Gloria nacional de Portugal: Amália Rodrigues en su centenario

Mario Saavedra

Mario Saavedra

*Alguna vez actor (Diosa de Plata como protagonista de la película Crónica Roja, del ahora laureado escritor Fernando Vallejo), es escritor, periodista, editor, catedrático, promotor cultural y crítico especializado en diversas artes.

La cantante y actriz internacionalizó el género del fado.

Gloria nacional de Portugal: Amália Rodrigues en su centenario

Uno de los íconos más claros de la identidad cultural de Portugal, tuvo una larga y exitosa trayectoria de más de cuatro décadas

Para mi siempre paciente compañera de viaje Susana

El pasado 23 de julio se conmemoró el centenario del natalicio de Amália Rodrigues​ (Lisboa, 1920-1999), por lo que desde años atrás había empezado a prepararse el terreno para celebrarlo en grande con ediciones y espectáculos diversos, incluido el lanzamiento de una radiodifusora lisboeta que lleva su nombre y promueve el fado entre las nuevas generaciones.  Su mayor exponente e intérprete por antonomasia, lo llevó a su máxima cota de expresión, contribuyendo así a popularizarlo, y como máxima embajadora cultural de Portugal, lo internacionalizó y presentó en los más importantes foros y teatros del mundo.

Con guitarra portuguesa en mano, había empezado a interpretarlo desde niña con su hermana menor Celeste en los mercados, en el que llegó a ser un conocido dueto local donde pronto resaltarían las singulares dotes interpretativas e histriónicas de quien con los años se convirtió, por méritos propios, en la “Reina del Fado”. Es más, junto con el gran poeta nacional de transición hacia la modernidad Fernando Pessoa (como nuestro Ramón López Velarde, nació en 1888) y el dotado polígrafo José Saramago, fue la otra figura portuguesa más representativa del siglo XX, abriéndole así paso a otras futuras generaciones de extraordinarios fadistas que han aportado su talento para mantener la presencia del género, entre otros, principalmente mujeres, Dulce Pontes, Ana Moura, Cristina Branco, Carla Pires, e incluso el muy famoso grupo Madredeus y la gran sensación de unos años a la fecha Mariza que han contribuido a modernizarlo y a abrir nuevas brechas.

Con una larga y exitosa trayectoria de más de cuatro décadas, Amália Rodrigues hizo de igual modo una carrera interesante como actriz en el teatro y en el cine, aunque su propio personaje terminaría siempre por imponerse. Su fama internacional empezó a proyectarse acabada la Segunda Guerra Mundial, si bien después de la Revolución de los Claveles de 1974 entró en una especie de bache o impasse, al asociarla unos con la derrocada dictadura o bien otros como benefactora clandestina de la izquierda. Sea cierta una cosa o la otra, tuvo una vida intensa e incluso trágica en lo emocional, con aislados conatos de suicidio desde la infancia, por lo que se le ha solido comparar con la no menos inolvidable Edith Piaf, y en ambas hay hoy todavía una aureola de oscuros recovecos tanto en su transitar público como privado.

Quien de igual modo llegó a cantar con éxito en francés, inglés, italiano y español, como la propia Piaf tuvo memorables presentaciones internacionales en espacios emblemáticos como el Olympia de París, o el Auditorio Nacional de Madrid. Con casi doscientos discos grabados y más de treinta millones de copias vendidas, todavía tuve ocasión de verla y escucharla en una de las ediciones del Festival Cervantino de Guanajuato, cuando aún era encuentro de lo más granado de las manifestaciones culturales y artísticas de todo el mundo, y si bien su voz ya no se encontraba en su mejor momento, sin embargo derrochaba aquellas notables cualidades que a una leyenda viviente le dan la experiencia y el aplomo, la sabiduría desbordada sobre el escenario.

Cuando años después pude ir a Lisboa, pude notar que tanto el halo del espíritu de Possoa como el de ella revoloteaban por sus calles, porque el arte de ambos forma parte ya de la esencia de esa mágica ciudad que al dejarla nos inunda de saudade, de añoranza, de nostalgia. Buena parte de mi vida he escuchado sus memorables interpretaciones, algunas de ellas auténticos himnos de Portugal, en particular de la misma Lisboa que en las aguas de su imponente Tajo pareciera proyectar su silueta o el eco de su voz. Siendo admirador de otras grandes intérpretes como la mencionada Mariza que en verdad me emociona con su canto gallardo y cautivador, no me canso de escuchar a quien siguirá siendo la más grande de todas: “Una casa portuguesa”, “Alfama”, “Meu amor è marinheiro”, “A Júlia florista”, Mem às paredes confesso”, “Coimbra”, “Nome de rua”, “Ao poeta perguntei”, “Marcha de Mouraria”, “Tudo isto e fado”, “La zarzomora”, “Nao quiero amar”, “Que Deus me perdoe”, entre otros tantos temas suyos inolvidables.

Orden del Infante Don Enrique en Portugal, Legión de honor de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y Dama de la Orden de Isabel La Católica en España, Amália Rodrigues, quien murió casi octogenaria, terminó por recibir en vida los honores de una figura de su envergadura. Aun así, sufrió dolorosas pérdidas que la fueron desquebrando y retirando de los escenarios, el mayor oxígeno en su accidentada pero intensa vida, entre otras, la de su músico y compositor de cabecera Alain Oulman, la de sus queridos poeta David Mourão-Ferreira y pintora Maluda, y por supuesto la de su marido, su compañero de viaje por casi cuarenta años y por quien había vuelto a confiar en el amor después de varios descalabros y decepciones, César Seabra.

Enterrada con honores definitivamente en el Panteón Nacional, su casa en la Rua São Bento, junto a la Asamblea de la República Portuguesa, es ya Museo Amália Rodrigues desde el 2001. En él se rinde tributo a la gran diva del fado portugués, figura emblemática de su país y de una ciudad que terminan por enamorar hasta a los más escépticos visitantes, entre otras razones, porque su gente es encantadora, y su gastronomía y sus vinos, exquisitos. De su rica y variada tradición cultural dan crédito la vitalidad y la sorprendente arquitectura de sus ciudades (cómo olvidar, por ejemplo, la magnificencia barroca única del Palacio de los Marqueses de Fronteira en São Domingos de Benfica en Lisboa, con sus envolventes azulejería y estatuaria), y su estupenda literatura que en todos los géneros tiene nombres de primera línea, y su no menos interesante arte plástico, y sus grandes realizadores como Manoel de Oliveira, y claro, su música y sus más dotados intérpretes en los más diversos ámbitos del arte de Euterpe, con la inolvidable Amália Rodrigues como uno de sus signos más claros de identidad. De Portugal para el mundo. 

*Alguna vez actor (Diosa de Plata como protagonista de la película Crónica Roja, del ahora laureado escritor Fernando Vallejo), es escritor, periodista, editor, catedrático, promotor cultural y crítico especializado en diversas artes. Es autor de los ensayos biográficos “Elías Nandino: Poeta de la vida, poeta de la muerte” y “Rafael Solana: Escribir o morir”, de la antología poética Atardecer en la destrucción, y del compendio de ensayos literarios Con el espejo enfrente: interlineados de la escritura. En puerta Ernesto Sabato: Escritor de la contingencia existencial.

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