varios de sus procesos biológicos se alteraron.

A pesar de estas consecuencias, los experimentos de Michel Siffre proporcionaron datos valiosos sobre los ritmos circadianos humanos y cómo el cuerpo regula el sueño y la vigilia en ausencia de factores externos. La neurociencia ha comprobado que todo el trabajo de sincronización es realizado por las 20,000 células que conforman el NSQ. Si consideramos que el cerebro tiene aproximadamente 100 mil millones de células, podemos ver la gran importancia de ese núcleo pequeño en nuestra salud física y mental.

Si bien nuestro cerebro cuenta con la capacidad de generar ritmos endógenos, evolucionamos para sincronizarnos con la luz del día. Por eso, la luz es llamada el «principal zeitgeber» (el que marca el tiempo). Así, al exponernos a la luz natural durante el día, ayudamos a nuestro NSQ a mantener horarios regulares de vigilia, mientras que al caer la noche, la disminución de luz indica al NSQ que es hora de dormir.

Exponernos a suficiente luz durante el día y disminuirla por la noche, como evitando pantallas antes de dormir, es clave para mantener ciclos circadianos saludables. Con ello, protegerás no solo tu descanso, sino también tu salud a largo plazo. Como dicen: “El tiempo es lo que más deseamos, pero lo que peor utilizamos”. Indiscutible verdad.

Genaro A. Coria-Avila
gcoria@uv.mx |  + posts

Instituto de Investigaciones Cerebrales / Universidad Veracruzana /

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