Universitarios, medios de comunicación e incluso dirigentes adoptan y promueven disparates lingüísticos
¿Cuántas veces no hemos escuchado y leído, sobre todo en esta era covid-19, las expresiones “las millones”, “las millones de muertes”, “las millones de mujeres”, “las millones de personas”, “las millones de vacunas”, “las millones de vidas”, en lugar de las correctas “los millones”, “los millones de muertes”, “los millones de mujeres”, “los millones de personas”, “los millones de vacunas”, “los millones de vidas”? Esto se debe a la enorme ignorancia ortográfica y gramatical de los millones de hablantes y escribientes del español que jamás se asoman a un diccionario de su lengua, y menos aún a la gramática del idioma que utilizan todos los días y que usan, sea dicho sin mentira, con los pies.
No saben estos millones de personas que, a diferencia del adjetivo “mil” (del latín mille), cuyo significado es diez veces cien, que puede utilizarse tanto en masculino como en femenino (Los mil y un fanáticos; Las mil y una noches), el sustantivo “millón” (cuyo plural es “millones”) posee género masculino, invariablemente. De ahí, “los millones de pesos”, pero también “los millones de libras” y no, por supuesto, “las millones de libras”.
Nicolás Maduro, un tonto contumaz de la política en el mundo, que hace de las suyas oprimiendo a los venezolanos (aunque haya brutos en México que oprimen a los mexicanos y le pisan los talones en esto y no se quieren quedar atrás), se refirió un día a los “millones y millonas de Bolívar” (el mismo que se refirió a “los liceos y las liceas” y “los libros y las libras”) y hace escuela en los diversos países, incluido el nuestro. Seguramente, este bárbaro distingue también, en el retrete (y en la retreta), los mojones y las mojonas.
Y si, en general, la gente no dice ni escribe “las millonas”, sí dice y escribe, en cambio, “las millones”, pero, como lo precisa la Fundéu Guzmán Ariza, asesorada por la Academia Dominicana de la Lengua y con la colaboración de la Agencia EFE, “la voz millón, o su plural millones, concuerdan con el artículo masculino lo/los, no con el femenino la/las, aunque su complemento sea femenino: lo correcto es los millones de personas, los millones de mujeres, los millones de vacunas”, y de ningún modo, como suelen decir millones de individuos (ya incluidas las individuas), “las millones de personas”, “las millones de mujeres” y “las millones de vacunas”.
¡Vayámonos respetando!, exige nuestra lengua española. El sustantivo masculino “millón” (del francés million o del italiano millone) significa “mil millares”, pero lo mismo en singular que en plural el género de este sustantivo siempre es masculino: “el millón”, “un millón”, “los millones”, “unos millones”, independientemente del género de su complemento. No imitemos al bruto de “las millonas” y “las liceas”, pero tampoco a quienes, por ultracorrección, imponen el género femenino a la voz “millón” cuando su complemento es femenino: “las millones” es una terca barbaridad, y abunda, por cierto, en el periodismo lo mismo impreso que digital. En el diario mexicano El Economista se informa acerca de “las millones de personas que se volvieron adictas”. Quiso informar el diario, con corrección, acerca de los millones de personas que se volvieron adictas.
He aquí unos poquísimos ejemplos (tomados del periodismo impreso y digital) de esta barbaridad culta que se comete por la enorme pereza que experimentan millones de personas ante la sola idea de consultar el diccionario: “No beneficiará a las millones de personas con hambre”, “soy una de las millones de personas que creen que todas y todos nacemos libres e iguales”, “las millones de personas desplazadas por el clima”, “las millones de personas que están atrapadas en la esclavitud moderna”, “hacer llegar ayudas a las millones de personas que pasan hambre”, “las millones de personas que han perdido la vida”, “las millones de mujeres prostituidas”, “las millones de mujeres que han recibido escasa o ninguna educación”, “las millones de mujeres en situación de pobreza”, “las millones de mujeres que aún no tienen ingresos propios”, “nada de esto hubiera sido posible sin las millones de mujeres que están saliendo a la calle”, “qué pasó con las millones de vacunas en México”, “las millones de vacunas sin aplicar”, “las millones de vacunas que tienen guardadas”, “las millones de vacunas aplicadas”, “las millones de muertes por la pandemia”, “las millones de muertes ocasionadas por estos virus”, “las millones de muertes que se producirán por la contaminación del aire”, “las millones muertes causadas por la Gran Guerra”, “las millones de
dosis requeridas”, “las millones de dosis administradas”, “las millones de dosis de vacunas”, “las millones de dosis compradas”, “las millones de vidas que se han perdido”, “las millones de vidas salvadas” y, como siempre hay cosas peores”, “tenemos una generación de oro brillando por el mundo. Hoy nuestro pueblo brilla en la política, en la cultura, en el deporte. Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar”: cortesía de Nicolás Maburro.
En el motor de búsqueda de Google se documentan cientos de miles de desaguisados con esta barbaridad: 303 000 resultados de “las millones”; 119 000 de “las millones de personas”; 41 800 de “las millones de mujeres”; 21 600 de “millones y millonas”; 20 200 de “las millones de vacunas”; 16 200 de “las millones de muertes”; 15 300 de “las millones de dosis”;
13 900 de “las millones de vidas”.
Escudarse tras el pueblo.
En México, para no ser menos, y siguiendo las pautas del populismo y la demagogia, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha alegado siempre que el habla como habla (con faltas de ortoepía, con palabras que expresan lo contrario de lo que pretende decir, con un vocabulario limitado y con un arsenal de insultos y ofensas “con todo respeto” contra sus “adversarios”) porque, según ostenta, “habla como el pueblo”, aunque muchos que pertenecemos al pueblo y hemos pasado por las escuelas y las universidades aprendimos a hablar y a escribir conforme a lo que el lingüista José G. Moreno de Alba denominó, acertadamente, “la unidad lingüística” que es indispensable para la buena comunicación
Un señor que fue a la universidad y no aprendió a mejorar sus capacidades expresivas se escuda detrás del “pueblo” para justificar su ignorancia; y, como, ególatramente, de todo cree saber, incluso sin tener pleno conocimiento de lo que se volvió tendencia en internet, en relación con uno de los libros de texto para alumnos de primer año de primaria, salió a decir, en su perorata mañanera del 27 de marzo que “ahora hay una nueva polémica por los nuevos libros de texto, porque no quieren que se incorpore el habla de los pueblos. Quieren que todos hablemos físico, con tecnicismos. México es un mosaico cultural y la lengua tiene que ver con las raíces de las culturas antiguas”. ¿Qué es esto de “hablar físico” (“quieren que todos hablemos físico”), que el santo señor no se cansa de decir en sus peroratas? Según él es hablar “elegante” y de forma clasista. En otra ocasión sentenció: “No me gusta hablar físico, dirían en mi pueblo”, y en otra, muy sonada, afirmó: “Yo ya por ejemplo estoy hablando físico; ya sé lo que significa transportar la molécula (¿será al inefable Lord Molécula?) que es la gasolina, pues”.
De modo que sus incapacidades fonéticas y sus faltas de ortoepía (“dijistes”, “hicistes”, “fuistes”, “hablastes”, etcétera) son su orgullo porque no le gusta “hablar físico”. Claro que un señor que ve y cree en aluxes (mientras destruye la selva) es más o menos como ese otro impresentable al que se le aparece a cada rato “un pajarito chiquitico” que le silba muy bonito para decirle “¡hasta la victoria siempre!” y que es, ¡ni más ni menos!, el espíritu del dictador Hugo Chávez. ¡Maravillas del realismo mágico de la demagogia populista!

Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).
Columna Campus: "Fabulaciones"
- Juan Domingo Argüelles
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