El director general del Cicese hablo con Campus sobre los logros del centro y los desafíos para la ciencia en México
Para hablar de la principal aportación que debe tener la ciencia en el desarrollo del país, se debe partir desde una visión en la que esta responda a las necesidades de la sociedad.
Ahí debe radicar la misión de las instituciones y centros dedicados a fomentar, impulsar y generar la investigación, apunta David Covarrubias Rosales, Director General del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese).
En entrevista con Campus, sostiene que así lo han entendido en ese centro donde se han enfocado en la generación de conocimiento y tecnología “que contribuya a la solución de problemas no sólo universales, sino en los ámbitos nacional y regional”.
Detalla que, desde el Cicese, como centro de investigación, se trabaja en dos direcciones. Por un lado, realizando buena investigación básica y aplicada en nuestras áreas de competencia, y por otra, formando capital humano en el nivel de posgrado.
“Al decir buena investigación, nos referimos a que sea pertinente, a que tenga un carácter multidisciplinario, multiinstitucional y de alto impacto social”, comenta.
La ruta científica
De acuerdo con David Covarrubias Rosales, quien es Ingeniero Mecánico Electricista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), otra de las principales aportaciones de la ciencia en México debe ser la formación de nuevos científicos.
“En el Cicese, a la fecha, tenemos más de 3 mil 600 egresados, de los cuales 2 mil 942 corresponden a programas de maestría y 701 de doctorado, siendo éstos los nuevos científicos con los que estamos contribuyendo”, explica.
El investigador sostiene que de acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cada año en México egresan 9 mil 500 doctores en todas las disciplinas, “siendo los campos más populares educación, y el de negocios, administración y derecho.
“Apenas 10 por ciento de los graduados de doctorado en nuestro país corresponde a ciencias naturales, matemáticas y estadística. Por eso son importantes los números que aporta el Cicese, pues el promedio por año entre 2015 y 2019 fue de casi 38 doctores en ciencia”, refiera.
Si bien, recuerda Covarrubias González, quien realizó su doctorado en Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Catalunya, en pandemia, durante 2020 y 2021, este promedio bajó a 23, “pero siguió siendo mayor al promedio histórico de nuestra institución, que es de 19.5 egresados de doctorado, desde 1987, en que egresó nuestro primer doctor en ciencias a la fecha”.
Asimismo, comenta el Director General del Cicese, “hemos impulsado la transferencia de tecnología y la innovación buscado con ello fortalecer la vinculación con empresas, con el sector público, con tomadores de decisiones, con el sector social.
“Realizamos, además, numerosas acciones y programas para promover la apropiación social de la ciencia, el acceso al conocimiento científico, porque para afrontar los desafíos de un desarrollo sostenible es necesario que no sólo el gobierno, sino la sociedad en general, adquieran una cultura científica”, subraya.
En busca del equilibrio
Al hablar de los alcances de la ciencia en la resolución de problemas sociales como la desigualdad, David Covarrubias Rosales, quien ha sido director de Estudios de Posgrado del Cicese, afirma que “un desarrollo más equitativo solo puede ser conducido por la ciencia, la tecnología y la innovación”.
Apunta que, de acuerdo con un estudio de Gustavo y Carlos Viniegra, publicado por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), “el desarrollo científico es una condición necesaria, pero no suficiente, para que un país prospere y alcance un alto nivel de desarrollo humano.
“Sólo cuando la ciencia se transforma en tecnología y ésta genera patentes y otras formas de conocimiento de uso restringido, se convierte en factor útil para el combate de la pobreza”, refiere.
El especialista coloca como un caso muy representativo a Corea del Sur, donde “en los años 70, ellos, como país, adoptaron un modelo de asimilación de tecnología activo, en el que el despegue de su economía y desarrollo humano se basó en una industrialización acelerada a partir de la utilización de tecnología occidental.
“México y Brasil optaron por un esquema pasivo en el que no hay aprendizaje tecnológico y en donde, en las ciudades que recibieron flujos migratorios desde las zonas rurales, terminaron creándose grandes grupos de personas subempleadas y sin oportunidades de desarrollo humano ni económico”, enfatiza.
“A tres décadas de implementar este tipo de políticas basadas en ciencia, Corea del Sur es un país desarrollado, con un alto nivel de vida y un ingreso medio per cápita de más de 20 mil dólares; México y Brasil, en cambio, aún tienen mucho que hacer en este tema”, considera el Director General del Cicese.
Realidad complicada
David Covarrubias Rosales, quien desde 1986 ha sido miembro ininterrumpido del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), considera que el Cicese es un centro de investigación cuya actividad docente se enfoca en el posgrado.
“En el sistema de centros de investigación del Conahcyt somos, con 19 programas de maestría y doctorado en ciencias, el que más posgrados oferta, y nuestra matrícula asciende, en promedio, a cerca de 650 alumnos cada año. Esto nos posiciona como el que más posgrados ofrece, con más alumnos matriculados, y lo mismo en cuanto a egresados, de los 26 centros que integran este sistema”, enfatiza.
Por ello, dice el especialista en redes de comunicaciones alámbricas e inalámbricas, protocolos, algoritmos de optimización, comunicaciones móviles celulares, antenas y modelos de propagación en el espacio, “estar en el escaño más alto dentro del sistema educativo en México nos hace mantener, por sí mismo, un nivel de ingreso discriminatorio que se viene arrastrando en todos los niveles previos, incluyendo desde luego a la educación superior”.
Explica, que, de acuerdo con datos de un estudio publicado en 2018 por la Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior, A.C. (COEPES) de Guanajuato, elaborado por Margarita Díaz y Edgar Sierra, en el que analizan la desigualdad en el ingreso y la educación superior en nuestro país, “nuestro país se sitúa como el que mayor nivel de desigualdad económica tiene entre los países de la OCDE: dos terceras partes de la riqueza total está en manos de 10 por ciento de las familias, y uno por ciento de las familias acapara más de un tercio.
“Esto se refleja, desde luego, en el acceso a la educación media y también en la superior, donde menos de 3 millones de personas mayores de 20 años se encuentran inscritos en alguna institución pública o privada cursando el nivel”, dice.
Esto significa, agrega el investigador, que únicamente “24 por ciento de los jóvenes mayores de edad en todo México, y es muy baja comparada con países como Australia, Islandia o Corea del Sur, donde este porcentaje alcanza 60 por ciento”.
Al mismo tiempo, plantea Covarrubias Rosales, “muy pocos estudiantes y trabajadores tienen las competencias necesarias para desenvolverse con éxito en la era digital y 83 por ciento de las personas de 25 a 64 años de edad con educación terciaria en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están empleadas; sin embargo, los estudiantes de TIC solo representan 5 por ciento de los nuevos ingresos en la educación terciaria”.
Abrir camino
En ese panorama, argumenta el Director General del Cicese, lo principal es “mejorar el acceso a la educación en los niveles básico y media, y esto implica aumentar el gasto promedio y el impacto del aprendizaje, de manera que mejore también el acceso al nivel superior.
“En el caso de los centros de investigación como el nuestro, debemos garantizar que la formación de nuevos maestros y doctores en ciencias se haga con la mayor calidad académica posible”, dice.
Esto implica, añade Covarrubias Rosales, quien hace unos días encabezó los festejos por el 50 aniversario del Cicese, “evaluar nuestros programas en función del Plan Nacional de Desarrollo, adaptando los planes de estudio para hacerlos más pertinentes y de mayor calidad, de manera que nuestros egresados puedan incorporarse, como ya lo están haciendo, a universidades y centros de investigación en México y el extranjero, en empresas, en el sector oficial y como tomadores de decisiones”.
Por ello, dice el investigador, el principal reto sigue siendo que la educación superior contribuya cabalmente en el desarrollo del país y al bienestar social.
“Se debe planear de manera integrada un plan que permita mejorar la cobertura de la educación superior considerando las disparidades por región y elevando la demanda hacia programas educativos innovadores y hacia carreras que resultan fundamentales para el desarrollo nacional, en ciencias exactas y naturales.
“A la par de que haya más ingresos, se debe garantizar que puedan terminar oportunamente sus estudios, brindando apoyo a los jóvenes a través de becas que les permitan paliar factores de tipo económico, laboral y familiar”, comenta.
Sin embargo, advierte Covarrubias Rosales, esto no será posible sin considerar un financiamiento adecuado por parte del Estado, así como la gestión y captación de recursos propios.
“Aunado a esto, se necesita el compromiso de hacer más eficaz el uso de estos recursos por parte de las instituciones, así como consolidar y optimizar el uso de infraestructura y equipo científico.
Adicionalmente, en centros de investigación como el Cicese, nos hemos planteado desarrollar proyectos de gran envergadura e impacto social, multidisciplinarios y multiinstitucionales, así como promover la interacción internacional de nuestros grupos de investigación”, finaliza.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres
- Carlos Reyes
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