“Hoy los estudiantes y docentes ya utilizan inteligencia artificial, independientemente de que las instituciones hayan terminado de establecer sus políticas”, dice.
Por ello, apunta Benavides García, quien cuenta con estudios de Doctorado en Sistemas Computacionales en la Universidad del Sur, “el reto ya no es decidir si la inteligencia artificial entra o no a las universidades; ya está dentro de ellas. El desafío es aprender a utilizarla de manera responsable”.
La investigadora sostiene que, a nivel internacional, aún se está construyendo ese marco institucional.
“Una encuesta de Unesco encontró que solamente 19 por ciento de las instituciones consultadas contaba con una política formal sobre inteligencia artificial y otro 42 por ciento estaba desarrollando lineamientos.
“En América Latina y el Caribe, alrededor de 45 por ciento contaba con orientaciones o estaba trabajando en ellas”, apunta.
Por eso, Benavides García insiste en que la inteligencia artificial ya llegó a las universidades; “ahora el reto es aprender a utilizarla con conocimiento, ética y responsabilidad”.
Decisiones firmes
Sobre la inteligencia artificial y su capacidad de mejorar la toma de decisiones y los procesos al interior de las instituciones de educación superior, Benavides García comenta que las universidades generan una enorme cantidad de información todos los días: matrícula, trayectoria escolar, reprobación, abandono, tutorías, investigación, presupuesto, recursos humanos e infraestructura.
En ese sentido, “la inteligencia artificial y la ciencia de datos pueden ayudarnos a convertir toda esa información en conocimiento útil para tomar mejores decisiones.
Por ejemplo, podemos identificar estudiantes que presentan riesgo de abandono antes de que abandonen la universidad, detectar asignaturas con mayores índices de reprobación, analizar tendencias de matrícula, anticipar necesidades académicas o automatizar procesos administrativos”, señala.
No obstante, precisa la investigadora, cuya línea de trabajo son los sistemas de información e ingeniería de software, “la inteligencia artificial debe apoyar la decisión humana, no sustituirla.
Desde mi experiencia en sistemas de información y gestión de calidad, he podido observar que cuando una institución utiliza adecuadamente sus datos, puede pasar de reaccionar ante los problemas a anticiparse a ellos.
“Mi trayectoria incluye precisamente proyectos de desarrollo tecnológico orientados a sistematizar procesos institucionales y organizacionales”, sostiene.
“La inteligencia artificial”, agrega Benavides García, “no debe decidir por la universidad; debe ayudar a que la universidad decida mejor”.
Mejorar los procesos
Sobre las ventajas que puede tener la inteligencia artificial en los modelos de aprendizaje, la investigadora plantea que esta puede ayudarnos a avanzar hacia una educación mucho más personalizada.
“No todos los estudiantes aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Hoy podemos utilizar estas herramientas para ofrecer explicaciones adicionales, ejercicios diferenciados, retroalimentación inmediata y acompañamiento fuera del aula. Pero para mí, el cambio más importante está en otra parte: la inteligencia artificial nos obliga a repensar qué enseñamos y cómo evaluamos. Si una herramienta puede redactar un texto, programar o resolver determinados problemas, entonces nuestras actividades académicas deben promover capacidades de mayor nivel: analizar, argumentar, crear, cuestionar, verificar información y resolver problemas reales”, comenta.
Por eso, dice Benavides García, quien ha sido Coordinadora de Investigación y Posgrado de la Facultad de Negocios Campus IV de la UNACH, “no considero que la inteligencia artificial vaya a sustituir al profesor. Lo que está cambiando es su papel. El docente será cada vez menos transmisor de información y cada vez más orientador, diseñador de experiencias de aprendizaje y formador de pensamiento crítico.
“La OCDE justamente señala en su panorama de educación digital de 2026 que el debate debe centrarse en los usos efectivos de la IA generativa y en cómo estos fortalecen realmente el aprendizaje”, enfatiza.
Asumir los cambios
En torno a cómo las nuevas tecnologías han afectado a las instituciones de educación superior, Benavides García apunta que se trata de más que de una transformación.
“La inteligencia artificial está transformando prácticamente todas las funciones de las universidades: cómo enseñamos, cómo aprendemos, cómo investigamos, cómo evaluamos y cómo gestionamos nuestros procesos.
“También nos está obligando a revisar temas muy importantes como la integridad académica, la propiedad intelectual, los datos personales, los sesgos de los algoritmos y la confiabilidad de la información”, dice.
Por eso detalla que la OCDE identifica precisamente estos aspectos —integridad académica, equidad, privacidad, confiabilidad y desarrollo real de conocimientos— entre los principales retos que las instituciones deben gestionar en la adopción responsable de IA generativa.
“Pero también representa una oportunidad extraordinaria. Las universidades que sepan adaptarse podrán mejorar sus procesos y formar profesionistas mucho mejor preparados.
Desde la UNACH estamos viviendo precisamente esa transformación. La creación de programas especializados en inteligencia artificial, ciencia de datos y sistemas basados en IA generativa refleja que ya no estamos hablando de una tecnología del futuro: estamos formando profesionistas para una realidad que ya comenzó”, plantea.
Finalmente, añade Benavides García, quien está certificada en Programación Avanzada de ROBOTC por Carnegie Mellon University, la inteligencia artificial no es una tecnología del futuro.
“Es una realidad del presente y las universidades tenemos la responsabilidad de preparar a nuestros estudiantes para ella”, comenta.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres
- Carlos Reyes
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