Literatura Latinoamericana. El nahual: el reto de la razón (primera parte)

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La figura del nahual fue central para Carlos Castaneda en la saga “Las enseñanzas de don Juan”

Literatura Latinoamericana. El nahual: el reto de la razón (primera parte)

El nahual, representado por Don Juan Matus en la literatura de Carlos Castaneda representa un importante arquetipo prehispánico y universal: la encarnación del conocimiento

En dos entregas abordaremos en este espacio uno de los conceptos más fascinantes del México antiguo, “el nahual”, para ello hemos estudiado la saga del escritor sudamericano Carlos Castaneda, quien en los años sesenta se haría famoso por escribir una serie de libros que iluminan todo un sistema de creencias, una práctica filosófica más que una filosofía práctica, utilizada por los denominados Toltecas, artesanos de la conciencia, brujos del México antiguo.

Dos de los conceptos a destacar dentro de la saga “Las enseñanzas de don Juan”, son: el Nagual y el Tonal. Aquí, hablaremos del primero. Nagual o nahual, a saber, de nahua: sabiduría, ciencia, magia, brujo, o bien, esconder, disfrazar -recordemos la enigmática vida del brujo y su capacidad de metamorfosis- nagual, sintagma que comparte la raíz con náhuatl, cuatro aguas, claridad… conocimiento.

Dichos conceptos, Tonal y Nahual, no son exclusivos de la tradición tolteca, a la cual pertenece el personaje de nuestras líneas. En la cultura helénica, encontramos el cosmos (orden) y el caos (des-orden), asimismo en la tradición prehispánica, encontramos el Tonal (orden) y el Nagual (vacío). Según se entiende, el ser humano está dividido en dos, el lado derecho es el tonal, y el lado izquierdo es el nahual. El Ying y el Yang, el estira y el empuja: la metamorfosis sin tregua.

Cito “El conocimiento silencioso”: en la mente, lo que sostiene nuestro mundo es la certeza de que somos inmutables. Podemos aceptar que nuestra conducta se pude modificar, que nuestras reacciones y opiniones se pueden mudar pero la idea de que somos maleables al punto de cambiar de aspecto, al punto de ser otra persona, no forma parte del orden básico de nuestra imagen de sí. Cada vez que el brujo irrumpe ese orden básico, el mundo de la razón se viene abajo, nos dice el antropólogo Castaneda en la obra citada.  

Al considerar pues, lo que los mitos nos dicen de la vida y lo que la vida nos dice de los mitos, podemos reconocer que si bien siempre son distintas las cosas que nos enfrentan a la vida, también, siempre son las mismas.Y en todas ellas,  converge la palabra, la cual, dicho sea de paso, se elabora mediante repeticiones, letra tras letra hasta formar la idea.

Nos repetimos, y en ese repetir de necesidades y anhelos fluye el misterio de nuestro mundo. El nahual, es el responsable de la creatividad, es el conducto de lo abstracto, es el sitio donde se cierne el poder; tal vez por ello, se dice, no se puede hablar de él; sin embargo, aquí, hacemos el intento.

Empecemos diciendo que Juan Matus pese a ser el maestro de Carlos Castaneda, no es quien le enseña el nagual, quien lo hace es Genaro, amigo de don Juan, ya que se cuenta, Juan Matus, se encargó del tonal de Carlos, pues no se pueden hacer las dos cosas con una misma persona.

Según el propio don Juan, su interés como maestro, fue involucrar a Castaneda “en el tema de la vida y en el estar vivo; para que de ese modo llegara a entender la vida como como un cúmulo de fuerzas biológicas, y el acto de estar vivo, como una cuestión de cognición”, se lee en “El arte de ensoñar”.  

El nagual, se afirma, es el guía en la inmensidad indecible. En el reino del nahual, la razón se excluye, la realidad se disloca, es entonces que en la deconstrucción derridiana encontramos una amigable coincidencia, pues el propio Jaques Derrida afirma: Todos los intentos de definir la deconstrucción están destinados a ser falsos […] Uno de los aspectos fundamentales en la deconstrucción es la delimitación de la ontología y, sobre todo, de la tercera persona del presente indicativo: proposiciones de la forma <<S es P>> “Esto es aquello”.

Ahora bien, el mundo tal como lo entendemos en su realidad cotidiana, se fundamenta en dicotomías, binomios cuadrados, dialécticas simples: bueno o malo, blanco o negro, arriba o abajo, aquí o allá; cada concepto implica su contradicción misma, “para Derrida, esta contradicción socava inevitablemente la verdad del conocimiento”, por tal motivo, el conocimiento, dice, ocurre fuera de la razón y de la lógica.

Del mismo modo, el lugar más extraordinario al interior de la saga de Las enseñanzas de don Juan, ocurre en “El conocimiento silencioso”, en Sonora, cuando Carlos Castaneda y su benefactor yaqui, son perseguidos por un jaguar. ¿Un jaguar? Así es, a pesar de que en las regiones áridas de Sonora adolezcan de jaguares; para los brujos, la presencia del felino, más que un disparate, devela la magia, lo maravilloso y misterioso que es el mundo, expone el asombro del que habla Murakami, no sólo eso, mientras ambos intentan conservar la vida y escapar del felino, en la persecución, Castaneda cuenta la sensación de estar en dos lugares al mismo tiempo. Se decía: S es P.

“Al decirle yo que había sentido que miraba por sobre los arbustos, dice Carlos, debería haber agregado que estaba viendo el suelo del desierto al mismo tiempo que la copa de los matorrales. O que había estado en el sitio donde estaba parado y, a la vez, en el sitio donde estaba el jaguar. De ese modo había podido notar el cuidado que ponía el animal en evitar las espinas. En otras palabras, en vez de percibir el aquí y el allá normales, había percibido el “aquí y el aquí” […]   

Don Juan explico que la percepción normal, tiene un eje. “Aquí y allá” son los extremos de un eje y el único de los dos que tiene claridad es el “aquí”. Dijo que, en la percepción normal, sólo se percibe el “aquí” por completo, instantánea y directamente. Su referente gemelo, “allá”, carece de inmediatez. Se lo infiere, se lo deduce, se lo espera y hasta se lo supone, pero nunca se lo percibe directamente, con todos los sentidos. Cuando percibimos dos lugares a la vez se pierde la claridad total, pero se gana la percepción inmediata del allá”, explica Castaneda en la obra mencionada.         

Para el nahual, lo anterior no es una rareza, sino una fuente de asombro. Representa según el conocimiento del linaje de don Juan, alcanzar el tercer punto de referencia, pues se dice, el mundo de la vida diaria consiste en una serie basada en nuestros dos puntos de referencia, las dicotomías, de tal forma que nuestra percepción de la vida es bidimensional; y nada de lo que hacemos tiene profundidad. La profundidad, pues, es el tercer punto de referencia; y las acciones de los brujos, por lo tanto, son tridimensionales.            

Continuará…

Héctor Martínez Rojas
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