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Movilidad entre México y Estados Unidos

Los intercambios culturales son esenciales para el desarrollo.

Después de llevado a cabo el Diálogo Económico del Alto Nivel entre ambos gobiernos, queda la incógnita de qué pasara con aspectos educativos como la movilidad, la cual parece haber caido en un estancamiento

El pasado día 9, en Washington D.C., se verificó el llamado Diálogo Económico del Alto Nivel (DEAN) entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Las delegaciones fueron jefaturadas, respectivamente, por Kamala Harris, vicepresidenta, y Marcelo Ebrard, canciller de nuestro país. Al finalizar el encuentro, éste último calificó la reunión así: “fue un diálogo de muy buen nivel, con un buen ánimo”. Analistas y observadores encomiaron o discreparon sobre ese juicio, como acontece ahora de modo sistemático ante cualquier acción gubernamental. No es este el espacio para abordar los “Cuatro Pilares” que constituyeron, según el comunicado oficial, el núcleo de la reunión. Me referiré aquí, apenas, a una partecita del cuarto pilar,  titulado: “invertir en nuestro pueblo”,  relacionado sólo de manera parcial  con nuestro Sistema Educativo Nacional.

Antes de ello, resulta necesario mencionar que se tenía la expectativa de que se le diese continuidad a los acuerdos educativos adoptados en el DEAN  anterior, verificado en 2013. En esa ocasión las delegaciones fueron encabezadas por el vicepresidente Biden y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray. De lo ahí abordado es resaltable el Programa Proyecta 100 mil, consistente en un mecanismo de movilidad que permitiría, en tres años, la estancia de 64,500 estudiantes y académicos en instituciones de educación superior del vecino país.

Pero no, nada, ni ligeramente cercano a dicho tema fue mencionado en el comunicado final de este 2021 y en las versiones de prensa de ambos gobiernos. En el “pilar cuatro” sólo se incluyó un enunciado tan ambiguo y lacónico como el siguiente: “considerar opciones para programas de capacitación técnica y educativas en sectores prioritarios”. Sin embargo, el embajador nuestro en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, miembro de la delegación nacional en el DEAN,  ofreció primicias en torno a que la preocupación  o tema sobre educación superior no estaban del todo olvidados. El pasado lunes 13, en el noticiero de Leonardo Curzio, en el Canal 40 de TV Azteca, el embajador fue entrevistado. Resumidamente allí expresó lo siguiente: sí se habló de la movilidad en educación superior, pero no estaba en agenda; de ahí que no se reflejara en el comunicado correspondiente. Asimismo, enfatizó la importancia de esa actividad, indicando diplomáticamente que “un país asiático tiene en EE. UU. a 370 mil estudiantes”. Mencionó la cantidad que corresponde a México (15 mil), subrayando que esos números “deben crecer”, de tal modo que sería necesario darle continuidad a dicha temática.

Efectivamente, de acuerdo con el embajador. Pero sucede que los números en el país en ese renglón  han permanecido  estáticos en una década.  En 2010 eran 14 mil estudiantes, en 2020 es el mismo número. En la primera fecha México ocupaba el lugar nueve en estudiantes extranjeros en EE.UU., ahora el diez. Como punto de comparación, el “país asiático”, China, pasó en la década de 157 mil a 373 mil, más del doble; India, de 103 mil a 193 mil, un 87 por ciento; Vietnam de 15 mil a 24 mil, un 60 por ciento, Taiwán se mantuvo en 24 mil. Otro dato comparativo relevante es que Estados Unidos envía anualmente a diversos países alrededor de 350 mil estudiantes.

En fin, para un país que aspira a “incrementar la capacidad científica, tecnológica, de innovación y la formación de investigadores y tecnólogos para resolver problemas fundamentales . . .” como lo prescribe la Ley de Ciencia y Tecnología (Art. 2º), su presencia con estudiantes y académicos en un medio como ese resulta esencial.  Lo paradójico es que México no ha avanzado, e inclusive ha retrocedido en varios indicadores, tal como se percibe en las políticas públicas no atendidas, como se mandata en la Constitución y Leyes correspondientes.

Muestra de esta situación se manifiesta en lo siguiente: a) las becas Conacyt para el extranjero han pasado de 3,800 en 2018, a 2,700 en 2020, una reducción de 40 por ciento; b) el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 le dedica  sólo cuatro líneas y media al tema; c) a 27 meses de entrada en vigor de este último aún no hay Programa Sectorial en CTI (¿lo habrá?); d) el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación en esta materia indica que el gasto federal para 2022 será de 0.20 del PIB, una quinta parte de lo que prescribe la legislación nacional vigente, alejadísima, por tanto, de lo que ha sido su mejor año (0.34 por ciento en 2015).

Acerca del autor

Carlos Pallán
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com

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