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La universidad pública a futuro

En este siglo, es imperativo que las casas de estudio se comprometan con el bienestar colectivo

1. En la UNAM, desde hace tiempo, hemos insistido en que el modelo de desarrollo seguido por el país, en las últimas décadas, ha agravado los grandes problemas nacionales. De ahí que se haya insistido en la necesidad de establecer un nuevo curso para el desarrollo de México. Instaurar un modelo de transformación que permita al Estado redefinir su relación con el mercado, para que asuma la rectoría de un proceso de cambio basado en un repertorio de políticas públicas que favorezcan el acceso de las grandes mayorías al bien común y a la toma de decisiones, mediante la apertura democrática.

2. Al gobierno le toca estimular y conducir el cambio social. Requiere recursos para apoyar los mecanismos que estimulen el crecimiento de la economía, el empleo decente, la apertura de oportunidades para educarse, y el acceso a instituciones de salud que atiendan con calidad a la población. Es imperativo que se lleve a cabo una reforma fiscal que le permita al gobierno combatir efectivamente la desigualdad social; para que se funden relaciones sociales que estimulen la cohesión, la cooperación y la solidaridad, sentimientos e identidades comunitarias y nacionales. Un orden social basado en el cumplimiento de derechos y deberes en el que pueda convivirse con seguridad. Demostrar que se puede andar por un camino diferente al seguido, que convenza, para que la sociedad otorgue legitimidad a las dirigencias nacionales.

3. Para pensar qué papel puede jugar la universidad pública en el cambio social de México es importante señalar qué factores externos e internos pueden desatar o frenar el avance institucional indispensable para que cumpla con estar al servicio de la sociedad en su conjunto. La universidad tiene una doble tarea. Auxiliar al cambio de la sociedad y transformarse institucionalmente, al mismo tiempo.

La universidad se va a transformar para que el país pueda contar con personas preparadas al más alto nivel posible y para producir conocimientos pertinentes a las nuevas pautas de desarrollo que se instauren. La universidad está fundada en la razón, y con la razón tendrá que ser parte de los procesos de redefinición globales y nacionales por venir, para que la población del país tenga posibilidades de un modo de vida digno, que no esté basado solamente en el consumo.

4. El contexto global influye en los cambios de las universidades, según el sistema de educación superior en el que se ubican las instituciones en cada país. En el campo internacional, hay universidades que han modificado su organización. Son ejemplos, porque, entre nosotros, es indispensable reconocer que cada institución universitaria renovará su estructura y funcionamiento según las vías que ella misma defina para ajustarse a lo nuevo, a la dinámica de la ciencia y a su modo de producción, a la enseñanza hibrida, por ejemplo.

5. Los factores externos al campus que impulsan el cambio de la universidad son múltiples y variados. Por ejemplo, en años pasados, desde fuera del campus, el gobierno, actuando como parte del Estado Evaluador, impuso un esquema de evaluación del desempeño institucional, medido por una serie de indicadores, orientado a la competencia por recursos y la individualización de intereses. Este modelo se agotó y es indispensable sustituirlo.

En nuestro país, la renovación de la universidad puede tener en cuenta factores como los siguientes: las propuestas de organismos internacionales interesados en la educación superior, los programas y políticas educativas del gobierno federal y del local, la legislación nacional de educación superior, la política de financiamiento del gobierno federal, el contexto político del entorno inmediato, las demandas de profesionistas para la economía, las necesidades educativas y culturales de la sociedad, y del mercado laboral, así como las interrelaciones de las universidades agrupadas en una asociación que promueve los intereses de las casas de estudio, que forman un conjunto heterogéneo, cada una con sus particularidades históricas y sus tradiciones. Los efectos de cada factor, en este conjunto, tienen que considerarse para fijar objetivos de qué y cómo cambiar la universidad, para que ésta sirva a nuevos fines sociales.

Para pensar cuál será el papel de la universidad en el futuro próximo, es necesario dar una mirada a las relaciones que mantiene fuera del campus con múltiples actores interesados en sus procesos y resultados. En uso de su autonomía, la universidad puede aceptar o rechazar propuestas que se le hagan para desarrollar actividades o proyectos que beneficien a la colectividad de su entorno.

6. La universidad es actor y agente con presencia en la esfera pública, donde recoge el sentir colectivo para proponer soluciones a los problemas que obstaculizan el desarrollo nacional y local, a partir de conocimiento producido en su seno. Es en la esfera pública donde la universidad puede crear condiciones y capacidades para que toda la información se utilice libremente para nutrir los proyectos de desarrollo que se lleven a cabo por otras instancias sociales o políticas.

En los nexos de la universidad con la sociedad, la primera resulta beneficiada para construir su futuro, sí se mantiene ligada al contexto histórico en el que se esté produciendo el cambio y, particularmente, sí los fines sociales que se persiguen permiten que la academia pueda generar libremente respuestas concretas a nuevas necesidades de la economía, la sociedad y el sistema político.

La universidad puede jugar un papel muy activo con su entorno, para satisfacer demandas de educación y conocimiento, de parte de públicos que se pueden multiplicar. Necesitará, entonces, coordinar y ordenar las demandas para que entren al proyecto común de desarrollo, con la debida prioridad política.

7. A la universidad le toca el papel de pensar y responder a nuevos patrones de demanda social de cara a su entorno. Proponer y ayudar a construir proyectos de desarrollo, convocar para su confección y realización, establecer alianzas a partir de objetivos compartidos por la ciudad, el municipio, el barrio, el estado, la región, o cualquiera que sea el territorio de referencia. La intención es que la universidad coadyuve a crear una nueva institucionalidad que apoye un desarrollo sostenible con justicia, a medida que se va reformando a sí misma.

Con base en su autonomía, la universidad está en capacidad de reorganizarse y dirigir sus cambios, teniendo en cuenta, asimismo, las relaciones políticas existentes en el campus. La reforma universitaria es un asunto de los universitarios, y de nadie más.

8. Para que la universidad sirva a la sociedad en el futuro próximo requiere, estructurar la docencia y la investigación mediante una enseñanza y una práctica disciplinaria sólida, que abra posibilidades para producir un conocimiento interdisciplinario riguroso. En segundo lugar, liberarse de la burocratización. Dejar que la actividad académica se ejerza libremente, mediante compromisos de trabajo pactados con los académicos. Compartir la toma de decisiones con los académicos, exigir a los directivos institucionales que abran el dialogo, con los cuerpos colegiados formales y con las instancias en las que se organicen grupos de académicos o estudiantes.

La comunicación con los actores del campus, y con el exterior, es un renglón prioritario para la universidad futura, y su dirigencia. Pactar para convencer, acordar que las disputas en la universidad se resuelvan mediante acuerdos, que permitan la gobernabilidad, recibir y procesar las propuestas que haga la comunidad para el avance institucional.

9. La universidad es guardiana del patrimonio nacional, sede de las artes y la cultura. El tránsito de México a la sociedad del conocimiento y la información en este Siglo XXI requerirá de universidades públicas comprometidas con el logro del bienestar colectivo, con un espíritu humanista, que transmita valores para mejorar las relaciones sociales. La universidad continuará siendo una referencia que otorgue identidad nacional a las nuevas generaciones, y una fuerza intelectual que las dote para ser innovadoras en el curso político de los tiempos que vengan.

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